Fue otro bochorno

Víctor Hugo Morales

A las siete y media de la tarde, al iniciarse este despacho , el campeonato tendía a "arreglarse" un poco. Las victorias de San Lorenzo, Independiente y River, sumadas a la derrota parcial de Boca, apretaban las filas y el pelotón, como en el ciclismo, se recomponía, pero el escándalo de La Plata sepultó al propio fútbol. Los rojos se alzaron con un triunfo muy valioso, merecido en el trámite, pero comprometido por la gran levantada de Lanús. Allí vino lo mejor de Independiente, basado en la personalidad del equipo de Burruchaga que salió de la incertidumbre en la que parecía hundirse el partido, con buen fútbol y una franca actitud ofensiva. Después salió River a un compromiso impresentable desde la estadística que condenaba a una goleada sobre Quilmes. Pero el fútbol es un igualador único de posibilidades entre los que todo lo tienen y los carecientes, como el cervecero. El cuadro de Gómez con una entrega que convocó el aplauso, concentrado como el ajedrecista que quiere salir de un jaque, cerrando los caminos, hizo que los papeles con los números previos se encaminaran a una fogata. En el vaivén emocionante de la tarde, un cabezazo de Ferrari dio los puntos a River, que se fue envuelto en las dudas. El cierre de la jornada, con la suspensión de Gimnasia-Boca por las amenazas del presidente de los triperos, dejó las especulaciones de lado. Independiente, River, el propio Gimnasia que estaba logrando un gran triunfo se quedaron sin los títulos del lunes. La palabra bochorno condicionó los comentarios de un periodismo que terminó el domingo asumiendo que en el fútbol argentino, aún no lo ha visto todo.

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