Tal como se anunció ayer en este mismo espacio, la publicitada decisión presidencial de ir tan lejos como sea posible en el entendimiento comercial con Estados Unidos representa un paso adelante. Es un claro pronunciamiento a favor del tan manido TLC. Ello, a pocas horas de que a la salida del Consejo de Ministros, la Sra. Arismendi anunciara que el tema "no estaba en la agenda presidencial" y minutos antes de que se concretara el desencadenamiento del desencuentro ferrocarrilero entre el Presidente y su Canciller, sobre la posibilidad de tomar el tren cuando pasa o de hacerle frente la gente. Esta definición está indicando muchas cosas. Por lo pronto, y afortunadamente, ratifica una vez más que el Presidente, que es quien manda, no tiene prejuicios ideológicos. Es más, no tiene ideología. Es un socialista de ropaje, pragmático. Cuando se producen las contradicciones connaturales en el seno de su partido de coalición, espera a que el enfrentamiento tome forma y trascienda a la prensa, para laudarlo en el momento que le parece oportuno. En este caso concreto es difícil entender por qué razón Vázquez mantiene a Gargano en su cargo. Se sabe que lo aceptó de mala gana, fue evidente que en varias ocasiones lo ignoró, pero ahora, la descortesía del Ministro al desautorizar con sus palabras al Presidente, no debería resultar fácil de digerir, y hablamos con tanta convicción pero en términos condicionales, porque en el marco de esas relaciones ya poco es lo que sorprende.
Pero dejando de lado estas rencillas palaciegas entre el monarca y sus cortesanos, lo que sería lamentable es que no haya tiempo material para que el país consiga ese acuerdo con Estados Unidos que tanta trascendencia tendría -ahora sí- para que se pueda hablar de un Uruguay productivo de verdad. Se confirmó que el 4 de mayo, cuando Bush lo propuso, Vázquez vaciló porque no tenía estudiado el tema. Estamos a mediados de agosto. Hay receso parlamentario en Estados Unidos y elecciones parlamentarias en octubre, que previsiblemente darán ventaja a los demócratas, tradicionalmente más proteccionistas.
Sería un desastre que por no haber impuesto el Presidente su autoridad antes, lleguemos tarde a lo que necesitamos tanto.