170 años de obra

SEBASTIAN DA SILVA

Si resulta complicado definir el sentimiento que nos identifica a los nacionalistas, mucho más difícil es sintetizar con una semblanza el significado de estos 170 años del Partido Nacional para aquellos que esta vibración tan especial les es ajena. Formamos parte de un partido paradójico, pasional, detallista, celoso, arrojado y arrebatado. Somos celosos de la tradición histórica; miles de politólogos insisten en querer borrar la imagen a veces antigua de los blancos cuando para nosotros no hay mayor responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias de los que nos precedieron. Familias enteras sufrieron y se alegraron con la entrega que generación tras generación ofrecieron a la consolidación del sentir nacional. Independencia hasta sucumbir, reacción indivisible ante la opresión extranjera en el transcurso de estos siglos de vida conjunta entre estos sinónimos que son la patria y el Partido Nacional. Por eso somos arrebatados, todo vale muy poco en comparación con las ideas que defendemos, un cargo, un posicionamiento político y hasta la vida del más ilustre de nuestros correligionarios. Leandro Gómez en el paredón, Chiquito en su carga suicida, Aparicio al frente de sus hombres o Lavandeira abrazado a la urna son ejemplos unidos a la acción y reacción que se pueda esperar de un blanco. Hemos confirmado en los hechos de ayer, hoy y seguramente mañana que llevamos en la sangre la paradoja de sentirnos portadores de las mejores soluciones para un país acostumbrado a estar en crisis y priorizar nuestros principios al paso corto de ganar una elección. No existe antecedente en el mundo de una colectividad política que estando tanto tiempo sin acceder al poder, desprecie un resultado electoral si el mismo lleva a una suerte de hipocresía interna. Arrojados por defender lo que pensamos, una mirada inclusiva del Uruguay y los uruguayos de todo el territorio nacional, de ver a este país lo suficientemente maduro como para no depender de ninguna tutela sino de la madurez de su gente, de hacer de la libertad el mayor privilegio, de respetar y defender a las leyes no como postura sino como sacramento de convivencia e igualdad. A lo largo de nuestra historia logramos que la pasión, la bohemia y el profesionalismo en el arte de gobernar transformen la frase de con los blancos se vive mejor en otra responsabilidad. Universidad, salario mínimo, voto secreto, respeto a las minorías, reducción de la pobreza, Herrera y su gesta por la autodeterminación, Mercosur, y la búsqueda de la justicia como factor de igualdad, son parte de nuestro legado. Castigamos a los que no suben y bajan pobres del poder, como nadie lo hizo en Latinoamérica y somos orgullosos incisivos de poner permanentemente los temas en la agenda del mañana y en la solución del día a día.

Por eso somos tan celosos; en este tiempo hemos construido el Uruguay; nuestra resistencia y nuestra labor son parte del material genético de nuestra sociedad. En momentos en donde algunos atrevidos osan desconocerse a sí mismos como uruguayos, pretendiendo borrar lo conseguido en estos ricos y sufridos 170 años, les recordamos que menuda tarea les espera. Estarán los hombres y mujeres del Partido Nacional prontos como ayer y como siempre dispuestos a dejar el alma en cada ocasión que esté en riesgo la identidad nacional en cualquiera que fuera la circunstancia. Que sea este nuestro mayor homenaje.

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