JOSE GALLO
Me peleo con los jugadores una semana por año (cuando se arreglaban los contratos), después tiramos todos para el mismo lado".
Las palabras son de Mateo Giri, presidente de Wanderers a principios de los `80, pero recordadas por Ariel Krasouski, futbolista de los bohemios en esos años y actual entrenador de Rampla Juniors.
El recuerdo vino en medio de una nota con Krasouski en la que el ex jugador recordaba, a pedido de El País, las diferencias en las relaciones de directivos, jugadores y empresarios entre la época en que vestía cortos y estos años en que ve el fútbol desde afuera de la raya.
El caso de Carlos Bueno, Cristian Rodríguez y Joe Bizera desató un tema que se conversaba en los pasillos del fútbol uruguayo pero que, por diversas razones, no veía la luz o al menos no lo hacía impulsado por los propios clubes: el poder de los empresarios y en especial de Francisco "Paco" Casal.
Tras la larga disputa con Peñarol (en realidad con el contador José Pedro Damiani), varios equipos temieron que las relaciones que tenían con el empresario podían llevarlos al mismo destino que los aurinegros.
Fue en ese momento que comenzaron a oírse voces que reclamaban un retorno a las épocas pre Casal, en las que los clubes eran una "familia" y se mantenían con recursos genuinos, sin depender de este "mecenas" y sus colegas (porque es claro que Casal no es el único, más allá de ser, con gran diferencia, el principal).
Sin embargo, muy pocos de los dirigentes más jóvenes, los periodistas más jóvenes y casi todos los futbolistas en actividad del medio local (que son cada vez más jóvenes) habían vivido sin los empresarios en el fútbol.
Los misterios de aquellos tiempos pretéritos (sólo veinte años atrás) no son tales. Si bien las diferencias son marcadas, estas apuntan a una generalidad que incluye la economía y, en especial, las reglas con las que el fútbol se desarrollaba.
No obstante, la unión de estos factores más la aparición de "nuevos" empresarios (con "Paco" como estandarte) dispuestos a imponer un sistema similar al que existía a nivel mundial, crearon un contexto adecuado para que se gestara la situación que hoy domina el deporte más popular de Uruguay.
PRE CASAL. Carlos Maresca, ex presidente de Wanderers, la AUF y la Mesa Ejecutiva de Primera División, explica que "intermediarios había mucho antes que Casal, pero trabajaban principalmente en las negociaciones con el exterior, cuando había relación con ambas partes. Acá las cosas se hacían de club a club, siempre, y estas personas se llevaban el 10 o 20% según lo arreglado".
Estos empresarios aparecían cuando el negocio (interés de un equipo por determinado jugador) aparecía. Así se dio el pase de Krasouski al famoso Boca de Maradona. Tras un interés de los "xeneizes", Norberto "Poroto" Salvo se acerca a Wanderers y se reúne con Giri y Altunian (dirigente de Boca) en Punta del Este, en un encuentro del que participó (gran diferencia con la actualidad) el propio Krasouski.
"Ellos negociaron, pero al menos yo estaba ahí. Nunca antes había visto al representante, pero luego Salvo me dio una mano cuando fui a Argentina y participó en mi pase a San Lorenzo y Río Cuarto", comentó el entrenador.
Esta relación de Krasouski con Salvo marca muchas diferencias en la relación entre jugadores y sus representantes en los años posteriores: Salvo aparece después del interés de Boca, cuando Krasouski ya tenía cinco años en primera y a partir de allí se entabla la relación. Sin embargo, lo más extraño para estas fechas es la participación del jugador en la negociación, algo que era común en esos años.
"Los jugadores arreglaban sus contratos con los directivos sin intermediarios", comenta Maresca, quien, aun así, no ve un problema en que sea de esa manera. Según él, estos surgen "cuando se crean arreglos raros y los clubes terminan debiéndole a una persona que no es el jugador".
Esa relación personal también es recordada por Héctor del Campo, actual dirigente de Danubio e hijo de uno de los más recordados presidentes franjeados: "papá tenía una relación muy correcta y directa con los jugadores. Cuando se hacía un pase se preocupaba hasta de las condiciones en las que iba el jugador al otro equipo".
PERSONALES. "Las negociaciones entre jugadores y dirigentes eran mano a mano", recuerda Juan Tejera, actual DT de Liverpool, quien jugó en varios equipos uruguayos durante esos años.
"Los dirigentes te veían y se acercaban a hablar. También se daba a través de amistades en común, pero después dependía exclusivamente del técnico y los jugadores a la hora de los entrenamientos el hecho de si quedabas o no", explica Tejera.
Fernando Barboza, actual secretario de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales, lo explica: "antes las contrataciones se hacían más a pulmón del jugador"; aunque el ex jugador de Nacional reconoce que "las relaciones entre dirigentes y jugadores era más personal. Los directivos eran más campechanos y, por ejemplo, iban una vez por semana a las prácticas".
No obstante, según Barboza, la aparición del representante fue un paso adelante para el jugador porque "evitó ciertos choques entre los futbolistas y los dirigentes, ya que tenías que tirarte flores vos mismo para defender tu posición a la hora de pelear un contrato y es mejor que otro lo haga por vos".
Eduardo De la Peña, figura de Nacional durante fines de los `70 y principio de los `80, concuerda con Barboza. "Esa negociación generaba desgastes porque cada uno defendía su parte. Ahí es importante esa persona".
Para De la Peña, como en el caso de Krasouski, la diferencia se daba en la relación entre jugador y empresario. Esto incluye al propio Casal, quien participó en el pase del volante a Huracán de Argentina. Según De la Peña, "trabajé muy bien con Paco, pero nunca quedé atado a él. Es más, no recuerdo si participó en mi vuelta a Nacional desde Huracán. Paco, en ese momento, fue bueno para los jugadores y los equipos".
PLATA. Este punto, tan problemático hoy, también lo era antes de los "superempresarios". Ahí podía terminar la buena relación entre jugadores y directivos.
Según Maresca "siempre hubo deudas con los jugadores, pero en ese momento estaban más arraigados con el club y terminaban cobrando, aunque a veces mucho tiempo después. Ahora no sabés ni qué jugador jugó en tal equipo el semestre pasado y así las deudas se hacen más complejas".
De la Peña detalla que le llegaron a deber "4 o 5 meses, pero esas deudas nunca pasaron de un año a otro y no existía la posibilidad de que un equipo no comenzara el campeonato por eso". A De la Peña siempre le pagaron, al igual que a Tejera (que no jugaba en un grande), aunque el técnico negriazul reconoce que "a veces tenías que estar atrás de los dirigentes para cobrar porque no existía reglamentación al respecto". Para Krasouski esas deudas eran saldadas porque "no se prometían cosas exageradas".
La medida que se tomaba cuando aparecían deudas importantes era suspender las prácticas hasta que se saldara, cosa que sucedía tras la venta de un jugador o una gran recaudación.
VIDA. Más allá de los cambios que sufrió la moneda uruguaya en los últimos veinte años, el jugador promedio vivía mejor en aquellos años. Así lo cree Barboza, quien, por su labor en el gremio, está en permanente contacto con los jugadores de estos días.
Aun así, todos reconocen que la diferencia no es tan grande y depende mucho del equipo y la forma en que se maneja el dinero.
De la Peña explica que "si jugabas ocho o diez años en Peñarol o Nacional te quedaba una plata. No eras rico, pero siendo ordenado podías vivir bien. En los demás equipos era menos y no daba para hacer una diferencia".
Para Maresca, "los sueldos tops de Uruguay hoy son superiores a los de aquellos años, pero el promedio es algo inferior, aunque este año eso puede cambiar".
Sin embargo, todos los entrevistados están de acuerdo en un punto que Maresca puso en estas palabras: "toda esa situación cambió a partir del `88 y `89". Ahí se empezó a gestar el tipo de relaciones que tenemos hoy".
En algunos casos era mejor hace veinte años. En otros lo es hoy. Seguro son diferentes.
"El camino de los jugadores de antes era del cuadro chico al grande y de ahí al exterior. Muy pocas veces iban directo" - Eduardo de la Peña
"Antes se conversaba mucho. Existían los intermediarios, pero iban directo a hablar a las directivas, no por teléfono" - Héctor del Campo (h)
"Acá se olvidaron de las giras, en las que se vendía un jugador directamente y así se solventaba gran parte del presupuesto" - Fernando Barboza
ASI LO VEO
Una venta casa por casa
JORGE SAVIA Los empresarios ganaron terreno porque la mayoría de las veces la realidad anterior relegaba los intereses del jugador, pero también porque los nuevos agentes crearon una figura que cambió totalmente las reglas que regían cuando los clubes negociaban entre ellos o apelaban a un intermediario para lograr el pase del futbolista que les interesaba.
Antes los clubes, y hoy tanto las entidades como algunos contratistas, manejaron y siguen manejando el retruécano de decirle al futbolista que renuncie a lo que le están adeudando y/o lo que debe percibir por su porcentaje en aras de lo que va a cobrar por primas y salarios en un medio más poderoso que aquel en el que está actuando. En eso el escenario no cambió demasiado, salvo un "pequeño" detalle: los montos hoy en día se dispararon a cifras tan siderales que esa "renuncia" es bien recompensada.
La variante fundamental radica en que hoy el contratista coloca jugadores "a troche y moche", desde los que interesan hasta los que el club adquirente no conoce, operando como los vendedores que antiguamente ofrecían sábanas y frazadas por las puertas de las casas.
O sea, la transacción se hace, más que por el valor futbolístico, por aquello de que "si es barato (o, en este caso, también "si ganamos todos", ya que en el destino final hay también gente "prendida" en el pase) dejálo". Y como igual va a cobrar mucha plata, al jugador no le interesa -lógico- si queda "guardado" en un armario.
El único que pierde, entonces, es el fútbol; pero en los negocios eso -también, lógico- no le importa a nadie.
¿Por qué cambió la posición del empresario?
Son hombres de negocios, inteligentes y atentos a la aparición de transacciones que les sean beneficiosas. A principios de los `90 Casal y otros empresarios comenzaron a utilizar la necesidad de dinero que dominaba a los clubes. Tras los préstamos, las deudas aumentaron casi sin control. El resto es historia conocida y la dependencia de la mayoría de los clubes es casi absoluta.
¿Por qué recibiendo un dinero fijo de la TV, que antes no existía, los clubes siguen debiendo a sus jugadores?
Según la Mutual los dirigentes se "descansaron" en ese dinero. Algo de razón tiene la gremial de jugadores. El mismo dinero que antes aparecía por buenas recaudaciones, mejor venta de jugadores, sponsors o giras, ahora viene casi en su totalidad de los ingresos por televisión. Esto, sumado al mal negocio que hicieron los clubes (dólar topeado a un precio de varios años atrás), lleva a que las deudas sigan apareciendo.
¿Se elevó la cotización de los jugadores?
Sí, pero el beneficio no es para los clubes. Estos siguen vendiendo mal debido a su necesidad de dinero. Los mayores provechos son para el empresario y los jugadores. El primero compra más barato y vende mejor debido a sus contactos. El segundo se vio revalorizado y, aunque renuncie a su porcentaje de la venta, recupera el dinero en sueldos de mejor nivel.