GUILLERMO ZAPIOLA
Su vida merecía ser el tema de una película, y finalmente se cumplió. Esta medianoche se emitirá por primera vez por el canal HBO el documental Edgar G. Ulmer: the Man Off-Screen, del austríaco Michael Palm. Como casi cualquier cosa que tenga que ver con Ulmer, el lanzamiento resulta casi secreto (¿quién se queda hasta las doce de la noche para ver un documental sobre un director de películas de clase B?), pero por suerte se lo repite en días próximos en horarios más civilizados. En todo caso, si únicamente se lo diera hoy habría que quedarse a verlo. Ulmer vale la pena.
EXTRAÑEZAS. Su trayectoria fue, realmente, una de las más extrañas de la historia del cine. Nacido en Olmütz, Moravia (hoy República Checa), el 17 de setiembre de 1904, Edgar George Ulmer comenzó muy joven en Europa como diseñador de decorados para teatro y cine. En el escenario habría trabajado bajo las órdenes del legendario Max Reinhardt, y en cine para varios de los cineastas mayores del movimiento expresionista, en particular Fritz Lang y Friedrich M. Murnau. En 1929 codirigió en Alemania junto a Fred Zinneman, Curt y Robert Siodmak Gente en domingo, un cuadro realista de la vida berlinesa en el que también intervino (como colibretista, junto a los dos Siodmak), Billy Wilder. Parte de esa información debe ser manejada con cuidado, empero: Ulmer era un fabulista y un mitómano, e "infló" a menudo en más de un reportaje la importancia de su aporte europeo.
A fines de los años veinte acompañó a Murnau a Hollywood y trabajó para él como decorador o asistente de producción en Amanecer (1927) y Tabú (1931), y para Cecil B. De Mille en El rey de reyes (1927). En 1933 dirigió en ocho días, y con un presupuesto muy bajo, su primer film norteamericano (en realidad, una coproducción con Canadá), Damaged Lives, que traficaba con un tema "arriesgado": un adulterio que desembocaba en enfermedad venérea, y sus efectos sobre un matrimonio. Casi enseguida hizo Mr. Broadway, un film sobre el show de Ed Sullivan.
Sin embargo, su primer film importante como director sería El gato negro (1934), una muy libre adaptación del cuento homónimo de Edgar A. Poe que reunió a dos de los (literalmente), "monstruos sagrados" de la empresa Universal, Boris Karloff y Bela Lugosi. El film permanece en el recuerdo, sobre todo (y más allá de los vaivenes de un libreto caprichoso), como un modelo de cine gótico, jugado a la sugestión del decorado y a los contrastes de una riquísima fotografía en blanco y negro.
TropiezoS. Pudo ser el comienzo de una gran carrera, pero fue realmente el principio de los problemas. Durante el rodaje de Damaged Lives Ulmer había conocido a Shirley Castle (nacida Kassler), quien fue la supervisora de guión pero era también la esposa del productor Max Alexander. Fue un flechazo instantáneo. Shirley se divorció de Alexander y se casó casi de inmediato con Ulmer, con quien siguió casada hasta la muerte de él en 1972 (ella murió en el 2000). Pero había un problema: el primer marido de Castle era sobrino de Carl Laemmle, el todopoderoso zar de la empresa Universal, quien no sólo despidió al cineasta considerándolo un destructor de matrimonios sino que logró que las demás grandes empresas de Hollywood lo pusieran en la lista negra. Nunca volvió a trabajar para ninguna de ellas.
En resto de su carrera consistió en film de clase B, C y Z para empresas de ínfima categoría, rodados en pocos días y con presupuestos bajísimos, desde producciones en "yiddish" para público judío (Praderas verdes, 1938) hasta historias policiales (El desvío, 1945), de aventuras (Los piratas de Capri, 1949), ciencia ficción (El hombre del planeta X, 1951) o de terror (La hija del médico y la bestia, 1957), rodadas entre los Estados Unidos y Europa. Su filmografía incluye hasta una incursión en el "cine nudista" (La venus desnuda, 1958, con el seudónimo de Ove H. Sehested).
Lo sorprendente es la cantidad de inteligencia, talento e imaginación cinematográfica, que hay constancia en varios de esos films. El desvío es, con Asesinos de Siodmak, Pacto de sangre de Wilder y Traidora y mortal de Tourneur, uno de los mejores "films noirs" de la historia, ciertamente superior a El halcón maltés u otros títulos más famosos. Y si Ulmer murió creyéndose un fracaso, el tiempo y algunos cinéfilos lo han reivindicado. Toda una franja de cineastas norteamericanos, desde Roger Corman a Peter Bogdanovich, Joe Dante y John Landis lo consideran su maestro.
Esos nombres y otros asoman en el documental que se emite esta noche, que se vio en festivales como Rotterdam, Toronto y Tribeca, y que incluye también testimonios de Ann Savage (la actriz de El desvío), John Saxon, Wim Wenders y otra gente, filmada a veces en convertibles sobre un fondo proyectado que recuerda algunas de las películas del propio Ulmer. Hay unos pocos registros del cineasta (fotos fijas y entrevistas grabadas, pero no imagen fílmica), y mucho material de archivo con otra gente que lo conoció, desde George Sanders a Hedy Lamarr (que fue Helena de Troya en La amante de Paris de Ulmer y Marc Allegret) y desde Boris Karloff a John Carradine.
El estreno y las repeticiones
Hay gente que no se va a quedar a ver en función trasnoche el documental de Michael Palm sobre Edgar G. Ulmer, aunque el fallecido director, que hizo mucho cine bizarro, debería estar ya acostumbrado a los horarios y los estrenos extraños (algunos de sus films en yiddish se estrenaron en Montevideo en el cine Victoria, que no era sala de estreno, veinte años después de hechos). La de hoy no es empero la única oportunidad de verlo. El film se repite el lunes 17 a las 12 horas, el jueves 20 a las 13 y el sábado 29 también a las 13.