Miércoles | 21.06.2006
Montevideo, Uruguay | 03:15
  - Ciudades
[ Pasacalles ]
Rezando para volver al hogar

ALEJANDRO MENDIETA

María Inés Duran, de 61 años, vive en la calle desde hace 27 días. No buscó un zaguán cualquiera. Se instaló nada menos que en la Plaza Independencia, al lado del Prócer, de su heroico mausoleo y a la vista de miles de ojos inevitables que entran y salen de la Ciudad Vieja.

Durante días se acostó en uno de los bancos y simplemente se llamó a silencio, sumida en el letargo, en el hambre y en sus propios pensamientos.

Fue un enigma para transeúntes y turistas, para noticieros de tevé. Desde que llegó a la plaza hace exactamente una semana no ha parado de recibir adhesiones, preguntas.

Ella dice, sin dar demasiadas explicaciones, que tenía un hogar hasta hace muy poco. "Me tuve que ir porque mi pareja me levantó la mano", explica y extiende sus temblorosas manos para aceptar un cigarrillo.

María Inés no quiere ser una víctima. Dice que no quiso hacer la denuncia policial. "Nada bueno iba a salir de involucrar a la Policía", señala.

Mientras el humo le acaricia suavemente el rostro, hundido en su capucha, ella continúa su relato. Le encomienda su suerte a la religión umbanda: "yo estoy haciendo un trabajo religioso, rezando todos los días por salud, comida, pero más que nada por volver a mi casa".

Sus palabras apenas se escuchan; tampoco hacía mucha fuerza por hablar más alto. Tal vez cansada de que nadie escuche lo que tiene para decir.

María Inés sobrevive gracias a la buena voluntad de los vecinos de la plaza, que cada tanto le acercan algo de comer o de beber al igual que algunas instituciones. "Y también la Policía me deja alguna fruta o comestible", agradece.

Estas personas dicen que ayudan como pueden; otros se enojan por el manejo informático que se le está dando al tema y la falta de solución de las autoridades; y quienes ven por primera vez a la mujer se acercan a ofrecer su buena voluntad.

Dentro de su nueva marginalidad, María Inés estableció sus reglas. "Yo no pido nada. Solo quiero volver a mi casa", dice.

Su pareja la fue a buscar una vez, pero no pudieron solucionar sus diferencias. Ahora espera que la próxima vez que lo vea, las cosas sean distintas.

Quienes pasan por el lugar se detienen a leer un cartel. Lo escribió alguien que firma Quico de Ciudad Vieja, alguien que María Inés no tuvo el gusto de conocer. Alguien que se indignó con su situación. Esas palabras -las mismas que leen los montevideanos que pasan por allí- fueron su ofrenda.

"Insensibles. Esta señora hace mucho que está en esta plaza. Qué esperan las autoridades para hacer algo por este ser humano. No retiren el cartel, no siente frío, hambre ni se muere. La señora sí.".

"Un día me desperté y estaba pegado a la palmera", asegura la mujer.

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