MIAMI | HORACIO MAYER
En la primera comparecencia ante la Justicia estadounidense luego de su detención, un muy entrado en canas Juan Peirano Basso escuchó ayer, esposado y con el uniforme de la cárcel, la decisión del juez de mantenerlo en prisión sin derecho a fianza y continuar el próximo viernes con el procedimiento que puede derivar en su extradición a Uruguay o en su liberación en poco más de un mes.
Esta última posibilidad fue adelantada a El País por su abogado defensor provisorio Joseph De María, poco después de que finalizara la fugaz instancia judicial. Duró exactamente dos minutos. Y marcó el inicio de un intrincado proceso que se dilucidará en la Corte Federal del sur de la Florida, ubicada en el centro de la ciudad de Miami.
Para el profesional, el caso se basa en una detención hecha a solicitud de las autoridades uruguayas que en su opinión sólo han presentado sospechas y no cargos formales. "Ahora Uruguay tiene 45 días para poner a disposición de la justicia norteamericana todos los antecedentes y pruebas con que cuente", precisó.
Para De María es posible en ese lapso lograr la liberación de Peirano, basándose en la ley estadounidense que no permite la continuación de la privación de libertad sólo por sospechas. Opinó que en este caso pueden existir presiones políticas e internacionales, pero subrayó que "aquí rigen las leyes norteamericanas".
Destacó que su defendido no tiene cargos locales pues no cuenta con ningún antecedente y tiene todos los documentos inmigratorios en regla, incluyendo la conocida "green card" o certificado de residencia, elementos que influyen a su favor.
En la petición de extradición, Uruguay sostiene que Peirano Basso era el responsable de un grupo que dirigió entre 1993 y 2002 diversas instituciones financieras en Uruguay, Argentina y Paraguay, y que presuntamente fue responsable de un gran número de operaciones y transacciones financieras que violaban las leyes de la política bancaria del Banco Central.
EN BUSCA DE RECURSOS. El abogado precisó a El País que lo que se realizó ayer fue una audiencia preliminar, que se concreta habitualmente para conocer si el acusado puede disponer de un abogado o en caso contrario designarle uno a cargo de la Corte. "Contrariamente a lo que se cree, mi cliente no cuenta con grandes recursos, por lo que dijo al juez Joe Brown que necesitaba tiempo para hacer contactos con conocidos y disponer probablemente del dinero".
"Por esa razón -agregó- la instancia duró pocos minutos y se le citó para el viernes 26 a lo que se llama una audiencia suplementaria donde se resolverá si tomo definitivamente el caso y comenzamos a implementar la defensa formalmente", añadió el profesional, que está al frente de una importante firma de abogados de Miami.
También El País pudo saber que recién ayer por la tarde el consulado uruguayo recibió la primera comunicación oficial del procedimiento por parte de las autoridades norteamericanas. En la sede diplomática se recibió una comunicación verbal por parte de la Fiscalía Federal en la que se comunicaba la comparecencia de Peirano Basso ante la Justicia y los alcances de la audiencia. Trascendió que para esta semana, quizás el miércoles, lleguen a Miami representantes de la parte acusadora para tomar parte del procedimiento y aportar elementos.
ESPOSAS Y UNIFORME. "¿Qué pasa que hoy esto está lleno de uruguayos?", dijo a este cronista el curioso funcionario que custodia la entrada al gigantesco edificio de la Corte Federal ubicado en el centro de la ciudad, enclave donde tienen su sedes las oficinas federales de todas las áreas comandadas desde Washington.
Luego de satisfecha su curiosidad y de realizar una minuciosa investigación sobre la identidad del visitante franqueó la entrada a un ámbito judicial que para la gran mayoría de los norteamericanos representa la esencia del modo de vivir de este país. La antesala de la Corte VIII -escrita así en números romanos- se encontraba con más movimiento que el habitual, al estar presentes periodistas de varias agencias, munidos sólo de bloks de apuntes y lapiceras, únicos elementos permitidos para realizar el trabajo dentro de una Corte. Poco después de las 13.30, hora fijada para el juicio, se abrieron las puertas de la sala y se permitió la entrada silenciosa del público. Allí podía verse a Peirano Basso, sentado y esposado junto a otros dos detenidos que también tenían audiencia con el juez Brown. Muy entrado en canas, en comparación con las últimas fotos suyas publicadas en estos días y vistiendo el uniforme naranja de la cárcel federal, esperaba en silencio y alejado de todo contacto con quienes estábamos allí, el inicio de la instancia.
Uno de sus abogados se acercó a él y lo saludó con un apretón de manos. El juez entró, tomó su caso en primer lugar y le hizo dos preguntas breves con respuestas igualmente concisas. Dictaminó su permanencia en la cárcel hasta la instancia del viernes y Peirano fue nuevamente esposado a la espera de ser conducido al establecimiento de detención.
Recibía dinero en efectivo de amigos
En una reunión que Juan Peirano mantuvo el 8 de abril de 2003 con liquidadores del Trade and Commerce Bank (TCB) en las oficinas de Ernst & Young de Nueva York, les dijo que había llegado a Estados Unidos el 26 de junio de 2002, que no tenía un domicilio permanente y que rotaba permanentemente hospedándose en casa de amigos o en hoteles.
Según informa el periodista Claudio Paolillo en su libro "La Cacería del Caballero", realizado en base a la tarea de unos investigadores privados, Peirano confesó que estaba buscando algún tipo de actividad en el mundo de los negocios, que a esa altura sus posesiones se limitaban a una casa y un campo por valor de medio millón de dólares en un country club de Buenos Aires y un Subaru Impreza de 1998. También relató que en esa época estaba en tratativas para vender una propiedad cuyo valor oscilaba entre U$S 350.000 y 375.000.
Además relató que para vivir recibía dinero de amigos, que depositaban dinero en cuentas bancarias de otros amigos. Peirano dijo que todo lo pagaba en efectivo y que tenía gastos mensuales de unos U$S 12.000. Afirmó que hacía retiros de U$S 7.000 cada vez.
Paolillo informa en su libro que cuando en el comienzo de setiembre del 2004 viajaron al Río de la Plata para poner al tanto de lo que estaban realizando a acreedores argentinos y uruguayos, informaron que los depósitos de clientes del TCB fueron utilizados sin que se haya otorgado a TCB garantía alguna como contrapartida, lo que constituyó un fraude contra TCB y sus clientes, afirmaron los liquidadores.
Los liquidadores informaron también que el banquero reconoció que la familia Peirano había retirado entre U$S 500 millones y U$S 700 millones de TCB para invertir en las restantes sociedades del "Grupo Velox" y que la institución no recibió garantía alguna de parte de los titulares del grupo por estos retiros de fondos.
Abogado
"Mi cliente no cuenta con grandes recursos (...) necesita tiempo para hacer contactos"
Hay más pruebas
La jueza penal Graciela Gatti dijo a El País que si la justicia estadounidense le solicita más pruebas porque considera que lo que envió no es suficiente para considerar el pedido de extradición de Juan Peirano, cuenta con nueva documentación para remitir.
La magistrada informó que tiene más de 300 fojas del expediente penal, traducidas al inglés y prontas para ser enviadas. Entre esa documentación hay actas e informes del Banco Central, declaraciones de testigos e informes contables, entre otros elementos. Al enviar el pedido de extradición, Gatti aportó pruebas del expediente, entre ellas un informe del BCU que a su entender demuestra que hay elementos para que la Corte entregue a Peirano a Uruguay y aquí sea juzgado.