La metrópolis que nunca duerme ahora se quedó sin vida nocturna

San Pablo. Orgullosa de su vida nocturna, donde hay lugar para todas las tribus urbanas, conciertos variados y teatros y para una cerveza en la vereda, desde hace seis días, cuando cae el sol, las luces de San Pablo ya no tienen a quién iluminar.

La ola de violencia lanzada el viernes pasado por el grupo criminal Primer Comando de la Capital (PCC), seguida por una brutal represión por parte de la policía ha causado un pánico silencioso entre los paulistas.

Con 20 millones de habitantes, San Pablo es la meca de los inmigrantes de Brasil, ya que se la considera la ciudad del trabajo. No es poco lo que aporta al PBI de Brasil, un 37%.

Pero lo que la diferenciaba del resto era su movida nocturna, sin importar si era día laboral.

En la zona céntrica, cerca de la medianoche, los automóviles eran escasos. Los ómnibus también. Sólo se veían los televisores encendidos por las ventanas de los edificios.

Apenas luces decadentes de un bingo en la esquina de Ipiranga y Sao Joao, la esquina de la que habla Caetano Veloso en su pintura de la ciudad, la canción "Sampa".

Paralelamente, autobuses eran incendiados en los extremos de la ciudad, cerca de la zonas más pobres, de las favelas, donde la policía considera están los responsables de los ataques contra los agentes.

El centro semivacío mantiene a sus personajes de siempre. Una suerte de leprosario que alberga a los más excluidos -sobre todo niños sin hogar- que duermen en la calle, o debajo de los viaductos por donde pasa la Avenida Paulista, también con fuerte presencia policial.

En la Rua Augusta, donde está la mayoría de los cabarets y casas de sexo fugaz, falta desde hace varios días el clásico congestionamiento de tránsito generado por la negociación de oferta y demanda con las prostitutas.

En el barrio de Bixiga, donde brillan las cantinas italianas y una seguidilla de bares que nunca descansan, sólo había jóvenes tomando cerveza en la vereda, escuchando samba y forró desde una fonola.

En Vila Madalena, un barrio bohemio con bares de moda y cierto estilo vanguardista, la noche se había acabado antes de las 23.30.

Pese a ser un barrio de los llamados "seguros", era difícil hallar a personas que respetaran los semáforos en rojo.

Los restaurantes han informado mediante la asociación que los agrupa que la actividad, una de las principales de la ciudad, ha caído bruscamente. Por ejemplo, existen 600 restaurantes de comida japonesa. La oferta gastronómica es uno de los orgullos del paulista.

En la zona sur de San Pablo, los barrios de Vila Olimpia y de Moema están de moda desde hace un par de años. Los bares tenían a parroquianos compartiendo una cerveza, pero nada de música, nada de baile, conversaciones silenciosas.

Desde el aire, los helicópteros de la televisión muestran algo inédito en la ciudad: no hay tránsito. Y el locutor dice que es a causa del miedo. La noche tiene nuevos inquilinos.

Opinión

"No soy favorable a negociaciones. A largo plazo, eso les da más fuerza a los delincuentes", dijo el ex presidente F.H. Cardoso

ANSA

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