Berlin - A medida que se acerca el comienzo del Mundial de Alemania 2006, las personas a las que no les gusta el fútbol se enfrentan día a día a un mundo que por momentos resulta monotemático y que promete serlo todavía más.
Hasta aquellos que nada entienden del tema parecen estar casi obligados a hablar de fútbol. Y la pregunta es: qué van a hacer a partir del 9 de junio, cuando se dé el puntapié inicial entre Alemania y Costa Rica y la fiebre futbolera llegue a su punto máximo.
De momento, pueden tomar una curiosa publicación, escrita por dos mujeres y titulada "A cerrar los ojos y pasar". Silvia Meixner y Gisela Schuette hablan de varios aspectos del juego y llevan al lector por capítulos como "la forma correcta de rechazar mirar fútbol" o "filosofía sobre la motricidad torpe".
RECOMENDACIONES. Ambas mujeres parecen tener buenos consejos disponibles para quienes quieran escucharlos. Por ejemplo, recomiendan que aquellos que aborrecen el fútbol deberían recordar que todo a lo que se le tiene terror se vuelve mucho más llevadero cuando se lo enfrenta con una actitud amistosa.
"El Mundial de fútbol te deja dos opciones: esconderse o adaptarse", dicen las autoras, que sugieren aplicar la diplomacia y aparentar cierto conocimiento del tema si no se quiere perder las amistades durante el torneo, y tal vez para siempre.
Según las autoras del libro de 158 páginas, es suficiente con saber once conceptos básicos para sobrevivir una velada de conversaciones con expertos, aplicando frases como "el partido dura noventa minutos" o "cuanto más avanza el partido, menos falta para el final", famoso dicho del comentarista televisivo alemán Marcel Reif.
La periodista Meixner y la historiadora del arte Schuette no se sorprenden de que sean precisamente mujeres las que rechazan el fútbol. Y muchas de ellas no entienden cómo los hombres pasan horas frente al televisor con una mirada de felicidad absoluta.
Según las autoras, toda la culpa de que eso suceda es de los hombres. En 1955 la Federación Alemana de Fútbol (DFB) prohibió a las mujeres practicar el deporte, sosteniendo que la presencia del cuerpo femenino en la cancha era inapropiada e indecorosa. Y para las autoras, eso representa un auténtico gol en contra.
La prohibición no se levantó hasta 1970. "¿Y Ahora quiénes son los campeones del mundo? ¡Las mujeres alemanas!", se burlan Meixner y Schuette.
Durante una breve reseña de la historia del fútbol, el lector aprende que el deporte no fue inventado por los ingleses, sino por los chinos. Según un manual militar de la era de la dinastía Huang, los soldados jugaban "Ts´uh kueh" en el año 2.697 antes de Cristo, un juego que se trataba de patear un balón sin tocarlo con las manos.
Las autoras concluyen también en su obra que un Mundial puede tener grandes ventajas para los que pasan buen parte de su tiempo en la cocina. Por ejemplo, nadie esperará ninguna cena elaborada y con velas mientras se esté jugando un partido de fútbol, sino que estará conforme con un emparedado que poder meterse en la boca sin perderse ni una patada al balón.
Tal vez incluso puedan ser presentados como "emparedados de delanteros", que consten de un trozo de carne a la plancha, con manteca, salsa de tomate y mostaza, acompañados por rodajas de tomate y pepino. De todas formas, en las veladas futbolísticas difícilmente falta una buena bebida fría, escriben con ironía las mujeres, y entonces es inevitable escuchar los gritos desde el salón: ¡¿Dónde está la cerveza, dónde está la cerveza?!
La Nación