VUELVE a debatirse el tema del estacionamiento tarifado que abarca las zonas Centro y Ciudad Vieja. Esto es bueno, particularmente en momentos que la gestión municipal, si bien no ha salido de la órbita del frenteamplismo, se encuentra en manos del Intendente Ricardo Ehrlich, aparentemente más abierto que sus predecesores, Vázquez y Arana. Ellos dos fueron quienes impusieron a rajatabla el sistema concebido e instrumentado durante sus mandatos. Un sistema autoritario, resistido y que llevó al descaecimiento de una importante zona de la capital.
Cómo será la cosa que hasta hay pedidos de cambios que salen de la propia izquierda: la bancada de ediles del MPP propone reducir la zona tarifada y uno de esos ediles dijo: "entendemos que el actual estacionamiento es demasiado amplio y que con esto y otras medidas se ha vaciado el Centro de Montevideo".
Por su parte, los comerciantes solicitan que sólo rija en la Avenida 18 de Julio.
Todo esto se plantea ahora que la actual administración municipal evalúa ofertas para decidir si continúa con el sistema tarifado durante ocho años más. La ocasión es pues oportuna para hacer un repaso de cómo se gestó esta cuestión.
eN 1995 fue licitada el área de estacionamiento tarifado para el Centro y Ciudad Vieja y finalmente la misma se adjudicó a la empresa Autoparque. El sistema empezó a implementarse el 3 de abril de 1996. La severidad desplegada desde los inicios fue sin precedentes y descolocó a los montevideanos.
Numerosos incidentes se suscitaron, debido a la falta de tolerancia de los inspectores municipales que acompañaban el accionar de la empresa Autoparque. No se admitía la más mínima dilación en la colocación del tique correspondiente ni en el tiempo de renovación del mismo. Tampoco se prestaba atención a ninguna excusa por valedera que fuera. Se llegaron a realizar 150 encepamientos por día y al finalizar aquel año iniciático, se informó que había sido aplicada la friolera de 24.726 cepos.
La falta de tique implicaba una multa, el cepo agrandaba la multa y el guinchado sumaba un costo adicional, sin olvidar que una vez llevado el auto a una playa "de custodia", seguía generando una deuda para su propietario, por concepto de estacionamiento. Una deuda tan grande, que hubo quienes abandonaron allí sus autos.
NADA era respetado. Ni siquiera el caso del médico que debió dejar su auto unos instantes en un lugar de estacionamiento prohibido, para asistir de urgencia a una paciente que era, además, su madre. Hubo quien se encerró en su coche durante largas horas, para evitar que el mismo fuera levantado por la grúa, dado que estaba siendo mal guinchado y no se escuchaban sus razones. Las anécdotas relativas a vicisitudes similares, sumaron cientos, con relatos de autos que fueron encerrados por camionetas municipales para forzar la adquisición de un tique, con recuerdos de usuarios destratados verbalmente por el mero hecho de haber demorado la colocación del tique, aunque ello se debiera al mal funcionamiento de las máquinas que los expedían. Y por último, está el episodio tan triste como injustificable pero ilustrativo de la situación vivida, donde una discusión derivó en el homicidio de un inspector municipal.
La población pronto advirtió que todo esto tenía un trasfondo: la avidez recaudadora. No era la seguridad en el tránsito, no era el afán por darle mayor fluidez al mismo, lo que movía a los inspectores. En su papel de celosos custodios de aquellas áreas de estacionamiento, aumentaban los ingresos de la empresa concesionaria y de la Intendencia Municipal de Montevideo. En el año 2000, el 50% de las multas emitidas por inspectores de tránsito capitalinos fueron por estacionamiento incorrecto y el 42% de ellas se aplicó en las zonas tarifadas.
LA avidez por recaudar llegó al extremo de que los camiones de la empresa Autoparque fueron lanzados a otros barrios de Montevideo en procura de multar y guinchar autos mal estacionados aunque se detuvieran instantes, como ser los que llevaban niños a colegios.
Después, al acercarse nuevas elecciones municipales, vino una morigeración en el accionar de la Comuna, una reducción de los horarios y de las zonas tarifadas y hasta mayor amabilidad de parte de los inspectores. Y así llegamos a la situación actual. Confiemos en que el buen sentido acompañe la decisión del intendente Ehrlich.
Nada de ideologías
Cuando se llega al gobierno de una nación hay que dejar de lado el tema de las ideologías. Otros gobernantes podrán tener las mismas ideas, pero llegado el momento, prevalecerá el interés económico y social de su respectivo país. Es lo que le está pasando al actual gobierno uruguayo, que una vez logrado el éxito electoral se dedicó a mantener cálidas relaciones con otros gobiernos de su misma orientación ideológica. Hubo visitas, abrazos, risas y discursos amables. ¿O es que ya no se recuerda cómo el presidente Kirchner abrazó al presidente Vázquez? ¿O acaso se ha olvidado la presencia del gobernador Ibarra festejando con Arana el triunfo de éste y recíprocamente? Pero tantas almibaradas relaciones, cuando realmente debieron servir para algo, desaparecieron como por encanto. Y hoy, Uruguay soporta una actitud argentina perjudicial a sus intereses comerciales y turísticos, mientras otros gobiernos del mismo signo guardan cuidadoso silencio, mientras el presidente Kirchner ni siquiera le contesta la carta al presidente Vázquez.