NO ha sido un hecho menor, que veinte Cámaras Empresariales presentaran un documento con duras observaciones a la ley sindical aprobada esta semana. En un país bastante individualista como el nuestro, no es cosa de todos los días ver posturas tan consolidadas detrás de un punto de vista común. Pero la gravedad implícita en esta nueva legislación, fue suficiente como elemento catalizador.
La denuncia respecto de que la flamante ley de fueros sindicales avanza en la dirección de un "nuevo orden", podría sonar como algo exagerado y sin embargo, es evidente que ese es el norte del sindicalismo local, apoyado en el poder que el gobierno de izquierda le permite. A su vez, se asocia con el contenido del vehemente discurso que la presidenta de la Cámara de Representantes, Nora Castro, hiciera en Estados Unidos unos cuantos meses atrás, cuando anunció que había llegado la hora "del hombre nuevo", entre otras declaraciones del mismo tinte ideológico marxista- leninista, reveladoras del pensamiento no renovado de buena parte de la izquierda vernácula.
La alegría exultante del Secretario General del Pit-Cnt y sus compañeros, al momento de festejar la aprobación del proyecto por medio de su mayoría automática, condice con la indisimulada apetencia de poder del grupo que dirige a la central obrera.
ESTA sabe muy bien cómo aumenta su potencial, a partir de una ley que busca desplazar al empresario de la gestión de su empresa, a la vez de promover un perentorio flujo de afiliaciones, (se habla de 70.000 nuevas), que les significarán una mucho mayor cantidad de dinero para manejar y por lo tanto, un evidente aumento de poderío.
Porque a no engañarnos, detrás de las lindas palabras y la manida preocupación por el bien de los trabajadores, se esconde también la fuerte ambición de los dirigentes y su afán de dominio. La disponibilidad de dinero está en directa relación con la supremacía que se puede lograr. Si debido a esta ley, cualquier trabajador en dependencia, —hay que aclarar este concepto ya que pareciera que los empresarios no trabajaran—, por el hecho de sindicalizarse adquiere un status de cuasi inamovilidad, semejante al del sector público, no es de extrañar que el número de afiliados aumente.
Pero así como crecerá el número de afiliados, no lo hará el de empleos. Una ley con regulaciones y exigencias tan extremas dará mayor protección al que ya está ocupado, pero no contribuirá a disminuir el desempleo. Por el contrario, es un pernicioso desincentivo. No invita a aumentar la plantilla de empleados, ni a abrir un nuevo negocio, un escenario laboral que asfixia como un corset. Además, este país ya vivió estas experiencias que desembocaron en el cierre de muchas fuentes de trabajo.
SIN embargo, no hay más sordo que el que no quiere oír y desde el Ministerio de Trabajo y el Pit-Cnt, se insiste en que esta ley no afectará al mercado laboral, ni a las inversiones. Curiosamente, en los países donde el trabajo está menos regulado, como Estados Unidos, es donde hay un menor desempleo, mientras en las naciones europeas, que son el faro del movimiento sindical autóctono, la desocupación es sustancialmente mayor. A pesar de esta realidad, los dirigentes se vanaglorian de contar ahora con la mayor protección del mundo, superior aun a la europea. Efectivamente, en ningún lado existe la universalización de los amparos que introduce esta nueva legislación. Cuando se trata de un país rico hay más herramientas para apuntalar sistemas de esta índole, con un elevado costo para la sociedad, pero si el país es pobre, el peso que significan para la actividad laboral, es contraproducente y se vuelve insostenible.
La competencia global es cada vez más aguda y está suficientemente demostrado que las naciones crecen si tienen la capacidad y la inteligencia de abrirse al mundo. Para poner un ejemplo basta mencionar a la China, entonces qué futuro puede avizorarse para un Uruguay enfrascado en mirarse el ombligo. Un Uruguay donde los dirigentes gremiales y el partido gobernante hacen gala de actitudes insulares y anticuadas, tendientes a trabar más que a facilitar, el desarrollo económico que posibilite la multiplicación de las oportunidades de trabajo, que es la única y auténtica receta para obtener un mayor bienestar general.
DISTINTOS episodios derivados de acciones del actual gobierno, en estos primeros diez meses, han alcanzado para crear la inquietud expresada por los empresarios y ello se refleja en el actual estancamiento de la inversión en los diversos sectores, desde el agro en adelante, por más que las autoridades insistan en que hay un ritmo sostenido de ellas. Lo cierto es que los grandes motores provienen de los importantes emprendimientos originados antes, los que una vez puestos en marcha continúan con el soporte que les permite su propia envergadura.
Pero no es lo mismo para los pequeños empresarios que son la mayoría del país, ya que aquí las únicas empresas de importancia son las multinacionales y las del Estado. Tampoco se han concretado los millonarios anuncios del Presidente a su regreso de Europa y de los inflados ofrecimientos de Hugo Chávez, poco se ha visto, a excepción de algunos cheques repartidos con mediática generosidad, en un pequeño poblado del interior.
De no establecerse mecanismos de conciliación que permitan un equilibrio entre las partes, y no como ha sucedido hasta ahora, en que la cancha está claramente flechada desde el propio Ministerio de Trabajo en contra del empleador, y si para el sindicalismo sólo hay derechos crecientes, el panorama a primera vista luminoso para los asalariados y sus dirigentes, no será más que un espejismo tan engañoso como dañino, para el futuro del país.