Enrique Beltrán
En el correr de pocos días, figuras representativas del partido de gobierno han vuelto a emprenderla contra algunos periodistas y contra los medios de comunicación. En definitiva, contra la libertad de prensa. Les suele provocar un irreprimible escozor no bien llegan sus críticas. No les deja medir, para tales prevenciones y enojos, ni siquiera, la dimensión de sus desaciertos. Es que, como bien se sabe, la mayor parte de los sectores de izquierda siempre tienen en todos los acontecimientos que provocan, una suerte de inocencia bautismal: ellos son siempre generosos, desinteresados, inteligentes, solidarios, acertados y muy progresistas. Cuando en su gestión aparecen graves incorrecciones, favoritismos indebidos, codicia de poder, contradicciones, groseras agresiones al Estado de Derecho, desbarros como el reciente de la OSE, arbitrariedades tales, como la piedra libre para la ocupación de locales, la culpa es siempre de los otros. Los otros son generalmente dos: la herencia "maldita", y los medios de comunicación que los ponen de manifiesto. En el caso de la ocupación de locales de las empresas, encontraron que la culpa es de los empresarios. Es un buen récord en materia de inocencia. En el transcurso de unos pocos días, cuatro ministros: Muñoz en Salud Pública, Mujica en Ganadería, Gargano en Relaciones Exteriores, Díaz en el Interior han evidenciado su molestia por las críticas de los medios de comunicación. Le primera habló, con la retórica de Bush a cuestas, denunciando un "eje del mal". En este "eje" ministerial no está Corea del Norte. La emparda un grupo de periodistas misteriosos e innominados que se reúnen semanalmente para diseñar prédicas contrarias al gobierno. El dislate es grande pero la finalidad que asoma es una amenaza de que miren que "sabemos lo que hacen" cargado de advertencia, más próxima a un estado policial que de nuestras instituciones democráticas. Por su parte el Ministro del Interior, refiriéndose a las críticas de la prensa y de los periodistas, dijo con contenido furor: "quién lo eligió?, ¿qué pueblo está detrás de ese medio? En cambio nosotros somos gobernantes elegidos, nuestros parlamentarios tienen un respaldo. Es un poder democrático que sale de las urnas, porque este otro poder ¿qué carácter democrático tiene?"
Los diversos medios, Sr. Ministro, se someten día a día a ese plebiscito callado que le dan sus lectores, sus oyentes, sus televidentes. Aunque así no fuese, bueno sería que tuviera que someterse a votación antes de hacerlo, quien quisiera opinar, informar o criticar. Que la libertad de prensa en todas sus manifestaciones fuera sólo el trofeo que se recibe junto al poder y a la victoria. Es ese un tufillo de aires caribeños.
Curiosamente quienes se muestran tan prontos a la indignación y en algunos casos, a la amenaza, cuando reciben las críticas a su gestión, fueron implacables censores de todos nuestros gobiernos democráticos Además de las críticas, apostaron entonces a la parálisis, y a veces a la violencia. Ahora, en cambio, no es espejismo el progresivo avance que va cercando y asediando el estado de Derecho y sus garantías. En los últimos tiempos ha adquirido en cierto sectores del gobierno un ritmo tan impaciente como inquietante. En él se inscribe esta ofensiva contra los medios de comunicación o sus periodistas. Ayer fue contra la independencia del Poder Judicial, otro baluarte esencial de la libertad. El desconocimiento del derecho de propiedad se hace cada vez más desafiante, y más violatorio de la Constitución La ofensiva va arrastrando inclusive, a las fuerzas moderadas del gobierno en ese juego de vaivén en el que se ve envuelto el presidente Vázquez y que cada vez se hace más "va" y menos ven.