Fue Poseidón, en plena disputa por la hegemonía de la ciudad, quien golpeó una roca con su tridente, surgiendo de ella un caballo salvaje y un torrente de aguas impetuosas.
En respuesta, Atenea, hizo florecer una rama de olivo cercana a la misma roca.
Violencia y pacifismo, la victoria le fue otorgada por la ciudad a la Diosa, adoptando su nombre como muestra de su adoración y reconocimiento.
Pasos milenarios. Muchas de las personas que visitan estas tierras, se aventuran al encuentro de idílicas islas con paisajes poblados por casas blancas y mares color turquesa, descartando como opción a la ciudad ancestral. Error.
Es cierto que la primera impresión al adentrarse en la ciudad, es la de un caos reinante; bocinas, gritos y mucha gente.
Pero, cierto es también que quienes intiman con esta ciudad, además de descubrir cientos de rincones donde reina una deliciosa tranquilidad, iniciarán un viaje al pasado, precisamente a la cuna misma de la civilización y la cultura. Suponiendo que el lector sea una de esas personas ávidas por la historia y decide anidar en Atenas por unos días, sepa que los callejones, terrazas y azoteas, son parte en la vida cotidiana de los atenienses.
Esté seguro que entre museos y paseos arqueológicos, podrá disfrutar de sus ratos libres bajo la sombra de una añeja parra, en compañía de una copa de ouzo, licor de anís con sabor a miel. Es común en mis notas, recomendar como primer movimiento una visita a la plaza principal de la ciudad; en este caso sería la plaza Syntagma (Plateia Syntágmatos) o la de Omonia. En pleno centro y rodeadas por tiendas y hoteles de lujo, ambas figuran por belleza e importancia en nuestra lista de "musts".
El verdadero recorrido debería comenzar por el antiguo barrio de Plaka cercano a la Acrópolis. Plaka y Monasteraki, son sin dudas los lugares más antiguos de Atenas. Representan el motivo que hizo que usted viajara miles de kilómetros para ver, sentir y respirar la magia acumulada de los milenios. Cerrada al tráfico, esta zona posee un ritmo de vida muy diferente al del resto de la ciudad. Caminar por la calle de Tripodón, como hace 25 siglos lo hicieron las panateneas en perfecto cortejo, llevando sus ofrendas anuales para Atenea, su diosa protectora, no tiene precio. Plaka es un singular laberinto de tonos ocres, empedrados y rejas de hierro que se descuelgan por doquier.
Jardines y terrazas con azahares de jazmín y naranja, perfuman los caminos que nos llevan inevitablemente al encuentro de alguna maravilla como lo son la Biblioteca de Adriano, la Torre de los Vientos, el monumento a Lisícrates, el Agora Romana con el reloj de Andrónico Cirrestes, transformado en tekké (convento) cuando la ocupación turca, un hamán del siglo XVI, la iglesia de Pantannassa que fue otrora parte del Gran Monasterio... y la lista continúa. La calle de Adrianou, es quizás la más importante en términos comerciales y ha sido así desde la época de Otón. Atestada de vendedores ambulantes y de tiendas diseñadas para turistas, huya de allí si lo que quiere es pasar un rato agradable en algún bar o cafetín. La noche también es recomendable en esta zona. Mientras la música resuena en alguna "disco" de la calle Tolou, las tabernas en Mnesikleous desbordan de gente que se acerca a paladear un buen tinto y prepararse para visitar al otro día la joya de la ciudad: la Acrópolis.
La Acropolis. Hay quienes lloran de emoción frente a la Acrópolis, y tienen razón. Casi tres mil años de historia se respiran en los propileos y su escalinata de entrada a la Acrópolis. Ruinas testigo de lo que fue el esplendor y el poderío greco en épocas en que otros pueblos, posteriormente dominantes, aún no contaban siquiera con la ilusión de ver la luz del día.
De dimensiones perfectas, diseño exquisito y condiciones naturales que la hicieron única, esta metrópoli se sitúa en la cuenca de Atica, sobre una altura y con la ciudad moderna a sus pies. Estoico e invencible, el Partenón se yergue majestuoso desafiando al paso del tiempo aunque notorios son los estragos de la historia en su mármol blanco. Este noble edificio ha sabido ser iglesia cristiana en los años de Bizancio y mezquita cuando estuvo en manos de los turcos, entre tantas otras cosas. De estilo dórico y ostentando elementos jónicos, se compone de una nave y de una sala occidental que reposa sobre un basamento. Todo el edificio está rodeado por una columnata del mismo estilo.
Muchos son los monumentos que aún de pie, entre muñones de piedra blanca esperan ser visitados... el delicado templo jónico de Atenea Niké, aun siendo de dimensiones humanas revela que ha sido creado por los Dioses. Es proporcionalmente perfecto El Erectón, el Antiguo Templo de Atenea, el Santuario de Zeus Palante, la Calcoteca... Sólo me resta decir que Grecia y principalmente Atenas, envuelve el uso del pensamiento y de la imaginación. Sin duda se requiere de cierto interés en el particular desarrollo del intelecto, para intentar recién entonces entender y disfrutar 3 mil años de historia. Lea mucho antes de ir. ¡Buen Viaje!