Del "tiqui-tiqui" a los infartos

| Lo de Carrasco fue un espejismo de pocas fechas y lo de Fossati la recuperación de la mística celeste

JOSE MASTANDREA

Llegó la hora de la verdad. El final de un largo camino que comenzó el 7 de setiembre de 2003 con una magnífica exhibición de fútbol por parte del Uruguay de Juan Ramón Carrasco que goleó 5 a 0 a Bolivia en un Centenario repleto y eufórico. De aquel Uruguay "fantástico", como se le catalogó en aquel momento a este de hoy, hay mucha diferencia. Lo de Carrasco fue un espejismo, una ilusión que terminó por romperse tras la estrepitosa caída en el Centenario frente a Venezuela por 3 a 0. Fue el final de un ciclo que había comenzado en forma espectacular y culminó con silbidos, con una selección sin rumbo, sin personalidad y que casi queda fuera del Mundial con otras dos derrotas tremendas: ante Perú por 3 a 1 en Montevideo y frente a Colombia, en Barranquilla, por 5 a 0.

LA COPA AMERICA. Ya bajo la conducción de Jorge Fossati, la celeste parecía no encontrar el rumbo. Pero llegó la Copa América de Perú en 2004 y allí comenzó a edificarse este presente.

El regreso de Paolo Montero a la defensa, la presencia de Pablo García en el mediocampo, la potencia de Richard Morales en ofensiva, el aporte de Darío Rodríguez y hombres mucho más cercanos al estilo y a la mística del fútbol uruguayo, hicieron el resto.

Este torneo fue la resurrección de la selección. Se jugó de igual a igual a la Argentina, a México, a Ecuador y a Colombia. Apenas se perdió con Brasil y se logró un tercer puesto en la altura de Cuzco al vencer a los colombianos, los mismos que 20 días antes habían goleado a Uruguay.

EL INVICTO. Después de la Copa, el grupo se afianzó. Se unió, se logró cambiar la mentalidad y Fossati armó un plantel "a la uruguaya". Empezó la remontada con resultados en el exterior. Los empates en Maracaibo, Santiago, Lima y Quito. El gran triunfo ante Paraguay y el último frente a los argentinos en Montevideo. Uruguay, tantas veces agonizante y casi eliminado, llegaba al repechaje contra Australia, un rival que ganó cómodo, sin esfuerzo, su grupo de Oceanía con apenas siete partidos contra dos años desgastantes de los celestes.

Atrás quedó el "tiqui-tiqui" de Carrasco por el fútbol aguerrido y con personalidad de Fossati. La selección tuvo dos caras en una eliminatoria terrible donde hubo más momentos de angustia que de satisfacción.

Se volvió a jugar "a la uruguaya". A sufrir, a sacar números y cuentas con la calculadora en la mano. A rezar por un resultado y porque los demás dieran una mano.

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