SILVIA PEREZ
Fue el mejor de la cancha. No sólo anotó el primer gol de Nacional, el que trajo tranquilidad y cambió las cosas cuando Wanderers era más que el equipo tricolor, sino que convirtió dos más. Y el último fue un golazo.
Con ese panorama, todos los periodistas lo esperaban en la puerta del vestuario local del Parque Central. Sin embargo, el talentoso volante jamás apareció. "Albín ya se fue", aclaró el kinesiólogo Walter Ferreira, uno de los últimos en salir del camarín. Varios corrieron para ver si podían atajarlo afuera, pero ni rastro. Seguramente, había utilizado la puerta del vestuario de Tercera para irse sin ser visto.
Unos minutos más tarde Albín guardaba su bolso en la valija de un taxi que estaba a punto de abordar junto a su hermana y a su amigo y compañero Bruno Fornaroli. A pesar de que las fichas seguían cayendo en al automóvil de alquiler, la figura de la cancha se prestó al diálogo.
—¿Por qué huiste así del Parque?
—No huí. Siempre salgo por la parte de atrás, por el tenis. Y no me vieron. No me gusta hablar con los periodistas.
—¿Ni siquiera en una tarde como esta?
—No, no me gusta. Soy muy tímido y vergonzoso.
—¿No te dan ganas ni de escuchar tus goles?
—Escucharlos me gusta, pero hablar no.
—El partido no empezó bien para ustedes, pero terminó a las mil maravillas.
—Sí, empezó complicado. Los primeros 25 o 30 minutos fueron bravos. Estábamos muy nerviosos. Además, ellos estaban muy bien parados y no encontrábamos los espacios.
—Pero con tu primer gol las cosas cambiaron, ¿no?
—Sí, después del gol nos soltamos un poco más y empezamos a jugar. Y todo cuadro al que le hacés un gol, se desconcentra. Empezaron a dejarnos algunos huecos y se nos hizo más fácil llegar. Creo que a partir de ese momento jugamos un buen partido y pudimos sacar la diferencia. Me parece que demostramos que estamos volviendo al Nacional de las tres primeras fechas del torneo.
—Si te pregunto cuál de tus goles te gustó más, supongo que me vas a contestar que el tercero.
—Sí, claro, el último. ¡Si no me gusta ese...! Son goles que no se planean, pero mirás al arquero y si está adelantado la pinchás. Y no fui el único porque el "Chori" también la pinchó.
—¿Se corre un riesgo al hacer un gol así?
—Sí, porque si lo errás te putea todo el mundo, pero si lo hacés sos un fenómeno. Vale la pena correr el riesgo.
—La goleada tan abultada de Danubio a Peñarol, ¿influyó de alguna forma para ustedes?
—Sí, un poco. Porque Peñarol estaba primero con nosotros y que el otro grande pierda por goleada es una motivación extra.
—Muchos hinchas pedían que hicieran siete, ¿ustedes pensaron en eso?
—No, para nada. Las jugadas simplemente se dan o no se dan.