La noche que los policías viajaron en el tiempo

Gustavo Trinidad

La realidad cotidiana se volvió un tembladeral y los cuatro policías sintieron que de nada les servirían las armas.

Fue la noche del pasado jueves cuando los uniformados alucinaron que habían viajado en el tiempo. Habían sido invocados a una agencia de viajes ubicada sobre la calle Bacacay en la Ciudad Vieja, alertados sobre varias personas sospechosas dentro del local.

Efectivos de la seccionales 1a. y 2a. llegaron rápidamente desenfundaron armas y rodearon el local.

Pero cuando se acercaban sigilosamente a sorprender a los delincuentes se encontraron con tres monjes de la edad media. Antes de arrimarse se miraron entre sí sin poder creer lo que veían.

Luego pensaron que los delincuentes se habían vestido de monjes para pasar desapercibidos. Menuda torpeza porque los atuendos antiguos, con cinturones de cuerdas trenzadas y sandalias, parecían salidos del "Séptimo Sello", de Bergman, y no hacían más que llamar la atención.

Como si fuera poco, vieron que los monjes no se inquietaban al notar su presencia y se movían con soltura dentro del local, e incluso uno de ellos hablaba por teléfono.

La explicación los dejó más confusos: los monjes eran tres empleados de una agencia de viajes que participan de una "cacería" en busca del tesoro junto a otros empleados de otras agencias.

Esta cacería incluye prendas como las de disfrazarse de monje antiguo. En el juego se deben ir encontrando pistas hasta llegar al tesoro.

Dieron algunas vueltas con las cédulas de los falsos monjes en la mano y finalmente se alejaron del lugar.

Aunque el ingenio del hombre no tiene fin, creerles para los policías fue una verdadera cuestión de fe.

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