Una bomba de 2.300 litros de combustible

De acuerdo con la crónica del Miami Herald, los pilotos del DC-3 que había despegado el lunes 13 de junio del Executive Airport de Fort Lauderlade rumbo a Abaco, Bahamas, con una carga de granito notaron que del motor salía humo ni bien partieron.

Los motores no funcionaban correctamente. Por ese motivo decidieron un aterrizaje de emergencia en un lugar espaciado y con la menor cantidad posible de construcciones y personas.

Los pilotos Charles Riggs y Charles Wirt sujetaron los controles y desde una altura apenas superior a los cien metros comenzaron el aterrizaje con la calle Northeast 56 de Fort Lauderlade a modo de improvisada pista. La misma arteria en la que el uruguayo Roberto Colina conducía rumbo a su casa. Un tercer hombre a bordo del avión, Héctor Espinoza, fue el único de los tripulantes que pudo salir del artefacto en llamas por sus propios medios. Pero sin Colina, ni Riggs ni Wirt —golpeados y paralizados— hubieran contado el cuento, según se consigna en la prensa de Miami.

La heroica acción de Colina permitió salvar la vida de los pilotos, pero fue la pericia de éstos lo que permitió que el forzoso aterrizaje no se convirtiera en una desgracia. De forma casi milagrosa, no hubo que lamentar ninguna víctima fatal en el hecho.

Recién cuando los pilotos estuvieron a salvo, Colina se dio cuenta de lo que acababa de hacer. La inminencia de la muerte le provocó una suerte de "locura" (según sus propias palabras) de la que recién pudo salir luego que los paramédicos le suministraran dosis de calmantes.

El avión tenía una carga de combustible de 600 galones (unos 2.271 litros) en el momento del accidente, pero las autoridades no creen que se produzca una contaminación de tierra en la zona, según el Herald.

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