Se estrena hoy en Cinemateca 18, en el marco del proyecto Viva la Diferencia, el film argentino El bonaerense, dirigido por Pablo Trapero, un drama con puntas críticas sobre marginación social y corrupción policial.
El protagonista Zapa (Jorge Román) proviene de Suipacha, un pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires, y se convierte en un representante más de la marginalidad capitalina. El film se toma unos quince minutos en definir a su personaje y su entorno, y recién entonces funde en negro hacia el título. Este bonaerense es muchos bonaerenses, pero también será un miembro más de "la Bonaerense", la policía de la ciudad. El entorno social es de una miseria y una hostilidad extremas, circunstancias que (como la desocupación en Mundo grúa, el film anterior del director Trapero) marcarán decisivamente el destino del personaje.
Analistas argentinos del film han señalado que la desocupación y las grúas en Mundo grúa o el uniforme y la corrupción en esta otra película son cuestiones precisas, cuidadosamente observadas, alejadas de toda simplificación alegórica. En su doble aproximación, en el juego entre lo abstracto y lo concreto, entre lo familiar y el abismo, reside la singularidad del cine de Trapero.
preocupaciones. Sólo parcialmente puede afirmarse que El bonaerense sea un alegato social o político. El propio director Trapero ha sostenido que "el realismo es una herramienta de construcción", pero añade no creer "en el realismo como género". A su juicio, hay tanto en Mundo grúa como en El bonaerense "un montón de cosas que surgen de las propias necesidades narrativas". Ninguna de las dos películas es un documental, que tiene que atenerse a las reglas de la realidad. El cineasta agrega: "Si El bonaerense fuera de verdad realista, sería una película mucho más terrible de lo que es. Basta con prender la tele para darte cuenta de que acá hay una construcción del mundo de la policía. Incluso hay cuestiones técnicas que no tienen que ver con la realidad. El Zapa, por el grado que tiene, hay cosas que no podría hacer, lugares que no podría ocupar, aún en un ambiente de corrupción como éste".
Se ha señalado de todos modos que los personajes de Trapero no son arquetipos (o su versión disminuida, estereotipos) sino complejos seres individuales. El protagonista de Mundo grúa era un bohemio que respetaba sus valores, un adulto entrañable con alma de niño. El Zapa es un joven duro y ambicioso, casi sin escrúpulos, que acepta incondicionalmente lo que las circunstancias le imponen. Un crítico argentino lo ha puesto en estos términos: "El riesgo del film, o mejor dicho los riesgos eran la corrección política o la vista gorda, la actitud de desprecio o de complicidad. La corrupta policía que el film describe está probablemente muy cerca de la realidad, pero eso engendraba, en términos cinematográficos, un problema narrativo: cómo construir un relato en el que las anécdotas no dieran lugar a las fáciles generalizaciones. El film lo resuelve mediante un doble dispositivo. Por un lado introduce una atmósfera de locura parcialmente controlada donde todo lo que ocurre es singular pero cabe en las reglas del juego, Por otro, induce en el espectador la molesta sospecha de que también él, si se dieran las circunstancias, podría ser el Zapa. Quizás no un policía corrupto, pero en todo caso un practicante de la obediencia y la búsqueda de la ventaja".