Para algunos, el perro puede ser el mejor aliado del hombre. En cambio para otras personas, el olfato altamente desarrollado del can significa una barrera difícil de traspasar. En el tráfico ilícito de drogas, policías y traficantes no se enfrentan tanto por las armas, sino a través de un intermediario, inocente en apariencia, pero escrupuloso a la hora de cumplir con su trabajo: el perro labrador.
Las características de la raza han hecho de este animal el más popular entre las familias: son perros amigables, dóciles y humildes, con una disposición inusual para el juego. Paradójicamente, estos rasgos son los que convierten al labrador en la raza apta para la detección de drogas. "Todos los perros tienen desarrollado un sentido del olfato similar, pero el labrador tiene mejor disposición para el trabajo", explica el agente Pablo Pereira.
Pereira entrena desde 1999 a los perros de la Sección Canes Antidrogas para la detección de estupefacientes. Creada en 1987, esta sección corre a cargo de la Dirección General de represión del tráfico ilícito de drogas del Ministerio del Interior. Los policías fueron entrenados en Argentina e incluso se importó al primer perro, Chicho, un mestizo que desempeñó su tarea hasta los doce años. Este primerizo cuenta con la distinción de tener su fotografía en la oficina de Pereira y el retiro no fue fácil, ya que los policías suelen encariñarse con sus compañeros de trabajo.
"Se trata de hacer un equipo con el policía y por eso se les enseña juntos. Incluso si el policía no trabaja ese día el perro tampoco lo hace", explica Pereira. De esta manera, los policías vestidos con sus mamelucos azules, armados y con el labrador al lado, realizan todos los días diferentes procedimientos: "actualmente estamos haciendo trabajo efectivo en el aeropuerto de Carrasco, colaboramos con las seccionales y demás departamentos y también realizamos allanamientos", cuenta Pereira.
OLFATO INSTRUIDO. El entrenamiento consta por lo general de tres meses, en los que se entrenan a los perros a detectar varias clases de drogas: cocaína, marihuana, hashish y ahora pasta base. "Los seleccionamos desde que son cachorritos, por eso tenemos las crías acá. Los perros empiezan a entrenar a los diez meses para alcanzar el básico", explica Pereira.
En el adiestramiento, al contrario de lo que comúnmente se piensa, los perros no son inducidos a ingerir droga y la tarea no tiene efectos nocivos sobre su salud. Más inofensivo de lo que parece, el entrenamiento se basa en una técnica muy sencilla: la asociación de olores y reflejos condicionados. Los perros son enseñados a jugar con un "manguito", o trapo envuelto que sirve como juguete para el animal.
Pereira explica que inicialmente se le esconde el manguito al cachorro para que aprenda a encontrarlo. Una vez acostumbrado a este juego, al manguito se le agregan esencias que asimilan el olor de las diferentes drogas. "Cuando se le agrega el olor, en realidad lo que el perro está buscando es el trapo y por intermedio de la esencia lo encuentra", explica. Dos o tres gotas son suficientes para que el perro emprenda la búsqueda del manguito escondido.
Una vez que el animal realiza un procedimiento real, se basa en el olor de la droga porque piensa que así encontrará su juguete. "Los más entrenados marcan el lugar y se dan vuelta hacia el policía, ya que saben que serán recompensado con el manguito sin olor que cada oficial lleva en su bolsillo", explica Pereira.
Hay determinadas señales que indican que el perro ha encontrado estupefacientes: "revisa las maletas y rasquetea el lugar, pretendiendo sacar el manguito que supuestamente está adentro", dice Pereira. En la mayoría de los casos el labrador se limita a rastrear la droga y asegura que el trabajo del policía sea más "ordenado". Según explica Pereira, "por medio de las señales del perro no tenemos que desordenar toda una casa o maleta". Asegura además que la efectividad del rastreo canino es entre un 85 y 99%.
AFAN DE TRABAJO. Para la tranquilidad del público, Pereira reitera que "el perro no es de ataque, su función se limita al rastreo". Sol, Rilo, Bono y Euro son los cuatro perros efectivos en este momento. "El Rilo ya está para jubilarse", lamenta el agente.
La vida útil de estos animales es de alrededor de seis años; luego se les da de baja para no desgastarlos hasta el final. "Lo que cansa al perro no es la droga sino el trabajo", explica Pereira, ya que "continuamente saltan, bajan y suben de camionetas y chatas". La energía de los labradores es evidente al verlos ladrar sin cesar mientras algunos policías se retiran de la sección. Según Pereira, "están ansiosos por trabajar".
El récord en cantidad lo ostenta Rilo, cuando al verificar una camioneta en Maldonado encontró alrededor de 400 kilos de marihuana. "Es el tipo de droga que más se encuentra", cuenta Pereira, y en lo que va de este año ya se han incautado alrededor de 247 kilos. En cambio la pasta base, si bien no se incauta en las mismas cantidades, apareció recién en el 2004 y ya este año se han confiscado alrededor de diez kilos.
"Nunca tuvimos ningún problema o perro lastimado", asegura Pereira. "Tampoco se los puede lastimar porque son muy buenos y si usted castiga al animal lo frena y ya no sale con tantas ganas de trabajar". Por ahora, ese no parece ser el caso de los labradores que, agolpados a sus jaulas, parecen muy dispuestos a poner su olfato al servicio de unos "manguitos".