LEONEL GARCIA
Desde enero de este año, la Base Científica Antártica Artigas (BCAA) albergó 60 turistas que llegaron en tres diferentes vuelos. Más que visitantes, para el Instituto Antártico Uruguayo (IAU) bien pueden ser considerados "mecenas" que ayudan a solventar financieramente los proyectos científicos que en ella se realizan ayudando a paliar los problemas económicos de esa instalación en el continente blanco.
En la década que transcurrió desde 1994 a 2004, el apoyo financiero del Estado al IAU descendió casi un 57%, de 1.435.840 dólares a U$S 622.333. Según el capitán Fernando Silvera, jefe de Relaciones Públicas del instituto, el dinero de la asignación debió ser destinado a "priorizar los temas de seguridad y abastecimiento en la Base Artigas". Esto incluye mantenimiento de instalaciones y envío de 64 toneladas de víveres y 240 de combustible al año.
Pero el recorte presupuestal aparejó restricciones de todo tipo. La dotación permanente en la BCAA se redujo de 15 a 8 personas, tampoco se puede mantener un helicóptero, los vuelos a la base a través del Hércules C—130 se redujeron de 4 ó 5 a "dos o tres por año", según Silvera. No solo eso; tanto éste como el coronel Miguel Dobrich, consejero—director del ICA, afirman desde hace unos cuatro años Uruguay no ha podido abonar un pago anual de 40 mil dólares al Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR, por la sigla en inglés) perteneciente al Tratado Antártico, del cual Uruguay es uno de sus 28 miembros plenos.
Esa falta de pago provoca que Uruguay esté en riesgo de dejar de pertenecer al Tratado Antártico. "Por eso mismo, nosotros fomentamos el turismo como una manera de generar recursos", dijo Dobrich a El País. "Se necesita plata de alguna forma, el ICA ya ha realizado todos los achiques de gastos posibles sin poner en peligro la seguridad de quienes ahí se encuentran", señaló por su lado Silvera.
Según las autoridades del ICA, no hay un plazo para pagar y que se dé un eventual "desalojo" polar. De acuerdo con Dobrich, ayuda el hecho que "se reconozca a Uruguay la autonomía y autosustentabilidad de su base, su presencia permanente en los foros antárticos internacionales y su reputación científica".
Entre estos casos, destaca la investigación del científico Bartolomé Grillo en lo referente al Omega 3. "También ayuda la reputación y el respeto internacional del abogado Roberto Puseiro, quien es corredactor del Convenio de Madrid sobre el Medio Ambiente en la Antártida", añade. La garantía de Uruguay entonces, es una variante de su fama de buen pagador en los organismos financieros internacionales, pero trasladado al campo científico y en el Polo Sur.
Los primeros "mecenas" ya han cumplido un primer objetivo. "Gracias al turismo pudimos aprobar cinco de los 13 proyectos científicos que se nos presentaron este año", dijo Silvera. Según el operador que comercialice el viaje a la Antártida —14 en Uruguay—, el "paquete" tiene un precio que ronda los U$S 1.700. "Lo que corresponde al IAU son unos 1.200 dólares que incluye el viaje y la estadía", añadió.
TESORO. El capitán Silvera no oculta su fastidio por lo que el considera un desconocimiento de la gente de lo que representa la Antártida para Uruguay y el mundo. "Lo que todos los países del tratado hacemos es preservar una herencia para nuestros nietos". El continente es considerada una Reserva de la Humanidad.
La Antártida representa una reserva de agua dulce congelada que en invierno llega a los doce millones de kilómetros cuadrados y se reduce a ocho en verano. Bajo cuatro kilómetros de hielo se encuentra un "lago de petróleo" cuya dimensión real aún no ha sido calculada. A lo largo de su superficie también hay minas de diamantes y reservas de gas natural.
"Es fundamental que Uruguay mantenga su base en la Antártida, es un tema de interés nacional", enfatizó Silvera. Pese a planteos de otros países, no existen soberanía de ningún país en territorios de ese continente.
Esa realidad cambiará en el año 2048 cuando deje de funcionar el Tratado Antártico, creado en 1959, y cada país pueda reclamar su soberanía territorial y explotar sus recursos.
Según Silvera, para pertenecer al Tratado Antártico cada país debe tener su base "autosostenida y con gente, preservar la ecología del lugar y llevar adelante proyectos científicos que serán considerados bienes comunes de la humanidad". Con todos los esfuerzos multiplicados por las restriciones económicas, dijo que Uruguay cumple a rajatabla esos preceptos. Sin embargo, el no pago de las cuotas anuales por parte del país es un tema que consta en actas en las últimas reuniones de los miembros plenos del Tratado.
Mientras tanto, países con mayor infraestructura como Checoslovaquia y Malasia (uno de los denominados "tigres asiáticos") hace años pugnan por entrar.
CINCO DIAS. La estadía de los turistas en la BCAA, cuya area supera apenas la de un estadio de fútbol, dura cinco días de los siete o diez de la travesía. De los 60 visitantes que ha tenido en lo que va del año, la gran mayoría son uruguayos. Pero también se han sumado españoles, brasileños, estadounidenses, checos y coreanos.
El "verano" es una breve estación benévola cuya temperatura sube a cuatro grados bajo cero y la sensación térmica "apenas" es de -30° (en invierno rondan los -30 y -60, respectivamente). En esos días, la BCAA alberga unas cincuenta personas, turistas incluidos.
El avión utilizado es el Hércules C—130 del año 1956 y es considerado el mejor del mundo en terrenos difíciles. La parada previa en Punta Arena, sur de Chile, podrá extenderse por más o menos días según las condiciones climáticas y el costo corre por cuenta del visitante. El aterrizaje polar se realiza en el aeropuerto de la base chilena, distante cinco kilómetros de la BCAA al que se llega tras una hora y media de viaje en una oruga—tractor (si el tiempo lo permite). La Base Artigas no tiene pista de aterrizaje.
Un solo C—130 está disponible para los traslados. Hay otro parado en Chile porque no se le pudieron costear las reparaciones. No lo permitió el presupuesto de las Fuerzas Armadas.
Datos
La Base Científica Antártica Artigas se encuentra a los 62°11’04" de latitud sur y 58°54’09" de longitud oeste, en la Isla Rey Jorge, perteneciente a las Shetland del Sur. Se inauguró el 22 de diciembre de 1984.
Entre la ida y vuelta a Montevideo tanscurren entre siete y diez días dependiendo del clima.
La vestimenta autorizada para los visitantes se cuentan 10 pares de medias de algodón, 7 conjuntos de ropa interior, 5 buzos de manga larga y 3 pantalones deportivos para la valija. Utiles personales y de primer uso, como ser equipo de frío (proporcionado por el IAU), deberá ir en un bolso.
El aporte de los turistas permitió la implementación de proyectos de valores estivales de producción, producción de enzimas y metabolitos, acondicionamiento físico a individuos no entrenados y prospección arqueológica (Universidad de la República), y de estudios termográficos en la BCAA y alrededores (UTE).