La impunidad anda suelta

Gustavo Trinidad

La impunidad es un crimen renovado día a día. A Maximiliano con 11 años le encantaban los tamboriles. Una noche, hace cuatro años, se festejaba el cumpleaños de su hermano mayor.

La barra de jóvenes templaba los tambores en la puerta de la casa. Maximiliano los miraba desde la ventana, eran cerca de la doce de la noche. Fuego y tamboriles, la combinación era perfecta. Maximiliano no aguantó más. "Mamá me dejás ir un ratito", aventuró. "Un ratito y venís", contestó la madre.

El niño se ubicó muy cerca del fuego para no perderse detalle. Maximiliano quería un tambor, un repique.

De pronto algo silbó en el aire. Pensaron que eran cohetes que alguno lanzaba para festejar y miraron al cielo cuando uno de los jóvenes gritó: "están tirando". Fueron siete tiros, al sexto Maximiliano se sintió herido y corrió hacia la casa.

Atravesó los diez metros del jardín y alcanzó a decirle a su madre, "mirá lo que me hicieron mamá" levantándose la camiseta para mostrar la herida. Luego cayó desvanecido.

Maximiliano Díaz Alvarez moría dos horas después. Fue el 26 de abril de 2001 un disparo calibre 22 largo impactó en el pecho del niño. Ocurrió en Ovidio Fernández Ríos al 3965, esquina Aparicio Saravia.

La mayoría de los veinte jóvenes que se encontraban en el cumpleaños coincidieron en señalar a una casa ubicada a 15 metros por la misma vereda, como el lugar desde donde partieron los tiros.

El allanamiento se realizó 48 horas después y no se halló ninguna arma, como era de esperar.

Tres meses después ese vecino sospechoso de haber matado al niño y que había vivido más de veinte años en la zona en una casa que era de su propiedad; vendió la vivienda y se mudó del lugar.

Juan Carlos Díaz, padre del chico, se entrevistó con el entonces ministro del Interior , Guillermo Stirling, que en la oportunidad reconoció errores en la actuación policial. Hace cuatro días se consiguió que el Juez que atiende en la causa realizara una reconstrucción ocular en el lugar pero no se sabe si la instancia será un paso adelante para delatar al asesino.

En el lugar donde fue herido de muerte Maximiliano sus padres plantaron un árbol y los vecinos pusieron una placa recordándolo.

Su cuarto y sus cosas aún están como las dejó Maximiliano, esperándolo en vano. Sus padres esperan que llegue la justicia, como si cada día esperaran a un remoto mensajero que cambiara en algo sus vidas, por ahora también es en vano.

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