GUILLERMO ZAPIOLA
Hollywood continúa reciclando material ya utilizado, y los negocios prosperan. ¿Cómo convencer a los productores de que no lo hagan? El último fin de semana en los Estados Unidos, el film que encabezó la taquilla fue The Amityville Horror, un "thriller" sobrenatural dirigido por Andrew Douglas y protagonizado por Ryan Reynolds que repite una famosa película terrorífica de los años setenta de igual título original que en castellano se llamó Aquí vive el horror (1979), fue dirigida por Stuart Rosenberg y tenía a James Brolin, Margot Kidder y Rod Steiger en los papeles principales.
Presuntamente basado en hechos reales, ese film original y el libro de Jay Anson en el que se basaba dieron lugar a una exitosa franquicia que rápidamente prescindió de cualquier pretensión de autenticidad: hubo un Amityville II: The Possession en 1982, un casi inmediato Amityville 3-D (1983) que en todo caso se beneficiaba de la Tercera Dimensión y de la artesanía del veterano director Richard Fleischer, y otra media docena de imitaciones menores destinadas directamente a la televisión o el video en las que la mansión maldita era a veces apenar una referencia lateral, y en todo caso el lugar de donde provenía algún objeto dotado de poderes maléficos que provocaba los desastres correspondientes.
RETORNO. Esta nueva versión, impulsada por el mismo equipo que acaba de lanzar una "remake" del clásico asunto terrorífico "de culto" The Texas Chainsaw Massacre (o El loco de la motosierra), regresa con alguna variante al material original. Como sus primeros antecedentes declara "basarse en hechos reales", y al igual que ellos arranca con la llegada de la familia Lutz a la coqueta mansión que les ha resultado una verdadera ganga pero en la que empiezan a ocurrir cosas raras. El asunto arranca por supuesto con ruidos inexplicables, objetos que al parecer se mueven solos, mascotas y niñeras que se ponen nerviosas, crece hasta la transformación del agua en sangre, y se vuelve más inquietante cuando una de las hijas comenta sus encuentros con un amigo "invisible" y su madre se convence de que hay algo realmente maligno en el lugar. Lo más preocupante es empero la transformación del padre (Ryan Reynolds), que desarrolla tendencias agresivas y a cierta altura puede temerse que repita el múltiple crimen ocurrido previamente con los DeFeo.
El resultado puede ser otra prueba del éxito que el cine de horror está teniendo en los Estados Unidos (ya están rondando las carteleras La llamada 2, la nueva versión de El loco de la motosierra, un nuevo Museo de cera y varias más), lo que acaso pueda ser entendido, en términos sociológicos, como la expresión simbólica de los temores generados por la amenaza terrorista y el involucramiento del país en la guerra de Irak: hay una vieja vinculación entre las películas de terror y los tiempos de inseguridad o crisis (el expresionismo y la república de Weimar, los clásicos de la Universal y la Gran Depresión, Hammer y el desplome del Imperio Británico), y acaso el fenómeno se esté repitiendo.
HABILIDADES. La otra explicación de por qué el film funciona en taquilla debe ser buscada empero, aparentemente, en virtudes narrativas que la crítica norteamericana ha destacado. En último término no tiene demasiada importancia que una película cuente una historia verdadera o falsa: lo que importa en el cine de ficción es que el espectador crea en la verdad de la mentira.
Según una crítica firmada por Rafe Telsch, una de las virtudes del film sería evitar los efectismos ajenos a su tema (no hay gatos que aparezcan de pronto y provoquen un susto falso, por ejemplo): todos sus sobresaltos, en cambio, provendrían del propio tema, sin abusos de sangre y sensacionalismo. El otro aspecto elogiado por Telsch es la actuación de Ryan Reynolds, que sería capital para la credibilidad del film: si uno no cree en su transformación, todo se desploma, y al parecer el actor sale airoso de la empresa.
En la página web filmcritic.com. James Brundage expresa ideas parecidas. La película estaría cumpliendo con solvencia lo que su espectador "ideal" (es decir, el aficionado inteligente a las películas de terror) está esperando, y en varios momentos se las arregla "para mantener a su público al borde del asiento". El mismo Brundage aclara que ese espectador no tiene por qué ser, necesariamente, "el idiota convencido de que la historia fue real".
Una historia sospechosa
Tanto el film original como el libro del periodista Jay Anson en que se basa The Amityville Horror han alegado contar "hechos reales", aunque el punto ha sido controvertido desde el mismo momento que conoció la letra impresa. En todo caso, lo indiscutiblemente "real" del asunto fue el múltiple asesinato (de la entera familia DeFeo) cometido por un psicópata en la mansión de Long Island en que transcurre buena parte de la acción. En su defensa, aunque ante la considerable incredulidad de policías, jueces y jurados, el hombre alegó haber sido impulsado por "fuerzas oscuras" que habitarían la casa: ya se sabe que los asesinos múltiples suelen afirmar que matan gente aconsejados por Dios, Satanás o Pepe Grillo.
La historia central del libro de Anson, del film de Rosenberg de 1979 y de éste que se ha estrenado ahora no es esa, y allí es que empiezan las controversias. Se trata de lo que le habría ocurrido a la familia Lutz (un matrimonio, y los hijos de ella) que se mudaron al lugar aproximadamente un año después, vivieron en él 28 días y salieron huyendo. En un reciente reportaje televisivo emitido por The History Channell, los Lutz, ahora divorciados (la mujer padece una enfermedad terminal, y vive pegada a un respirador) continúan sosteniendo que lo que los hizo huir fue un horror real, los espíritus o demonios provenientes al parecer del antiguo cementerio indio sobre el cual estaría construida la casa. En ese mismo reportaje, los involucrados se permitieron marcar alguna distancia sobre la película de Rosenberg ("tiene mucho de Holllywood", o algo así), aunque reivindicaron la veracidad del libro de Anson, que se quiere periodístico, reúne declaraciones de esos protagonistas, vecinos, su párroco, policías y otra gente, y consigue un resultado demasiado parecido a El exorcista, libro y película que habían tenido un gran éxito seis años antes. Para complicar más las cosas, los programas televisivos dedicados al asunto se han empeñado en agregar los puntos de vista de espiritistas, expertos en satanismo y otros delirantes, con poco espacio para investigadores más serios de lo paranormal. Para completar el cuadro, el escritor Anson, que falleció poco tiempo después, publicó antes de morir otro libro sobre un edificio poseído por espíritus, 666, la casa endemoniada, que reconoce de entrada ser una novela. Es como para desconfiar, claro.