"El horror y el olor son muy difíciles de soportar", es lo primero que afirma Ignacio Seré, uruguayo que dirige tareas de ayuda a los damnificados por el maremoto que arrasó más de seis países del sur de Asia.
Con amplia experiencia en tareas humanitarias en el Congo y Tailandia, la noticia del maremoto tomó a Seré en España, pero de inmediato optó por regresar a la zona afectada para ponerse al servicio de las organizaciones que operan en el terreno.
"Llegué a Tailandia el 7 de enero, y los primeros días fueron de locura, todas las líneas congestionadas, la comunicación con el sur interrumpida" relató.
"El pasaje en tránsito por el aeropuerto de Bangkok me permitió ver un pálido reflejo de la tragedia. El momento del éxodo masivo había terminado. Dos semanas después ya no se trataba de la evacuación de sobrevivientes sino de la partida de quienes habían quedado (o llegado) buscando a alguien. Pude ver algunas despedidas silenciosas, desgarradas, de quienes partían dejando a alguien atrás" señaló.
Según Seré la principal preocupación son las enfermedades; "las posibilidades de que estallara una epidemia de proporciones bíblicas no podían descartarse", sostiene.
VICTIMAS. El hecho de que entre las victimas se encontraran miles de turistas fue lo que dio al desastre dimensión a escala mundial. Lo que lo catapultó a los medios de comunicación y también lo que obligó a muchos países a comprometer millonarias ayudas.
"No falta aquí el humor negro. La gente comenta que si siguen apareciendo cadáveres de farangs (occidentales) la ayuda prometida iba a seguir subiendo", narra el uruguayo.
Sobre el terreno, en Tailan- dia el grupo integrado por Seré trabajó en estrecha colabora-ción con la policía local y los bomberos.
"En todas las islas que fueron lavadas por el tsunami había poblados de pescadores. En muchas de ellas no queda nadie ni es posible evaluar. Los muertos siguen llegando a las playas". En Aceh (Sumatra), por ejemplo, "la población sostiene que el balance de muertos nunca podrá terminarse, han dejado de contar".
Uno de los aspectos que más impresionó al voluntario uruguayo fueron los contrastes entre Tailandia, con infraestructuras casi enteras, y la pobre provincia de Aceh.
"En ambos casos el horror y el olor son difíciles de soportar. Uno se obliga a pensar que eso es pasajero y que de lo que se trata es de intervenir en el futuro", sostiene.
Según relata, pasarán varias semanas antes que el mar deje de devolver cadáveres. "Los tailandeses vienen todos los días a estas playas, antes llenas de turistas extranjeros. Unos empecinados por la limpieza, con la esperanza de que el turismo regrese; otros con la esperanza —y el temor— de encontrar el cuerpo de los seres queridos".
Existe una disputa silenciosa entre la necesidad de enterrar rápidamente los cuerpos para prevenir epidemias y el deseo de identificarlos. Los países europeos aceptaron enviar equipos de expertos a fin de hacer pruebas de ADN a los cadáveres de occidentales.
ESCOMBROS. "Un arreglo en principio sencillo, pero a medida que pasan los días y el mar devuelve cuerpos, o se encuentran nuevas víctimas entre los escombros, ya no es posible saber a simple vista si el cadáver pertenece a un europeo o a un asiático", afirma el uruguayo.
"La lista de europeos desaparecidos sigue siendo enorme y por ello Tailandia acepto antes de ayer exhumar los cadáveres de las fosas comunes para intentar la identificación", cuenta Seré. "De los casi 3.500 cuerpos que permanecen sin identificar en Tailandia, mas de 2.200 son de personas que murieron en la provincia turística de Phang Nga, donde el tsunami arrasó decenas de hoteles repletos de extranjeros".
Seré afirma que "no es la primera vez que me toca confrontar la muerte, pero jamás en esta escala, donde por momentos hay más muertos que vivos y todos, aunque no hayamos estado aquí durante el tsunami, nos sentimos sobrevivientes".
Ayuda desde uruguay
En línea, precisando que la donación es para las víctimas del tsunami, a través de Unicef: https://www.supportunicef.org/
Personalmente a través de Unicef en las oficinas situadas en Bulevar Artigas 1659, piso 12.
A través del PNUD a la cuenta bancaria No. 7513267 del BBVA, indicando "para las víctimas del maremoto" y llamando a los números telefónicos: 0908-9460 ($ 20) /61 ($ 50) /62 ($ 100) y /63 ($ 500)
A través de la Cruz Roja, en el BROU, cuenta en dólares 151-130919/0 y en pesos 151-130918/1