El canje de deuda argentina que arrancó efectivamente ayer puso en marcha una operación que según los expertos podría cambiar la relación entre las instituciones financieras internacionales y los países que dependen de ellas para financiarse.
Argentina, que se declaró en moratoria de pagos en diciembre de 2001, emitirá un máximo de U$S 41.800 millones en títulos nuevos para reemplazar sus bonos impagos por un valor nominal de U$S 81.800 millones.
Los términos de la oferta implica que los acreedores recibirán alrededor de 25 centavos por dólar invertido, incluyendo los intereses acumulados.
Para Christian Stracke, responsable de mercados emergentes de Credit Sights en Nueva York, el canje destila "arrogancia".
Stracke aseguró a EFE que lo que Argentina ha diseñado es una "reestructuración que no cuesta virtualmente nada al país durante los primeros años de emisión del bono".
Con ello el gobierno trata de mejorar sus relaciones con el FMI para reanudar la negociación de su acuerdo crediticio conjunto, por valor de U$S 14.000 millones, según Stracke.
La singularidad del caso argentino es motivo de encendidas polémicas, pero en lo que hay coincidencias es en que podría tener repercusiones muy allá de sus fronteras.
Buena parte de los tenedores de bonos acusan a Argentina de maltratarles, una situación atípica para países en desarrollo, que generalmente deben doblegarse a las condiciones de los prestamistas.
Este cambio de papeles desespera a Hans Humes, co-presidente del Comité Global de Tenedores de Bonos de Argentina, quien asegura representar a inversores con U$S 40.000 millones en deuda morosa.
Según Humes, Argentina ha ignorado las lecciones de otras negociaciones de deuda y se ha negado a obrar "de buena fe" con sus acreedores. EFE