g.l.
Acaba de editarse 9 historias uruguayas, el nuevo libro de Leonardo Haberkorn. Se trata de la recopilación de un conjunto de artículos que este periodista de 40 años ha publicado en el suplemento Qué Pasa de El País —del que actualmente es editor— y en las revistas Punto y Aparte y Tres, así como en el diario porteño Página 12 y la revista colombiana Gatopardo. El trabajo que publicó este último medio permanecía inédito en Uruguay.
Los nueve artículos que recoge este libro publicado por Ediciones de la Plaza abordan temas bien diferentes entre sí, que van desde una semblanza a Alcides Ghiggia, el héroe de Maracaná, al contrabando hormiga y no tanto en la frontera con Brasil, pasando por los nombres insólitos que tienen algunos uruguayos, el coraje empresarial de un pionero como Rómulo Mangini, inventor del agua tónica Paso de los Toros o el eterno —más bien eternizado— debate sobre la posible extracción de petróleo en tierra uruguaya. El tema, la estrategia periodística y el objetivo del artículo son diferentes en cada caso. Las constantes de fondo son el rigor profesional en el relevamiento de datos y la mirada crítica a la sociedad en cuyo seno ocurren u ocurrieron estas historias, la uruguaya.
En el prólogo el autor señala "como el lector podrá apreciar, estos reportajes se refieren, en su totalidad, a mitos y leyendas de los uruguayos", pero que la serie de artículos no obedece a ningún plan predeterminado. "La conclusión que extraje en casi todos los casos es la misma: lo poco que nos conocemos los uruguayos, lo proclive que somos a repetir historias sólo ciertas a medias, conformándonos con perpetuar gastados lugares comunes. Así hemos olvidado las historias que podrían servirnos de ejemplos para levantar nuestro alicaído espíritu como nación: un país que todavía la mayoría sueña con ser empleado público desconoce la epopeya industrial de Rómulo Mangini; un país que abrazó el estéril mito de la garra charrúa y la pelota bajo el brazo, se olvidó que aquel campeonato lo ganaron Ghiggia, Schaffino y sus compañeros, haciendo goles, jugando al fútbol", concluye.
Leonardo Haberkorn ejerce su profesión sobre el entendido de que el periodismo es una herramienta al servicio de la sociedad, un constante instrumento de contralor a los poderes que operan en ella, con la firme convicción de que la información pura y dura es en sí misma elocuente y puede —o debería poder— modificar aquello que está mal. En cada uno de estos artículos Haberkorn tiene el propósito de iluminar a sus lectores sobre algún aspecto de la idiosincrasia nacional, intentando en todos los casos aportar algo que contribuya a la perfectibilidad.
La virtud de Haberkorn es que persigue este objetivo evitando atajos fáciles y vicios periodísticos como la sensiblería, el tono magisterial o la anteposición de sus propias convicciones a los datos que se desprenden de la investigación. Sus artículos no son interpretaciones con pretensiones sociológicas (ni políticas, ni filosóficas) que se construyen a partir de dos o tres datos. Por el contrario, le cede al lector el trabajo final de la interpretación de la información. En ese sentido, cabe señalar que Haberkorn, sin desdeñar —como corresponde— la buena escritura, no pretende hacer literatura, ni suplir la información no disponible con giros retóricos que disimulen la debilidad de los datos y le hagan creer al lector que le está dando más de lo que verdaderamente le está dando. En síntesis, Haberkorn demuestra en este libro lo que demuestra todas las semanas desde hace años: no está en periodismo para ver qué puede obtener él del periodismo, sino para ver qué le puede aportar desde el periodismo a sus lectores.