RIO DE JANEIRO
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, concluyó su visita a Brasil con una cena en un restaurante en Rio de Janeiro pese a haberse negado a levantar el embargo ruso a los productos cárnicos brasileños.
La visita del jefe de Estado ruso frustró a las autoridades brasileñas, que esperaban el anuncio del fin del embargo que Rusia impuso en setiembre a la exportación de carnes bovina, porcina y de pollo de Brasil, a raíz de que se detectara un caso de fiebre aftosa en la Amazonía.
Putin se abstuvo de hacer cualquier anuncio en el encuentro que tuvo con el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, lo que no le impidió concluir su visita en uno de los típicos restaurantes en los que el cliente come carne hasta el hastío.
El presidente ruso no dejó de ser coherente debido a que, según fuentes del restaurante consultadas por el canal de televisión Globo News, la carne que le fue servida era procedente de Uruguay.
Pocas horas después de haber almorzado un lomo de primera en compañía de Lula en la Cancillería brasileña, Putin cenó en Rio de Janeiro costilla vacuna, "picanha" (punta de cuadril, el corte más cotizado en Brasil) y langostinos.
Tras la cena y antes de embarcar rumbo a Portugal, el gobernante caminó por las arenas de la playa de Copacabana cercado por quince escoltas y conversó en ruso con un ciudadano armenio que dijo ser su admirador.
Además de mantener el embargo, Putin se abstuvo de conversar con las autoridades brasileñas de un posible aumento de la cuota de importación de carne vacuna para Brasil.
Cerca del 80% de las cuotas de mercado de carne vacuna de Rusia están en manos de Estados Unidos y la Unión Europea. Pese a esas limitaciones, la carne representó cerca del 40% de los U$S 2.055 millones que Brasil exportó a Rusia el año pasado. Brasil es el principal abastecedor de la carne porcina consumida en el país europeo. EFE