Brasilia - En Brasil se da por descontada la victoria de Tabaré Vázquez y se espera en cualquier caso que Uruguay, con un nuevo gobierno, apueste a fondo por el Mercosur y la integración regional, después de haber buscado acuerdos separados con Estados Unidos.
Sea quien sea el ganador el domingo 31, "esperamos que Uruguay siga comprometido con el proceso del Mercosur y con el fortalecimiento de una política sudamericana", dijo Marco Aurelio García, asesor de política exterior del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, en un encuentro con la prensa el ayer por la noche.
En medios diplomáticos se afirma que Brasil ya está trabajando con la hipótesis de una victoria de Vázquez.
Y en el Partido de los Trabajadores, la perspectiva de una victoria del candidato del Frente Amplio es evocada con evidente satisfacción.
Los uruguayos "van a dar un paso muy importante el 31", dijo a la AFP el secretario de Relaciones Institucionales del Partido de los Trabajadores (PT, del presidente Luiz Inacio Lula da Silva), Paulo Ferreira.
"El PT quiere que la victoria de Tabaré contribuya a que la relación entre nuestros partidos y nuestros países contribuya a un nuevo proyecto, con el desarrollo del Mercosur y una integración solidaria", añadió el responsable a la AFP.
La identificación de proyectos entre el Frente Amplio y el PT llegó a provocar susceptibilidades en el gobierno del presidente conservador Jorge Batlle.
A inicios de octubre, el canciller uruguayo, Didier Opertti, convocó al embajador brasileño en Montevideo para expresarle su disgusto por una intervención de García en un seminario en el que se encontraba Vázquez.
Pero el embajador explicó que esa intervención se limitó a evocar la política sudamericana del gobierno Lula, "manteniendo una línea de absoluta imparcialidad" sobre cuestiones uruguayas, refirió García.
Las explicaciones fueron aceptadas por Opertti, añadió el asesor de Lula, para quien el incidente "correspondió un poco al calentamiento de un proceso electoral".
FUNDAMENTO. Bajo el gobierno de Batlle (1999-2004), Uruguay se convirtió en el miembro más díscolo del Mercosur.
Los diplomáticos brasileños reconocen que Montevideo tuvo buenas razones para desconfiar del bloque (formado también por Argentina y Paraguay), dado que Uruguay empezó a precipitarse en la crisis con la devaluación decidida epor Brasil en 1999 y tocó fondo cuando se hundió la economía argentina, a fines de 2001.
La devaluación brasileña "pegó fuerte" en Uruguay, admiten los diplomáticos.
El FMI le tiró un salvavidas al pequeño país en 2002, mediante una línea de crédito obtenida después de gestiones ante el entorno personal del presidente estadounidense, George W. Bush.
Batlle se orientó entonces a la búsqueda, infructuosa, de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y se convirtió en un decidido defensor del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que Brasil trataba de negociar en condiciones "más equilibradas" que las propuestas por Washington.
Brasil, por su lado, presentó una candidatura propia para ocupar el cargo de director general de la OMC en 2005, impugnando la del uruguayo Carlos Pérez del Castillo, lo cual cayó muy mal en Montevideo.
Uruguay también se volvió en estos años menos "Brasildependiente": sus exportaciones a Brasil pasaron de 935 millones de dólares en 1998 (34% del total) a 471 millones en 2003 (21% del total), según datos del Banco Central Uruguayo.
Y gracias a sus compras de carne, Estados Unidos desplazó desde mediados del año pasado a Brasil como principal cliente de Uruguay.
Washington le dejó además un "regalo" al próximo gobierno uruguayo, al firmar esta semana con Batlle un tratado bilateral para facilitar y proteger inversiones.
Ese acuerdo "le permitirá al futuro gobierno tener un instrumento de certeza sobre las inversiones estadounidenses", explicó el mandatario saliente.
AFP