HACE casi diecinueve años —exactamente, el 24 de julio de 1985— en esta página se publicaba el editorial que hoy reproducimos íntegramente, bajo el mismo título que en aquel entonces:
"Mucho se ha escrito sobre el aborto. Y se seguirá escribiendo. Unos enfocan el tema desde el punto de vista ético. Otros, desde el punto de vista social. Algunos prefieren las estadísticas: los niños no nacidos, las curvas demográficas, el envejecimiento de la población. No falta el enfoque religioso, el derecho a no disponer de la vida del ser recién gestado. Y también el derecho a vivir su propia vida por parte de la mujer embarazada. El punto de vista jurídico no está ausente y tampoco el económico. Se habla de incomprensión de la sociedad, de intolerancia, de ausencia de coraje, de débil sentido de responsabilidad, de egoísmo, de traumas, de impedimentos de todo tipo y de mil temas conexos más. Se esgrimen argumentos en favor y en contra de la madre, del padre, de la familia, de la sociedad, de la ley, del futuro nacional y se invoca a Dios.
PERO muy pocas veces se hace referencia al ser que late en la matriz materna en la forma en que lo hace el diario imaginario de una criatura no nacida, de autor anónimo, que transcribimos a continuación.
5 de octubre: Hoy empecé mi vida. Mis padres no lo saben todavía pero yo ya soy. Y voy a ser una muchacha. Tendré cabello rubio y ojos azul celeste. Casi todo ya está decidido, hasta que me gustarán las flores.
19 de octubre: Algunos dicen que todavía no soy una verdadera persona, que solamente mi madre existe. Pero yo soy una verdadera persona, de la misma manera que una miguita de pan es verdaderamente pan. Mi madre existe y yo existo.
23 de octubre: Apenas está empezando a abrírseme la boca ahora. Fíjese, dentro de un año más o menos estaré riendo y luego hablando. Sé cuál será mi primera palabra: MAMA.
29 de octubre: Hoy empezó a latirme el corazón de por sí. ¡Desde ahora latirá suavemente durante el resto de mi vida, sin detenerse jamás para descansar! Y después de muchos años se cansará. Se detendrá, y entonces moriré.
2 de noviembre: Estoy creciendo un poquito cada día. Ya han empezado a formárseme los brazos y las piernas. Pero tendré que esperar largo tiempo todavía antes de poder saltar con estas piernitas a los brazos de mamá y antes que estos bracitos puedan recoger flores y abrazar a papá.
12 de noviembre: Están empezando a formárseme deditos en las manos. ¡Es curioso ver lo pequeñitos que son! Con ellos podré acariciar los cabellos de mamá.
20 de noviembre: No fue sino hasta hoy que el médico le dijo a mamá que yo estoy viviendo aquí, debajo de su corazón. ¡Ay, qué feliz tiene que estar ella! ¿Estás feliz, mamá?
25 de noviembre: De seguro papá y mamá están pensando en el nombre que me van a dar. Pero ellos ni siquiera saben que soy una muchachita. Quisiera que me llamaran Juanita. ¡Si vieran lo mucho que estoy creciendo!
10 de diciembre: Me está creciendo el cabello. Es liso y brilloso. ¿Cómo será el cabello de mamá?
13 de diciembre: Casi puedo ver. Está oscuro alrededor de mi. Cuando mamá me dé a luz, el mundo será soleado y estará lleno de flores. Pero lo que más quiero es ver a mamá. ¿Cómo eres, mamá?
24 de diciembre: Me pregunto si mamá podrá oír el suave latido de mi corazón. Algunos niñitos salen al mundo un poquito enfermos. Pero mi corazón es fuerte y saludable. Late con regularidad: tup-tup, tup-tup. ¡Tendrás una hijita saludable, mamá!
28 de diciembre: "Hoy mi mamá me mató".
Y rematábamos el editorial con estas palabras: "Los comentarios huelgan. Las emociones, no".
Hoy en día, reiteramos lo mismo.
Profesor Dr. Elbio Zeballos
A los 62 años dejó de existir sorpresivamente el Profesor Doctor Elbio Zeballos, una de las personalidades de la medicina en nuestro país, desde largo tiempo y a pesar de su juventud. Especializado en Gastroenterología, profesor grado 5 de la Universidad de la República, era miembro de la Academia de Medicina y representó a estas instituciones y a nuestro país en diversos coloquios internacionales.
Al despedirle ayer lunes por la tarde en el Cementerio Central, un aire de consternación e inquietud era palpable ante una muerte repentina y joven. Quienes hicieron uso de la palabra, en el homenaje que se le rindiera dándole el último adiós, en nombre de aquellas instituciones, destacaron su inteligencia, elevada calidad técnica, su condición de muy destacado especialista, su calidad de ilustre profesor y el aporte a la medicina del Uruguay. Todos coincidieron, muy especialmente, en destacar su extraordinaria calidad humana, su talante generoso y abierto.
Decía Pemán que "la virtud más eminente/es hacer sencillamente/ lo que se tiene que hacer". Sencillamente y con todo el amor que sea posible. En medio de la amargura de este adiós, la esperanza y el amor sobrevolaron calladamente.
A la familia, el pésame de El País. Y las seguridades de que el Profesor Dr. Elbio Zeballos seguirá vivo no sólo en la memoria de los suyos sino en la de todos quienes le conocieron, vencedor ante la muerte.