Por la literatura hacia la libertad

| Critica | GUILLERMO ZAPIOLA BALZAC Y LA PEQUEÑA COSTURERA CHINA Balzac et la petite tailleuse chinoise Director. Sijie Dai Libreto. Nadine Perront, Sijie Dai. Fotografía. Jean-Narie Dreujou. Montaje. Luc Barnier, Julile Gregory. Dirección artística. Cao Juiping. Música. Wang Pujan. Productora. Lise Fayolle. Elenco. Zhou Yun, Chen Kun, Liu Ye, Wang Shangbao, Cong Zhijun, Wang Hong. l China/Francia 2002.

Los sombríos acontecimientos que rodearon a la Revolución Cultural maoísta sirven de telón de fondo a esta historia muy china que fue sin embargo rodada en Europa y con el apoyo de capitales mayoritariamente franceses. Se sabe que el director Dai vivió a comienzos de los años sesenta, en tiempos de los Guardias Rojos, algunas experiencias similares a las que cuenta en su película, y que antes fueron el tema de una novela semiautobiogáfica que publicó en el año 2000. El éxito de ese libro en Francia fue al parecer lo que decidió a sus productores a ensayar una adaptación cinematográfica, escrita por el propio director y Nadine Peront.

La historia se centra en un par de jóvenes enviados a un campo de "reeducación" en tiempos de la China maoísta. El origen burgués de los dos personajes principales, uno músico y otro hijo de un dentista, los convertía en inmediatos "enemigos del pueblo" para los Guardias Rojos, que (ya ha sido dicho) consideraban sospechosa a toda persona que llevara lentes o leyera algo más que el famoso Libro Rojo con los pensamientos del Gran Timonel. El proceso de adoctrinamiento implicaba que vivieran como campesinos, internados en remotos parajes y privados de todo contacto con la "contaminante" y "decadente" cultura occidental.

En esas duras condiciones, los personajes lograrán encontrar algunos espacios de libertad. En un desesperado paso de comedia que recuerda algunos encontronazos más cercanos con militares que suponían que un libro sobre el cubismo tenía algo que ver con Cuba, el joven músico protege su violín tratando de convencer al comisario político local de que "Mozart compuso un concierto en honor a Mao". El descubrimiento de un lote de libros clásicos con obras de autores como Dickens, Tolstoi, Victor Hugo, Dumas, Flaubert y especialmente Balzac, y la relación que entablan con la hermosa hija del sastre local, funciona igualmente como experiencia liberadora.

Se le puede reprochar acaso al film un tono más amable y dulzón que el que le convenía, cierto afán por que el espectador la pase lo mejor posible, omitiendo los extremos de humillación y destrato con que otros testigos de la época recuerdan a la Revolución Cultural. El director prefiere cierto bajo perfil, una pincelada de ironía aquí, otra de nostalgia allá, para retratar una situación que seguramente tuvo otras aristas. Parece claro que al director le interesa menos la política que su pintura de adolescentes obligados a madurar rápidamente en medio de circunstancias complicadas.

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