SILVIA PEREZ
El domingo pasado cumplió 38 años. Su festejo comenzó esa mañana cuando la familia completa, su esposa Ana y sus hijas aparecieron en Los Céspedes para saludarlo. De regalo le llevaron una camiseta con la foto de sus cuatro hijas, por las dudas. En realidad ya tenía una, pero estaba muy gastada y además, como Angela, la beba de cinco meses crece con rapidez, había que actualizarla. "Siempre tienen la misma excusa, que no saben qué regalarme y que tengo de todo", dijo riendo.
Por la noche lo visitaron sus amigos de toda la vida, Javier Zeoli, su esposa Beatriz y el "Pepe" Herrera con Elena. Y algunos familiares. Pero el mejor regalo se lo hizo el "Vasco" Ostolaza que lo puso 32 minutos dentro de la cancha. Ese tiempo le bastó para ser el mejor de su equipo: "si fue un regalo del ‘Vasco’ entonces el miércoles cumplo de nuevo".
—Fue el partido donde estuviste más tiempo dentro de la cancha, ¿cómo te sentiste?
—Ya no cuento los minutos, ni exijo, ni hablo con el entrenador. Nunca le pregunté por qué no cuenta conmigo. Yo entreno más que el año pasado, voy todos los días al gimnasio y estoy bien. Soy fanático de Nacional, soy un hincha más y cuando veo que mi equipo está en dificultades quiero estar en la cancha. Yo siempre le digo a los muchachos que las cosas no pasan por jugar bien o destacarse uno solo, que es el equipo. Pero cuando las cosas no salen hay que correr el doble y si errás un gol hay que ir a buscar la próxima pelota. Eso es lo que diferencia a un jugador de otro. No digo ponerse el equipo al hombro, pero quererla. Trato de explicarles que en Nacional somos muchos y tenés sólo una oportunidad o dos y hay que aprovecharla. De repente el domingo algunos jugadores no la supieron aprovechar.
—¿Para cuánto tiempo estás?
—Para los 90 minutos.
—¿Con una rodilla sola?
—Sí. En los entrenamientos, cuando hay amistosos quiero jugar los 90 minutos. El "Vasco" me dice que no, que me quiere reservar. Pero si me reserva y no me mete en los partidos, al menos que me deje jugar los entrenamientos. De repente te aguanto 45 minutos bien y después te manejo un tiro largo o una pelota al compañero. Yo puedo fallar en un metro, no soy de fallar 3 o 4 metros en un pase de 60. Eso va en que uno quiere dar el máximo.
—¿Cómo ves a Nacional?
—No lo veo bien. Ha ganado partidos sin jugar bien, como Nacional jugaba antes, el año pasado. Nos falta jugar como equipo. Capaz que buscan la cabeza de Romero o de Medina. Pelotazos, pero Nacional no es de jugar al pelotazo, por más que tenga a Romero adelante. El fuerte de él es cabecear pero si no tiene un compañero al lado para bajarla es lo mismo que la nada. El jugador que entre a jugar con Romero tiene que estar a tres metros porque la baja bien. Cuando tenés un jugador alto hay que estar al lado. El va al choque y el otro la mete. Hay que leer el fútbol. Nos falta buscar el partido, entramos medio fríos. Empezamos a tocar y así se nos pasa el primer tiempo. Hay que buscar el outball rápido, contagiar al público.
—El domingo, ¿al público lo contagió Cerrito?
—Cerrito tuvo una ocasión y la convirtió. El partido era para un empate. Cerrito jugó bien, pero jugó bien porque nosotros no atacamos. Nos hace falta ganar un partido por goleada, un 4 a 0.
—¿Y cómo se consigue?
—Entrando mentalizados a la cancha, con rabia. Diciendo este es mi partido. Nacional perdió, pero el miércoles tiene que ganar y después tiene que hacerlo en la Copa.
—¿Están con la cabeza en la Copa?
—No, Nacional primero que todo, tiene que ganar el campeonato Uruguayo porque perdió el año pasado. Y en la Copa tiene que seguir adelante porque es importante en lo económico y un título que hace mucho tiempo que no se gana.
—¿Qué sentiste cuando la hinchada cantó el feliz cumpleaños?
—Emoción, una gran emoción. La gente me anima a seguir en el fútbol. Yo tomo este como mi último año, pero no bajo los brazos. Si la gente te pide y estás bien físicamente, tenés que darle, aunque sea lo último que uno tiene.