MADRID | JOSE M. BELLO
El próximo 4 de junio se estrenará en los cines de Madrid la película "El Castigador", que tiene como protagonistas principales a John Travolta y Tom Jane, pero tres días antes en nuestro país se estrenará una versión corregida de dicho título, donde actuará como personaje estelar un "castigado": Paolo Montero.
Es que el zaguero fue uno de los nuevos hombres que incorporó Fossati a la selección. El capitán de las anteriores Eliminatorias y del Mundial de Corea y Japón había manifestado públicamente que no iba a integrar más el representativo nacional y por ello Carrasco no lo tuvo en cuenta. Después, sin embargo, cambió su punto de vista y dijo que le gustaría volver a ponerse la casaca color cielo. Carrasco, entonces, manifestó: "si Montero quiere venir yo le pongo la alfombra roja para que entre". Pero la alfombra jamás se abrió: incluso, en alguna oportunidad se dijo que el técnico estaba esperando que jugador lo llamara para expresarle su deseo, pero —como era de esperar— esa llamada jamás llegó.
—Otra vez con la celeste.
—La verdad es que estoy muy contento por haber vuelto a formar parte de la selección, y reencontrarme con mis compañeros de toda la vida y con las nuevas caras. Llego con muchas ganas, con fe, pensando en todos los partidos que se nos vienen y que, conjuntamente con el resto de los muchachos, haremos todo lo posible para llevar nuevamente a Uruguay a un Mundial.
—En algún momento pensaste no jugar más por Uruguay.
—Es verdad, lo he pensado y lo he manifestado, de la misma manera que ahora revertí la posición y estoy muy contento de haberlo hecho.
—¿Conocías a Fossati?
—Lo conocía de nombre, por haber sido jugador, y también por lo que me habían comentado los compañeros que lo tuvieron de técnico, tanto en Peñarol como en Danubio.
—¿Qué rescataste del mano a mano que tuviste con el técnico?
—Que fue muy bueno. Me gustó porque parece una persona derecha, correcta y sincera, que finalmente es lo que pretendemos todos.
—¿Qué sentiste todo este tiempo que tuviste ausente?
—Se sufre, porque una vez que estás afuera pasás a ocupar el papel de hincha. Te adelanto que de lo que pasó prefiero no opinar, porque no estaba adentro, me parecería incorrecto hacerlo. Lo trascendente es que yo estoy de nuevo acá y es muy importante estar aunque sea estos tres días, porque la actividad en Europa te absorbe y no da descanso, así que está bárbaro robarle tres días a nuestros equipos para compartirlos con los muchachos y los técnicos.
—¿Tenías la ilusión de ser tenido en cuenta antes?
—La ilusión de que el técnico te llame siempre la tenés, después cada entrenador tiene su librito y llama a quien le parece. Quiero que quede claro: que vengo sin el más mínimo rencor hacia nadie, vengo a integrarme al grupo, a dar todo lo que tengo y a intentar ser uno más en esta linda idea de volver a un Mundial.
—Si Uruguay se clasifica, será el último que juegues.
—Esa la tengo clara y volví pensando en que puedo estar, teniéndome fe para ser parte de este proceso. A mí nadie me obligó a venir, lo hago porque estoy convencido que puedo estar peleando un lugar.
—¿Estás peleado con Recoba?
—No, para nada. ¿Sabés lo que pasa? En Montevideo se dicen tantas cosas que las tenés que dejar pasar, porque no vas a salir todos los días a desmentir algo. Allá se inventan muchas cosas. En el fútbol, como pasa en todos los trabajos, se tiene más afinidad con unos que con otros, pero te aseguro que yo nunca estuve peleado con el "Chino".
—Ahora la meta es ir al Mundial y con el brazalete.
—Separemos los tantos. Al Mundial sí; de cualquier manera debemos estar, con brazalete o sin él, esa es una decisión del Sr. Fossati y todos debemos aceptarla.