Juan Miguel Petit
Abelardo Caballero tiene 67 años y recorre la ciudad con una bicicleta y una caja con viejos juegos contando qué eran el balero, los trompos, los andadores y la chichirivela, entre artilugios varios.
La pinta de Abelardo Caballero no es lo de menos. Se lo puede encontrar con zapatos amarillos, pantalón jogging, un saco rojo y un gorro con una decena de pajaritos pegados y una inscripción que recuerda: Abelardo Magic. Del saco cuelgan un par de baleros, una vieja alcancía metálica, un trompo, un yo-yo, un pistola de juguete y una espada de madera. En las solapas tiene una escarapela del Llanero Solitario. También tiene en el saco un cartel que dice: "Mi abuelo fue un pirata que escondió tesoros en la playa de mi imaginación".
Más allá de esta forma de presentación multicolor e inusual, Abelardo es un hombre tranquilo y sensato. Por eso se dedica a recorrer los barrios y contar, en escuelas, clubes y cumpleaños, cómo se jugaba antes, qué juguetes se fabricaban los niños con sus manos y qué cuentos se hacían para escapar del aburrimiento, los malos momentos o el insomnio.
Hoy Abelardo vive de su trabajo de rescata-juegos. También fabrica, con materiales de desecho, molinetes de colores y avioncitos que vende a módicos precios. Abelardo explica que:"En la calle trato de levantar el ánimo. Están llenas de la especie de los seres humanos-número, van con un portafolio, un celular y hace 15 años que, por ejemplo, cruzan la plaza Matriz y nunca se dieron cuenta que allí cantan los horneros. A veces los escucho hablando por el celular diciendo: estoy a 100 metros, ya llego, aguantame eso... Entonces les paso el molinete o un avioncito cerca y me dicen: cuando era niño yo jugaba con eso. ¡Ya está! ¡Se humanizó! Por unos segundos dejó de ser un robot".
El rescatajuegos dice que se ha conmovido con niños comunes, niños sabios y niños poetas. "Hace poco en un campamento un niño poeta, después de ver el mar, me dijo que le hubiera gustado agarrar aquello y traerlo a la orilla. Aquello era el horizonte. Y otro día, viendo uno de mis avioncitos, me preguntó si ese avioncito podía ir más allá del humo del sol...". Pero a la hora del fogón, especialmente en noches estrelladas, Abelardo también pone lo suyo. Por ejemplo, coloca un recipiente con agua y pregunta qué tiene adentro. Los niños le contestan que hay agua y que se ven unos puntitos. Son las estrellas, dice Abelardo, e invita a los niños a "tomarse un vaso de estrellas". "No es nada nuevo, ya Platero se había tomado un balde de estrellas" sonríe Abelardo explicando su fuente de inspiración.
Un adolescente se acerca a ver los molinetes, tiene la remera del Hombre Araña. Abelardo le dice: "El hombre araña... y también tose". Y sí: el hombre araña, tose y hace cuentos. Para sobrevivir.