Difícil momento

Jorge Da Silveira

Más allá de lo sucedido en el período de pases —tiene menos plantel que el año pasado— creemos que con sus actuales figuras Peñarol debió realizar campaña mejor, en especial en el orden local.

Hay algunas fallas de funcionamiento. Pero por sobre todo, rendimientos por debajo de lo aguardable. Elduayen empezó bien pero cometió algunos errores importantes. Atrás Nunes no se afianzó como amagó hacerlo en un par de cotejos. A L. Ramos le falta aún competencia por más que insinuó que será importante, en especial con la pelota. D. Pérez y Pereira pueden dar más, tener mayor regularidad. Diogo hizo partidos estupendos pero fue desparejo. C. Rodríguez, de excepcionales condiciones, mermó mucho en los tres últimos cotejos. Cedrés estuvo lejos de lo que puede dar un futbolista de su experiencia y clase. Leal sintió la ausencia por su operación. Le falta competencia. Creemos que sobre el costado da menos que en el centro. Bueno sigue haciendo goles pero marró muchos que costaron caro, como los que perdió acá ante The Strongest y el penal que marró en La Paz.

Aguirre no estuvo certero a la hora de formar el equipo y hacer algunos cambios en los cinco encuentros anteriores al de Maldonado.

Es evidente que la insólita situación interna que se vive repercute hondamente en la faz futbolística. Que el Presidente del club, cuya influencia en la institución es enorme por su personalidad y carácter, critique permanentemente al técnico por radio y a veces al equipo, al que tildó de murguita más de una vez, no es normal y gravita. Hay nervios en muchos, lo que se traduce en una falta de confianza que merma el rendimiento. Aguirre, que ya sufrió la falta de respaldo el año pasado, debe haber pensado que tras ganar el Uruguayo pasado, cortar el ciclo de Nacional, la tendría más fácil. No fue así. Bajaron su sueldo, los ataques fueron permanentes.

Hay otro factor distorsionante. Es el comportamiento de Carlos Bueno. Sus gestos ya son inaceptables. Fastidian a quienes los vemos desde la tribuna y exaspera a varios compañeros. Está ensañado con C. Rodríguez, a quien perturba con sus críticas aun en casos en los que el joven futbolista acertó y quien se equivocó fue el mismo Bueno. Ni Cedrés, con toda su trayectoria y carácter, parece frenarlo en sus excesos ni conseguir efectuar algún tiro libre más favorable para su estilo. Si alguien cree que aceptando todo lo que hace se le beneficia, se equivoca. Hay que frenarlo ya. Se perjudica él, ya que no juega bien, y aumenta los problemas de un equipo que necesita salir adelante unido, con la solidaridad y el esfuerzo de todos.

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