La cuestión del costo del Estado esta cobrando importancia en el discurso de los principales candidatos. Esta bien que así sea, porque el del Estado es uno de los temas que los uruguayos aún no hemos resuelto. Sobre todo ahora, cuando la crisis terminó de exponer el enorme peso que significa para la sociedad que contribuye de una u otra manera a su sustento.
¿Cuanto cuesta el Estado?, es la pregunta y el reproche que muchos ciudadanos nos formulan. Pero pensar el asunto desde la exclusiva perspectiva de "su costo" no deja de ser para nosotros un error, en tanto tal abordaje no permite llegar a un compromiso de fondo. Sucesivos gobiernos se han ocupado del tema, aunque entendemos que solamente en el del Dr. Lacalle se empezó a encarar la cuestión en todas sus facetas... Porque reducir el problema a saber cuánto dinero transfiere la sociedad a la Administración, no deja de ser una visión acotada de las cuestiones subyacentes, y se comete la torpeza de olvidar a la ciudadanía, la que debe ser el sujeto principal de la preocupación.
En este período de gobierno hemos oído mucho del deseo de disminuir el peso del Estado. Si para el gobernante es fácil expresar la voluntad de abatir en un porcentaje u otro las erogaciones, determinar dónde hacerlo es lo difícil. Se optó por un recurso sencillo: determinar un porcentaje de abatimiento de gastos de inversión y funcionamiento, a la vez que en materia salarial recurrir al expediente de retrasar el ajuste en relación a la inflación. Se traslada a los jerarcas de los organismos la responsabilidad de seguir cumpliendo con sus cometidos con menos dinero, con la intención de que la necesidad los obligue a desarrollar una gestión más eficiente. Estas medidas, por su impacto inmediato, cobran importancia y pueden alcanzan el resultado esperado en tiempos de crisis y debacle económica; pero merecen dudas en cuanto a su sustentabilidad en el mediano y largo plazo.
El problema de este tipo de solución es que, por definición, las crisis antes o después son superadas. Al impulso de la mayor actividad económica crecen los ingresos. La acción de los lobbies estatales y privados determina que las políticas de austeridad vayan cediendo, dando paso a refuerzos de rubros que inexorablemente retrotraen las cosas a estadios anteriores. El Estado seguirá siendo el mismo en su estructura, cometidos y financiamiento. La austeridad sufrida habrá sido un mal trago que superada, habilitará el curso natural de la lógica burocrática.
Lo que nuestro país está requiriendo es plantear la cuestión de una forma tal que permita superar la dialéctica "Estado Gastador vs. Estado Económico". Para hacerlo es imprescindible partir de la base de que Estado significa muchas cosas. Es Administración Central, pero también Administración Descentralizada, Autónoma, y Departamental. A su vez, el Estado es Energía, Educación, Salud, Combustibles, Registros, Contralor, Defensa Nacional y Seguridad Social, por señalar algunos de los cometidos que tiene a su cargo; sin olvidar, el debate, cercano en el tiempo, de la participación del capital privado y de la propiedad de patrimonio estatal.
Un abordaje serio de esta temática debe presuponer una mirada comprensiva de todo lo que hay bajo el rotulo "Estado". No puede simplificarse la cuestión a decir que la solución a su costo pasa por reducir su gasto en funcionarios. Seguramente lo es en algunos casos, pero no en otros. ¿En cuál sí y en cuál no? ¿En Salud o en Seguridad? Pero antes cabe otra pregunta ¿debe o no ocuparse de la Salud?, ¿de qué aspectos?, ¿de todos o de algunos? ¿Debe operar o debe controlar los laboratorios?
Llegar a las respuestas no es fácil, mas es imprescindible hacerlo, porque solamente a partir de un estudio serio y profundo de la organización, cometidos y actividad de la Administración es que podremos refundar sólidamente el Estado que necesitamos.