Los subtítulos en castellano llegan a ser ilegibles en el cine, en el video y en el TV Cable, con letras blancas impresas sobre fondos claros. La solución es colocarlos sobre un recuadro negro, como supo hacerlo la Warner Brothers en la década de 1930, apenas iniciado el cine sonoro. Pero esa sencilla fórmula rara vez se aplica hoy.
Más grave es la mala traducción. Hechos en New York, Miami, México o Buenos Aires, esos subtítulos aparecen confeccionados por escribas que comprenden el inglés pero no tienen idea del contexto. No trabajan sobre libretos escritos sino sobre lo que oyen durante una proyección. Así redactan líneas que pueden ser versiones textuales de un diálogo pero se muestran despistados sobre nombres propios y sobre alusiones o juegos de palabras de ese diálogo. La deficiencia llega a Moscú, como lo probó un reciente ciclo de cine ruso en Cinemateca Uruguaya. A las letras ilegibles se agregaba la inepcia de ortografía y sintaxis.
Un caso curioso fue en marzo la exhibición de Bix (1991), una aproximada biografía del cornetista Bix Beiderbecke, incluida en otro ciclo de Cinemateca. El director italiano Pupi Avati es un entusiasta del jazz y su admiración por Bix lo llevó a instalarse en Estados Unidos, formar un grupo independiente, conseguir actores y músicos americanos y recoger sus diálogos en inglés. Después la película fue llevada a Italia y allí se exhibió doblada al italiano, de lo cual hay constancia en los letreros finales. Desde Italia fue exportada en versión ligeramente abreviada, como lo delatan algunos cortes repentinos.
Y ahí viene lo mejor. Los numerosos jazzófilos del público asistieron a una película escuchada en italiano, con música americana y subtítulos en inglés. Quienes hicieron tales subtítulos eran totales ignorantes del jazz, con Louis Armstrong convertido en "Lewis Armstrong". En cierto momento, la empleada de una casa de música ofrece a tres clientes una grabación de Jazz Me Blues, pieza fundamental en el repertorio de Bix, que los subtítulos trasladan como "Jasmine Blues", obra inexistente. Aun peor, un diálogo incluye el nombre de Jean Goldkette, titular de una orquesta integrada por Bix en 1926. Pero los traductores no tenían idea de esa persona y así en lugar de Goldkette escriben Gold Cat, que es textualmente Gato de Oro y que nada significa.
La inepcia en los subtítulos es una enfermedad muy extendida. El colega Guillermo Zapiola recuerda haber visto un reciente documental sobre Irak, donde el Baath Party aparece traducido como la fiesta de Baath, porque la palabra inglesa "party" puede significar igualmente un partido político o una fiesta. Fue también inepto el traductor de otro documental que aludió al gobierno Roosevelt como "la administración Rusvel" o el de Despertares (1990) que traduce "physician" como "físico", aunque obviamente se trata de un médico en el sanatorio.
El tropezón preferido por Zapiola figura en Una Venus en visón (Butterfield 8, Daniel Mann, 1960), película que reportó un primer Oscar a Elizabeth Taylor y que 44 años después sobrevive en video. Allí Liz interpreta a la promiscua Gloria, que baraja amantes y no es feliz. En cierto momento debe explicar a Laurence Harvey su propio carácter y su disipada conducta. Se pone culta y recurre al latín: "¿Tú conoces el proverbio ‘Sic transit gloria mundi’? Bien, yo soy Gloria..." Le quiso decir que así pasa Gloria por el mundo. El traductor improvisó otra versión y en el subtítulo puso "Gloria enferma en tránsito". (Risas en la sala y en el living).