EDWARD PIÑON
No hay caso, en el fútbol no hay reglas absolutas. Así, al menos, lo ratificaron Nacional y Cerro en el Estadio Centenario.
Por ejemplo, el grande no fue el todopoderoso que arrolla al chico y éste, por otra parte, no se llevó una recompensa del estadio pese a que fue, durante gran parte del cotejo, el dueño de la pelota y el principal protagonista del mismo.
Ganó Nacional y lo hizo porque demostró que es un "vehículo gasolero" que da resultado en cualquier tipo de superficie, sin importar si en el camino se le cruzan piedras que llegan a obstaculizar sus intentos por encontrar el camino hacia el objetivo.
Perdió Cerro y lo hizo porque comprobó que para ganar no alcanza con los merecimientos, no se trata únicamente de tocar bien, hay que lograr que la pelota cruce la línea de gol.
Esta claro, entonces. El conjunto de Roland Marcenaro mereció mejor suerte, pero el elenco de Santiago Ostolaza lo ejecutó con una patriada de Oscar Morales y justo en los instantes en los que parecía que el partido podía terminar con un reparto de puntos.
El día previo al encuentro, el propio Marcenaro efectuó una lectura muy importante. Cuando admitió que le preocupaban las individualidades de Nacional, reconoció que le favoreció que el equipo del Parque Central "no jugara frente a Rentistas y que Aparicio cumpla la suspensión frente a nosotros". Precisamente, en ese sector, fue donde Cerro dominó las acciones, donde se hizo fuerte para generar juego y para impedir que Nacional hiciera lo propio.
Maniatado, encasillado, al "bolso" le costó una enormidad generar jugadas peligrosas. Sólo unas apariciones de Alejandro Mello por ambos costados y algún centro de Coelho para Medina hicieron que el partido no quedara en absoluta propiedad del conjunto de la Villa.
Porque Cerro mostró, como bien lo había anunciado su entrenador en el diálogo mantenido con El País. "Nosotros algo vamos a mostrar", dijo Marcenaro y cumplió. En lugar de actuar de "sparring", salió a combatir de igual a igual. Ofendió una y otra vez. Probó a Claudio Arbiza, exigió a los zagueros Machado y Cichero, manejó la pelota y hasta arañó la conquista unas cuantas veces. Pero falló en lo más importante. En el golpe de gracia.
Y Cerro no tuvo pegada ni siquiera cuando regresaron de los vestuarios. Ahí, incluso, lo sufrió más porque Ortega, con un rebote que descolocó a Arbiza, estuvo a un centímetro del gol.
Después de ese intento, el tricolor —mejor acomodado en la cancha por los cambios del "Vasco"— ya fue más firme y más amenazante. Aunque el albiceleste siguió cambiando ataque por ataque, el panorama no se le presentaba tan claro para su lado. Es más, durante diez minutos, como antes Cerro había estado a centímetros, Nacional estuvo a milímetros de la conquista. Las manos de Contreras respondieron de la misma forma que antes lo había hecho Arbiza y por eso el 0-0 seguía inamovible.
Claro que ni uno ni otro contaron con la patriada de "OJ". Justo cuando parecía que el partido iba a morir con el reparto de puntos, Morales aplicó el golpe que metió en el "bolso" tres puntazos.