El senador Astori ha recomenzado su actividad política marcando su reconocido protagonismo dentro del Frente Amplio, que suele caracterizarlo por decir las cosas que en general al resto de su fuerza política no le gusta oír. Así, como su apoyo a la reforma constitucional, su apoyo también a la malograda ley de asociación de Ancap, su respaldo enfático a la negociación sobre canje de deuda que llevó adelante una conjunción de esfuerzos de buenos negociadores aprovechando el prestigio internacional del país mientras Tabaré y Nin pateaban el nido, ahora se le ha dado por reclamarle al Frente Amplio un programa de gobierno y naturalmente, su difusión. Es lo menos que se le puede pedir a quienes no sólo aspiran al poder sino que ya se sienten instalados en él: pues que digan entonces qué piensan hacer de aquí en adelante. Pero al mismo tiempo, ha puesto el dedo en la llaga porque es notorio que el Frente Amplio no puede elaborar un programa común, que contenga las aspiraciones de todos sus sectores y subsectores. No lo logró jamás en la oposición, porque ese sistema de frenos y contrapesos entre enfoques no sólo políticos sino filosóficos que gravitan todos por igual, terminó por inmovilizarlo. Podrán en una de esas coincidir en que intentarán que los más infelices sean los más privilegiados, ese mensaje evangélico que permite abrirse en varias frases hechas como que los que tengan más son los que pagarán más impuestos, o proponer como expresión de deseos que sus gobernantes aunque metan la pata no meterán la mano en la lata, y por ahí en el paroxismo de la euforia que harán temblar las raíces de los árboles, y se terminó el programa.
Ese es el drama de aquellos que ya vendieron la piel del oso antes de cazarlo cuando se ven en la imposibilidad de ponerse de acuerdo en cómo se llevará adelante la cacería. La interrogante que se nos plantea es la de si Astori tiene claro que está pidiendo un imposible. Y resulta difícil creer que no, que lo ha hecho sin darse cuenta. Seguramente al expresar públicamente lo que el Frente Amplio no tuvo nunca, no tiene, ni lo tendrá, el Senador está tratando de salvar su responsabilidad. Si lo consigue o no, coadyuvando para que la gente vote a ciegas, es en definitiva un problema suyo, una cuestión de conciencia.