ERBIL, Irak | EFE
Al menos 150 víctimas por la explosión de dos hombres bomba es el resultado aún provisional de la jornada más mortífera que se registra en la posguerra y que tuvo como escenario esta ciudad kurda del norte de Irak.
Con minutos de intervalo, los suicidas hicieron estallar en las sedes locales de los dos principales partidos kurdos las cargas explosivas que tenían adosadas al cuerpo, en ataques que según las autoridades regionales llevan la marca de Al-Qaeda.
El primer atentado se produjo a las diez y media de la mañana en el cuartel general del Partido Democrático del Kurdistán (PDK, liderado por Masoud Barzani), en el barrio de Shaustri Metri, situado en el norte de la población.
Según dijeron a EFE portavoces del servicio de seguridad del PDK —bajo cuya autoridad se encuentra el núcleo urbano—, treinta y cinco personas perdieron la vida en el acto y más de cincuenta fueron ingresadas en diversos centros médicos.
Antes de que el reloj marcara las once se producía la segunda explosión, en este caso en la representación de la Unión Patriota del Kurdistán (UPK, dirigido por Jalal Talabani), en la carretera que parte hacia Kirkuk, al sur de Erbil y donde otras setenta personas resultaban muertas o heridas, según las fuentes.
RECEPCIONES. En ambas ocasiones las víctimas asistían a recepciones ofrecidas con motivo de la celebración de la conocida Fiesta del Cordero, con la que los musulmanes rememoran el bíblico sacrificio de Abraham y que es la segunda festividad más importante del calendario religioso islámico tras el mes de ayuno del Ramadán.
Según testigos oculares, los suicidas vestían uniforme militar kurdo y al menos uno de ellos se hacía acompañar de la mano por un niño para no levantar sospechas entre el servicio de seguridad.
Agregaron que el otro era de raza negra.
"Hemos encontrado parte del tronco y del rostro y se trataba de un subsahariano. Eso demuestra que ha sido obra de Al-Qaeda. Los iraquíes no cometen atentados suicidas", dijeron.
TENSION. El grado de tensión era muy alto de noche en el hospital Haulieri de Erbil, ante el que cientos de familiares esperaban noticias de los ingresados y se podían ver mujeres llorando y tirándose de la cabellera en señal de duelo.
En los pasillos del interior, el ministro de Salud del gobierno regional, Jamal Otman, evitó cifrar el número exacto de muertos y heridos, al ser interrogado por EFE.
"Todavía estamos recibiendo informaciones sobre la situación. Mañana (por hoy) comunicaremos los datos finales", apuntó.
El carácter marcadamente anti-kurdo de los atentados supone un nuevo factor de confrontación inter-étnica en el Irak post Saddam Hussein y extiende la lucha al territorio del país en el que no hay desplegadas tropas de ocupación.
Desde la Guerra del Golfo de 1991, Erbil formaba parte de la zona septentrional que escapaba a la autoridad del Gobierno de Bagdad y que una vez derrocado el ex líder iraquí continúa bajo control de los partidos regionalistas de Barazani y Talabani.
Hasta hoy, el atentado más sangriento tras el fin de la guerra se había producido a finales de agosto en una mezquita de Nayef, al sur de Bagdad, donde un coche bomba segó la vida de ochenta y cuatro personas, entre ellas el líder religioso chiíta, Mohamed Al Hakim.
Varias autoridades perdieron la vida
erbil n Entre los muertos en los atentados de ayer, todos hombres, figura una pléyade de autoridades kurdas.
El PDK de Masoud Barzani perdió a dos de los ministros de su gobierno local: Shawakat Sheikh Yezdin (Asuntos gubernamentales) y Saad Abdalá (Agricultura).
También lamentó la muerte del número tres del partido, Sami Abdel Rahmán, del gobernador de la provincia, Akram Mantak, de su adjunto, Mahdi Joshnaw, del jefe de la policía local, Nariman Abdel Kader, y de otros dos responsables.
Por otra parte, el UPK quedó sin tres miembros de las instancias directivas del partido (Josro Shera, Shajran Abbas y Behruz Kechta), además de perder un cuarto responsable.
Aunque rivales políticos, el PDK y UPK apoyaron a la coalición militar estadounidense para derrocar al régimen de Saddam Hussein. AFP