Guerra de ideas (Parte IV)

| Israel necesita quitarse de enmedio y reducir sus puntos de fricción con el mundo islámico.

No nos mordamos la lengua para decirlo: la actual política estadounidense hacia el conflicto entre israelíes y palestinos es demente.

¿Puede alguien ver lo que está ocurriendo —palestinos, poseídos por una demencia colectiva, cometiendo suicidios, e israelíes, bajo un liderazgo completamente al garete, construyendo más asentamientos para que judíos fanáticos puedan vivir en el corazón mismo de áreas pobladas por palestinos— y no llegar a la siguiente conclusión: que estas dos naciones están trabadas en un círculo vicioso totalmente destructivo, que amenaza la viabilidad a largo plazo de Israel, envenena la imagen de Estados Unidos en el Oriente Medio, socava cualquier esperanza de creación de un Estado palestino y debilita a los árabes moderados pro estadounidenses? No, no se puede extraer otra conclusión.

No obstante, el equipo de Bush, respaldado por ciertos grupos activistas judíos y cristianos, opina que la política correcta es no hacer nada. Y bien, ésa es mi definición de demencia.

Israel debe salir de la Ribera Occidental y de la Franja de Gaza tan pronto como sea posible y desalojar la mayoría de los asentamientos. Yo he exhortado a hacer eso desde hace tiempo. Ahora se ha convertido en una necesidad urgente. De otra forma, el Estado de Israel corre peligro.

¿Por qué? Porque el mundo árabe musulmán, que durante tanto tiempo ha estado de vacaciones en cuanto a la globalización, la modernización y la liberalización, se está dando cuenta ahora de que las vacaciones han terminado. No hay ya suficiente riqueza petrolera para amortiguar el impacto del enorme crecimiento demográfico que está ocurriendo en la región o para dar empleo a los habitantes. Todo país árabe va a tener que llevar a cabo un doloroso ajuste. Israel necesita quitarse de en medio y reducir sus puntos de fricción con el mundo islámico durante el tiempo en que éste pase por esa transición inestable y en ocasiones humillante.

En segundo lugar, tres tendencias peligrosas están convergiendo sobre Israel. Una de ellas es una masiva explosión demográfica a lo largo y ancho del mundo árabe. La segunda es la peor violencia interpersonal que haya ocurrido entre israelíes y palestinos.

Y la tercera es una explosión de los medios de comunicación árabes, desde Al-Jazeera hasta el Internet. Lo que está ocurriendo es que esta explosión de los medios de comunicación árabes está alimentada por imágenes de violencia entre israelíes y palestinos, y dirigida a una población cada vez más numerosa, radicalizándola y uniendo en la mente de los jóvenes árabes y musulmanes la idea de que la mayor amenaza para su futuro es JIA: "Judíos, Israel y América".

La retirada de Israel de esos territorios no es una panacea para todos estos males. Israel todavía será odiado. Pero si se retira hacia una frontera internacionalmente reconocida, tendrá cuando menos en su favor argumentos morales, ventajas estratégicas y razones demográficas para proteger su territorio. Después de que Israel se retiró de Líbano, la milicia de Hezbolá siguió odiando a Israel y hostigando la frontera ... pero nunca intentó lanzar una invasión. ¿Por qué? Hezbolá sabía que carecería de legitimidad —tanto en el mundo como en Líbano— por violar esa frontera aprobada por las Naciones Unidas. Y si lo intentaba, Israel estaría en condiciones de justificar el uso de toda su potencia militar para responder al ataque. Además, si Israel no abandona la Ribera Occidental y la Franja de Gaza, los palestinos pronto superarán en número a los judíos e Israel se convertirá bien en un estado de apartheid o en un estado que no será judío.

Israel debe retirarse de los territorios en cuestión, no porque es débil, sino porque debe mantenerse fuerte; no porque Israel esté en lo incorrecto, sino porque el sionismo es una causa justa que está siendo minada por la ocupación; no porque significaría ceder a un capricho estadounidense, sino porque nada reforzaría más la influencia de Estados Unidos en el mundo musulmán, ayudaría a ganar la guerra de ideas y, en consecuencia, protegería mejor a Israel, que eso.

El equipo de Bush habla, correctamente, de llevar la justicia a Irak. Correctamente también condena la demencia suicida de los palestinos. Pero nada dice acerca de la injusticia de que Israel se apodere de tierras en la Ribera Occidental. El equipo de Bush destruyó al régimen iraquí en tres semanas y no ha podido persuadir a Israel para que ceda un solo asentamiento durante los últimos tres años. Pensar que Estados Unidos puede practicar este tipo de hipocresía y triunfar en la guerra de las ideas en el mundo árabe musulmán es una fantasía verdaderamente peligrosa.

(Cuarta nota de una serie de cinco)

© "The New York Times"

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