Adiós al notable "Hombre del piano"

| El músico cubano tenía 84 años y debido a su salud estaba sin poder tocar desde hace un año

Eduardo Roland

Antes de ayer —23 años más tarde que John Lennon— falleció en La Habana el veterano pianista Rubén González, cuya imagen está para el gran público asociada al proyecto Buena Vista Social Club.

Porque en efecto, esta nota en un diario uruguayo no existiría si el guitarrista estadounidense Ry Cooder no hubiese rescatado del olvido, en un proyecto casi antropológico de notable repercusión comercial, a una generación de músicos cubanos que tuvo su época de oro en los años 50, y que fuera eclipsada por los vientos revolucionarios de los 60. Así como los lujosos cabarés de la Cuba de Batista fueron cerrados, los músicos que tocaban en ellos se quedaron sin trabajo. Muchos se marcharon de la isla, pero otros se quedaron, y con el paso del tiempo se fueron apagando. Pero donde hubo fuego cenizas quedan. Por eso Ry Cooder provocó 40 años después un verdadero incendio con el disco Buena Vista Social Club (1997), que reunía a toda una generación de músicos cuyo promedio de edad rondaba los 75 años.

El disco producido por Cooder incluyó entre otros a Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Cachaíto, Omara Portuondo y al propio González, operando una especie de milagro musical.

Como se sabe, el disco obtuvo un premio Grammy que catapultó a los músicos cubanos y les supuso, en la vejez, el reconocimiento internacional del que no habían gozado en su juventud. Y el notable film documental del cineasta alemán Win Wenders (también llamado Buena Vista Social Club) se encargó de dar el broche de oro a un proyecto que salió redondo, aunque como consecuencia del mismo, ahora el gobierno de George Bush no permite que Cooder visite Cuba.

RESURRECCION. El caso de González resultó emblemático: llevaba diez años en el olvido cuando el músico cubano Juan de Marcos (apoyo fundamental para Cooder) tocó a su puerta en 1996 y le propuso integrar el proyecto Buena Vista Social Club. Como cuenta Cooder en una reciente entrevista que Verónica Peinado le hiciera en Santa Mónica para El País Cultural, "primero dijeron que estaba muerto, luego que no podía tocar, resultó que hacía tiempo que no ensayaba". Increíblemente, aquel pianista de 77 años que ni piano tenía se convirtió en un pilar indispensable del proyecto Buena Vista. El mismo Cooder lo afirma categóricamente en la citada entrevista: "En el encuentro de Compay Segundo y Rubén González estaba la naturaleza del disco".

Nacido el 26 de mayo de 1919 en el poblado de Encrucijada (zona central de la isla), Rubén González comenzó a estudiar piano a los siete años de edad, en su propia casa.

Después se mudó para Santa Clara, la capital provincial, donde empezó a tocar con varias agrupaciones. González estudió magisterio y estuvo a punto de graduarse como médico en la Universidad de La Habana, ciudad a donde se trasladó en 1940 y donde tocó con varias agrupaciones musicales, entre ellas las de Arsenio Rodríguez y Enrique Jorrín, creadores del chachachá.

De ahí pasó a acompañar a reconocidos cantantes del momento como el bolerista Orlando Vallejo y Paulina Alvarez, "la reina del danzonete". También en esa época tocó en prestigiosos cabarés como el Parisien y Sans Souci, hasta convertirse en una de las estrellas de la famosa orquesta del Tropicana. No obstante su extensa trayectoria dejó sólo tres discos propios: un álbum de boleros editado en 1974, Buena Vista introducing... Rubén González de 1996 y Chanchullo del 2000.

Ahora que Rubén González siguió el camino de Compay Segundo, desaparecido este mismo año, volver a verlo (y escucharlo) en la película de Wenders seguramente será aún más emotivo. Tanto en la escena donde el "hombre del piano" (como le llamaban) se sienta a tocar el instrumento después de años sin hacerlo, o en la magistral secuencia en que el músico toca el piano en un palacio vacío mientras una niña negra de tutú blanco se desliza danzando por la enorme sala, dándole alas a las notas del viejo maestro.

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