Una mezcla de suspenso psicológico y drama familiar es lo que propone Betty Fisher, película francesa dirigida por Claude Miller y protagonizada por Nicole García, Sandrine Kiberlain y Mathilde Seigner que se estrena hoy en varias salas.
Hay una novela policial de la escritora británica Ruth Rendell en la base del film, que cuenta la historia de dos mujeres, una joven escritora (Kiberlain) y una mesera de bar (Seigner) cuyas vidas sufren un vuelco dramático cuando muere el hijo de la primera y reaparece la madre de ésta, una mujer perturbada (Nicole Garcia) que imagina un ardid digno de su locura para solucionar la tragedia de su hija. Todo conduce a un secuestro y varias tensiones, en medio de lo que la mujer mayor entiende equivocadamente como "una prueba de amor". Los personajes deberán repensar sus sentimientos y sus relaciones a partir de la dramática decisión de la mujer.
La novela de Rendell había conocido una versión británica anterior que a veces aparece en el cable (Lazos familiares. 1988, dirección, Giles Foster, con Lauren Bacall, Helen Shaver), pero el director Miller confiesa que recién tomó contacto con la escritora luego de ver La ceremonia de Claude Chabrol, que se basaba en otro de sus libros, Un juicio de piedra. "De pronto me puse a leer a esa autora", señala el director, agregando: "Entre la decena de libros que devoré había uno, El hijo perdido, que me pareció muy interesante para una película". Esa preferencia no debe llamar la atención en Miller, quien antes adaptó, en La quiero con locura (1977), en la que actuaban Gérard Dépardieu y Miou-Miou, a la norteamericana Patricia Highsmith, quien puede ser la versión incivilizada de Ruth Rendell, e incursionó igualmente en el cine policial en Ciudadano bajo vigilancia (1981), que enfrentaba en un duelo intelectual al policía Lino Ventura y el sospechoso Michel Serrault.
COMPLEJIDADES. Miller explica que lo que más le gusta de la literatura de Rendell es que "siempre hay personajes femeninos muy ricos y complejos. Sus pulsiones a veces antagónicas les dan una ambigüedad que me conviene. Por otra parte, los suspensos que crea son construidos bajo problemas de clases sociales. Esto era evidente tanto en La ceremonia como en El hijo perdido, donde sitúa en principio dos mundos diferentes: el de Betty y el de Carole".
Como Highsmith, aunque es capaz de manifestar a veces una dosis de simpatía humana que estás excluido del universo de la autora de las andanzas del despreciable Tom Ripley, Rendell no se ocupa fundamentalmente de la elaboración de un misterio sino de los mecanismos de la psicología criminal. A juicio de Miller, Rendell utiliza esas herramientas como columna vertebral de sus conflicto, y ello es válido para la mayoría de sus novelas. Rara vez el suspenso aparece construido a partir de un crimen. "Si podemos reprochar a los personajes de ciertas novelas de suspenso el ser demasiado sistemáticos o mecánicos, nunca es el caso de Ruth Rendell, donde encontramos una gran empatía para todos los personajes, aún los más oscuros".
El resultado pudo llamar la atención de la crítica internacional, en particular en lo que tiene que ver con el desempeño de sus actrices principales. En el festival de Montreal 2001 el film obtuvo un premio de la crítica, y el premio a mejor actriz compartido entre Sandrine Kiberlain, Nicole García y Mathilde Seigner. García y Seigner compartieron también premio a mejor actriz en el Festival de Chicago. Entre las candidaturas al César del año 2002, el film figuró en las categorías de actor y actriz de reparto.