El escándalo fue chico, pero ocurrió. Hace cuatro meses, en torno a la ceremonia de entrega del Oscar, apareció en diarios de Los Angeles un aviso donde un miembro de la Academia de Hollywood "opinaba a favor de que se votara por Pandillas de Nueva York de Martin Scorsese", que era candidata en varios rubros para obtener el trofeo. Esa indiscreción perturbó a los directivos de la institución, que luego de la ceremonia se reunieron para considerar el resultado y sus entretelones. En esa reunión opinó Frank Pierson, el presidentede la Academia: "Estoy seguro de que todos los miembros votan según su propia conciencia, pero la controversia que generaron esos avisos en la prensa puede erosionar la credibilidad y el honor del premio".
No exageraba. Según surgió del debate subsiguiente, la Academia cree que deben establecerse límites a ciertos desvíos de conducta para que el Oscar no pierda su formalidad, su prestigio ni su rigor. Como se sabe, en el comienzo mismo de la historia del premio, a fines de los años 20, la nómina de ganadores se divulgaba antes de la fiesta en que se celebraba la entrega de las estatuillas, de manera que no había expectativas ni secretos. Pero al poco tiempo se establecieron las reglas que han seguido en vigor hasta hoy: la lista de triunfadores permanece en absoluta reserva hasta el momento en que esos nombres se proclaman desde el escenario, en el curso de la respectiva ceremonia, cuando los encargados abren los respectivos sobres lacrados.
Claro que una cosa son las normas y otra cosa son las transgresiones más o menos discutibles. Durante muchos años, los estudios se dedicaban a favorecer sus candidaturas enviando a los votantes (que son todos los socios de la Academia, una masa que hoy supera los 5.000 individuos) algún material publicitario o el video de esas películas que postulaban al Oscar, agregando en ocasiones una reunión, un cocktail o una comida para agasar a buen número de los electores en favor del candidato de los anfitriones. Según dicen en Hollywood, esa tendencia se agudizó desde 1998, año en que Shakespeare apasionado le ganó inesperadamente a Rescatando al soldado Ryyan, con lo cual el sello Miramax pudo suponer que había sabido armar una promoción mejor que la de Dreamworks.
Desde entonces las campañas previas han crecido, diversificándose los mecanismos para persuadir a los votantes o inclinarlos a votar a uno de los postulantes. Ahora sin embargo la Academia se queja de esos mecanismos, entre los cuales figura el envío de regalos, los videos envueltos el lujosas cajas, las fiestas con exhibición privada de una película y la correspondencia con mensajes a favor de algún candidato. Lo más llamativo es que Frank Pierson, que encabeza la reacción académica para depurar esos engranajes, organizó el año pasado un gran cocktail para favorecer la candidatura de la comedia Y tu mamá también, demostrando que en todos lados se cuecen habas. Pero ahora la cosa va en serio y los directivos de la Academia están dispuestos a frenar habladurías y cuestionamientos con la imposición de un reglamento más severo.
Las reglas dirán en adelante que "puede expulsarse a una película de la competencia si su campaña publicitaria se pasa de la raya". De manera similar, "será suspendido, expulsado o tachado de las candidaturas" cualquiera que quiebre las normas "o el espíritu de la premiación". Todo ello está claro, aunque no siempre resulta sencillo delimitar el alcance de un espíritu de premiación o medir cuándo una campaña publicitaria se excede de los volúmenes admitidos por la Academia. De cualquier manera, la entidad aprobó esa flamante reglamentación, endureciendo una actitud que en el pasado se limitaba "a reducir la cuota de entradas a la ceremonia" como castigo máximo para los estudios que "transgredían las reglas". Ahora Pierson declara que "estas condiciones más rigurosas tendrán por objetivo llamar la atención de Hollywood" y restituir a la fiesta anual la debida severidad.
Todos los años se gastan millones de dólares para respaldar a los candidatos, luego de que las listas definitivas de competidores se publican a mediados de febrero. En general, los estudios cinematográficos "consideran que ese gasto es una inversión, tomando en cuenta las posteriores ganancias que derivan de obtener un premio", pero mientras la Academia no formuló reparos al método de esos gastos, el volumen y la intensidad de los mismos fueron creciendo hasta correr el peligro —como dicen los directivos— de torcer la voluntad de los electores y modificar así lo que debería ser un fallo no influído por métodos espurios. En adelante la Academia parece dispuesta a defender el buen nombre del Oscar, aunque para una enorme opinión mundial alejada de Hollywood, lo único que importa son los nombres ganadores y casi nadie se entera de ese resbaloso entretelón.
"Aparte" iría al certamen
PAYSANDU I SANDRA KANOVICH
La película de Mario Handler, Aparte, podría ser candidata a los premios Oscar, anunció en Paysandú la productora del film, Pepi Goncalvez, quien aseguró haber recibido la confirmación de tal posibilidad por correo electrónico en las últimas horas.
Goncalvez informó que el polémico film concursaría en el género de non fiction, para el rubro de mejor película en lengua extranjera, lo que además podría significar su ingreso al mercado norteamericano. La conexión de este nuevo desafío exigirá a la producción un monto aproximado de 20 mil dólares, por lo que sus responsables comenzarán las gestiones para obtenerlos.
La responsable de su promoción agregó que la película ya tiene garantizada su exhibición en circuitos asiáticos y europeos, y que existen posibilidades ciertas de un próximo estreno en Argentina.
Como parte de la gira promocional que realiza por el interior del país, Goncalvez estuvo en Paysandú en la jornada de ayer, después de haber visitado distintas localidades de Colonia y Soriano, Minas, Cardona y Santa Lucía, entre otras.
Según aseguró, las localidades resultaron agotadas y en algunos casos debieron agregarse funciones y hasta hubo que poner sillas extras.