Alvaro J. Amoretti
El arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, dijo que en el país "hay una pobreza que se ha vuelto miseria" y que "ha hecho que mucha gente haya perdido su dignidad", reveló que la Iglesia Católica asiste mensualmente a decenas de miles de montevideanos con alimentos, ropa, asistencia jurídica y hasta medicamentos sin necesidad de "tocar la trompeta a los cuatro vientos para anunciar lo que se está haciendo" y lamentó que la dirigencia política uruguaya no esté diciendo que lo prioritario es que "hay hermanos que están en la calle, y a los que hay que sacar de esa situación".
"¿Se puede decir realmente que la política es una actividad al servicio del ser humano y de la sociedad? ¿No será que la política es, a veces, una plataforma de realización personal o grupal que sólo busca que pueda predominar una ideología?", se preguntó Cotugno, quien se mostró dolido por el hecho de que las cosas "que en los discursos le duelen a todos, no se puedan solucionar a través de una solidaridad efectiva, y no sólo declarativa".
En una entrevista concedida a El País, el arzobispo de Montevideo aseguró que la crisis económica y social ha acercado a más personas a la Iglesia Católica, y ha obligado a desarrollar en la capital "una cadena de la solidaridad realmente impresionante" que "no ve el que no quiere ver".
Lo que sigue es una síntesis del diálogo que El País mantuvo con monseñor Cotugno.
–Hay quienes afirman que es precisamente en tiempos de dificultades cuando las personas se vuelcan más hacia la fe. ¿Usted siente que la situación económica y social por la que atraviesa el país ha contribuido a acercar a los uruguayos a la Iglesia Católica?
–Lo siento y lo compruebo diariamente.
–¿Y en qué se refleja ese mayor acercamiento? ¿En que más uruguayos concurren a misa?
–Sí, pero no solamente.
–¿Y en qué más lo percibe?
–Y... lo vemos en la cantidad de gente que todos los días llega a nuestras parroquias y a nuestros templos, y golpea la puerta buscando ayuda. Le aseguro que es un fenómeno muy impresionante.
–¿Qué busca esa gente?
–Depende. En el fondo todos buscan a Dios. Y en lo concreto, algunos buscan una palabra de aliento, de esperanza. Otros llegan pidiendo una ayuda material que les permita superar su drama personal o familiar.
–¿Qué tipo de ayuda material?
–Dinero o trabajo. Y no sólo lo piden en las parroquias, sino que incluso hay gente que ha golpeado la puerta del Arzobispado y me ha pedido personalmente una solución a su problema. Piden dinero, o trabajo, o asistencia jurídica para salir de una determinada situación que los agobia.
–¿Y usted qué les responde?
–Que me gustaría poder ayudarles, pero que el Arzobispado y el arzobispo no tienen los medios económicos para ayudarles, ni la posibilidad de conseguirles el empleo que buscan.
–¿Y no puede hacer nada la Iglesia Católica para paliar la situación de los que más necesitan?
–Puede hacerlo y, de hecho, lo hace. Usted se sorprendería de saber lo que la Iglesia Católica está haciendo, por ejemplo, por miles y miles de montevideanos y cómo se está organizando para asistir a los que menos tienen a través de la Vicaría de la Solidaridad.
–¿Qué cosas concretas está haciendo la Iglesia Católica?
–Estamos repartiendo comestibles en decenas de parroquias de Montevideo. En algunos lugares una vez por mes. En otros, una vez por semana. Y algunas zonas, las más necesitadas, todos los días, o todas las noches. Yo mismo he salido por las noches a repartir comida caliente o un plato de sopa a los que nada tienen, porque viven en la calle. Y no sólo repartimos comida. También repartimos ropa a los que pasan frío. Y enseñamos oficios a los que quieren ganarse la vida de alguna forma honesta. Y damos asistencia jurídica y sanitaria, gracias al trabajo de una enorme cantidad de voluntarios, que ofrecen todo sin pedir nada a cambio. Estamos llegando a decenas de miles de personas cada mes. ¿Qué le parece?
–Que la Iglesia Católica "vende" muy mal lo que hace.
–Es verdad. Y por eso mucha gente se pregunta por qué la Iglesia Católica no hace nada por tanta y tanta gente que necesita ayuda. ¿Pero usted para qué se cree que queremos una radio? Para evangelizar. Y evangelizar no es sólo transmitir la palabra de Dios y rezar. También es hacer obras de bien para los demás y difundir esas obras, que benefician a varios miles de personas. Porque si eso sucede es porque, en silencio, se ha generado una cadena de la solidaridad realmente impresionante. Y que a esta altura es una cadena de solidaridad que no ve el que no quiere ver.
–¿Hay gente que no quiere ver lo que la Iglesia Católica está haciendo por los sectores más carenciados?
–No quiero ser drástico, pero en algunas posturas de corte ideológico y político me parece claro que hay una explícita intención de cerrar los ojos.
–¿De quiénes habla?
–Y... por ejemplo de quienes ensalzan el denominado "Plan Invierno". ¿Acaso no saben o no quieren saber que la Iglesia hace lo mismo, pero todo el año? ¿Verdad que es sorprendente?
–Volvemos a lo mismo. La Iglesia Católica no hace un buen marketing de sus obras sociales.
–Seguramente no, y tampoco salimos a repartir comida caliente con un fotógrafo o un camarógrafo, para que registre lo que hacemos. Es un poco aquello de "que no sepa tu derecha lo que hace tu izquierda". Porque cuando uno ayuda, no tiene por qué tocar la trompeta a los cuatro vientos para anunciar lo que está haciendo.
–¿Es condenable entonces la actitud de las empresas, los empresarios y hasta los dirigentes políticos que realizan obras sociales y divulgan a través de los medios de comunicación sus buenas acciones?
–No lo es, en tanto lo hagan no para demostrar lo macanudos que son, sino para la gloria de Dios.
–Alguien puede pensar que las empresas y los dirigentes políticos difunden las obras sociales que realizan para mejorar su imagen pública, de la misma forma que la Iglesia Católica ayuda a los que más necesitan para acercarlos a su fe. ¿Es así?
–No. Ese proselitismo, que la Iglesia hizo en alguna época, pasó. Nosotros ayudamos a la gente porque de verdad queremos a la gente. Y los ayudamos sin preguntarle si creen o no en Dios, y hasta sintiendo la humillación de tener que dar una limosna, porque no hay derecho que en este país haya seres humanos que tienen que vivir como viven. Y porque no hay derecho de que haya gente que no pueda ganarse el pan con el sudor de su frente.
–¿Le duele lo que ve?
–Me duele mucho. Me duele ver a los jóvenes que no tienen rumbo. Me duele ver a los niños pidiendo en los semáforos, y también a los adultos que explotan a esos niños y hacen de la mendicidad un negocio. Me duele ir a los asentamientos, como voy, y ver lo que uno ve cuando se mete adentro de las casas y observa cómo viven algunos hermanos, y algunos niños. Y me duele también que esas cosas, que en los discursos le duelen a todos, no se puedan solucionar a través de una solidaridad efectiva, y no sólo declarativa.
–¿Alude a los discursos de los dirigentes políticos?
–Y... ¿se puede decir realmente que la política es una actividad al servicio del ser humano y de la sociedad? ¿No será que la política es, a veces, una plataforma de realización personal o grupal que sólo busca que pueda predominar una ideología?
–¿Usted siente que la dirigencia política uruguaya en general se ha olvidado del ser humano?
–Yo siento y lamento que la dirigencia política uruguaya no esté diciendo que lo prioritario es que hay hermanos que están en la calle, y a los que hay que sacar de esa situación. Y siento que, por fuera del sistema político, hay mucha gente que se está juntando y se está organizando para enfrentar esta situación que estamos viviendo, y que yo considero intolerable.
–¿Por qué?
–Porque hay una pobreza que yo nunca había visto en este país, y que se ha vuelto miseria. Y porque hay una miseria que ha hecho que mucha gente haya perdido su dignidad, y que ha tirado por tierra los valores de este país. Y eso no puede ser. No lo podemos admitir.
Una radio católica las 24 horas
–¿En qué etapa se encuentra su proyecto de que la Iglesia Católica tenga una radio?
–Estamos trabajando en eso. Queremos una radio que nos permita transmitir buenas noticias y evangalizar, y hacerlo durante las 24 horas del día.
–¿Está pensando en una emisora de AM o en una FM?
–Queremos tener la mayor llegada posible y, en ese sentido, estamos priorizando la opción de la emisora de AM.
–¿Están pensando en comprar una emisora de AM o en que alguien les ceda una onda?
–Estamos pensando en comprar una radio. Y hay varias ondas en venta.
–¿Y con qué dinero la van a comprar?
–Con la ayuda de la Divina Providencia.
–¿Y ayudará?
–(se ríe) Y... mis hermanos obispos de la Conferencia Episcopal Italiana ya me han comunicado que apoyan este emprendimiento y que lo harán posible.
–¿Eso quiere decir que ellos pondrán el dinero para comprar la radio?
–Y... si no nos piden cifras astronómicas, el dinero está. ¿Vio que la Divina Providencia ayuda? (se ríe a carcajadas).
Defender la vida
–¿Cómo debe comportarse un legislador que se dice a sí mismo católico cuando, ante un determinado proyecto como puede ser el de despenalización del aborto, sus lealtades partidarias chocan con sus convicciones religiosas?
–¿Y a usted qué le parece? ¿Hace falta que hable el Papa Juan Pablo II o que hable yo para que un legislador católico sepa lo que tiene que hacer?
–¿Sea del partido que sea?
–Sea del partido que sea. Hay un mandato de Jesucristo que es el de defender, por sobre todo, la vida. Justamente en su Encíclica de la Vida, el Papa Juan Pablo II habla de los legisladores, y establece qué es lo que tienen que hacer y qué es lo que no
–¿Por ejemplo?
–Que si hay una ley para despenalizar el aborto, un legislador católico tiene que oponerse con todas sus fuerzas.
–¿Alcanza con abstenerse o con retirarse de sala, como hicieron algunos legisladores en el Uruguay durante el tratamiento de la ley?
–No, mi amigo. Hay que jugársela.
–¿Y si hay dos proyectos para despenalizar el aborto, y hay certeza de que uno de los dos resultará aprobado?
–El Papa dice que el legislador católico no debe lavarse las manos, sino volcarse hacia el que proponga el mal menor.
–¿Algún legislador católico lo llamó para pedirle orientación religiosa, porque su sector político le pedía que votara algo que iba en contra de sus convicciones?
–Sí, varios. Y a todos los que lo hicieron, como a los que no llamaron, les recordé su deber.
COTUGNO DIXIT
- "Yo mismo he salido por las noches a repartir comida caliente o un plato de sopa a los que nada tienen, porque viven en la calle".
- "¿Pero usted para qué se cree que queremos una radio? Para evangelizar. Y evangelizar no es sólo transmitir la palabra de Dios y rezar. También es hacer obras de bien para los demás".
- "... por ejemplo de quienes ensalzan el denominado "Plan Invierno". ¿Acaso no saben o no quieren saber que la Iglesia hace lo mismo, pero todo el año? ¿Verdad que es sorprendente?".
- "Tampoco salimos a repartir comida caliente con un fotógrafo o un camarógrafo, para que registre lo que hacemos".
- "Ese proselitismo, que la Iglesia hizo en alguna época, pasó. Nosotros ayudamos a la gente porque de verdad queremos a la gente.
- "Y me duele también que esas cosas, que en los discursos le duelen a todos, no se puedan solucionar a través de una solidaridad efectiva, y no sólo declarativa".