Este gobierno "no ha hecho casi nada"

| Valoró y elogió el trabajo que se hizo para cerrar la renegociación de la deuda, pero afirmó que el gobierno del presidente Jorge Batlle nunca tuvo una agenda programática y no promovió la apertura económica y tampoco las desregulaciones

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ALVARO J. AMORETTI

El ex ministro de Economía, Ignacio de Posadas, tomó distancia de los analistas que aseguran que la recesión económica llegó a su fin y de las voces que, desde el gobierno, advierten incluso síntomas de reactivación, dijo que el país simplemente "ha tocado fondo" y que en esa situación "hay indicadores que ya no pueden seguir cayendo", y advirtió al sistema político acerca del peligro que supone que algunos factores externos que coyunturalmente benefician al Uruguay "nos hagan pensar que nuestros problemas ya pasaron y que podremos seguir adelante ‘haciendo la plancha’, porque "seguir ese camino sería fatal".

En una entrevista concedida a El País, De Posadas criticó duramente al gobierno, por entender que "nunca tuvo una agenda" y que "no ha hecho casi nada, excepto "hacer retroceder al país cinco años" e instalar en la opinión pública la convicción de que "todos los males de este país provienen de la aplicación de políticas ortodoxas y liberales que este gobierno jamás aplicó", pero indicó que el sistema político en su conjunto también "está equivocado" y que los uruguayos tienen "un grave problema cultural" que les lleva a apoyar "los discursos y los planteos de la década del cincuenta.

"Seguimos prefiriendo vivir de espaldas a la realidad. Y el sistema político sigue viviendo en ese mundo que no existe. Y el gobierno también. ¿O cómo se entiende que, cuando no hay un peso, todos los sectores políticos proponen cómo repartir mejor el dinero que no hay?", se preguntó De Posadas, quien dijo que "en el Uruguay seguimos creyendo en las soluciones ‘a la uruguaya’ y en que le podemos prometer cosas a todos", y "así nos va".

—Algunos analistas económicos sostienen que la recesión terminó. Y al mismo tiempo, desde el gobierno se asegura que ciertos indicadores económicos —aumento en la recaudación de la DGI y el BPS, mejora en las exportaciones y mayor movimiento en el mercado inmobiliario— permiten vislumbrar incluso el inicio de una fase de reactivación. Usted, ¿comparte esas lecturas?

—Mi impresión es que simplemente el país ha tocado fondo. Y cuando uno toca fondo hay indicadores que ya no pueden seguir cayendo.

—Pero el gobierno dice que hay indicadores que no sólo muestran que se dejó de caer, sino que revelarían que se empezó a crecer, aunque más no sea muy lentamente.

—Y eso es porque hay factores externos que están incidiendo fuertemente para que ello suceda. Por lo pronto, el Uruguay tiene hoy casi las mismas paridades cambiarias de 1997 y 1998, que fueron los años del boom exportador. Y a eso hay que sumarle que Argentina ha dejado de caer. Y eso no es malo, pero dista de ser todo lo bueno que algunos nos quieren hacer creer. Lo que me preocupa es que esos factores externos nos hagan pensar que nuestros problemas ya pasaron y que podemos seguir adelante "haciendo la plancha", o sea sin hacer lo que tenemos que hacer. Ese es el peligro que veo. Porque seguir ese camino sería fatal.

—¿Usted ve al gobierno "haciendo la plancha"?

—Desgraciadamente tenemos un gobierno que, desde que asumió, no ha hecho casi nada. Y digo "casi nada" y no "nada" porque valoro y elogio el trabajo que se hizo para cerrar la renegociación de la deuda, que no fue algo sencillo. Pero sacando eso, ¿qué más hizo este gobierno? ¿Alguien me puede decir algo que este gobierno haya hecho? ¿Alguien me puede decir cuál ha sido la agenda de este gobierno?

—El presidente Jorge Batlle llegó al gobierno con una agenda en la que la apertura de la economía y las desregulaciones ocupaban un lugar central. ¿Usted cree que esta administración no ha sido fiel a esos propósitos?

—Honestamente creo que este gobierno nunca tuvo una agenda. Y respecto a la apertura económica y a las desregulaciones, ¿qué hizo este gobierno?

—¿Usted cree que no hizo nada?

—Yo creo que en esos aspectos estamos peor, porque que lo que este gobierno hizo fue hacer retroceder al país cinco años, y ahora no hay quien no esté convencido de que todos los males de este país provienen de la aplicación de políticas ortodoxas y liberales que este gobierno jamás aplicó. ¿En qué está el proceso de asociación de Ancap? En nada, porque lo poco que se había avanzado ahora volverá a fojas cero. Y en materia de telecomunicaciones también hemos ido para atrás. Y el tema del puerto está trancado. Y el tema del agua y del saneamiento también, porque nadie sabe lo que va a pasar. ¿Y qué cosas nos propone este gobierno? ¿Votar un impuesto a los autos gasoleros para subsidiar a otros sectores? ¿En qué mundo estamos viviendo? Y ojo, que yo creo que el gobierno está equivocado, pero no está solo en su error.

—¿Quién más está equivocado?

—El sistema político en su conjunto. ¿O a usted le parece que con todos los problemas que tenemos se puede estar hablando de refinanciar las deudas por ley? ¿O usted entiende que, cuando no hay un peso, todos los sectores políticos proponen cómo repartir mejor el dinero que no hay?

—¿Y usted a qué atribuye esas conductas? ¿A demagogia?

—A que los uruguayos tenemos un grave problema cultural. Somos terriblemente conservadores y seguimos prefiriendo los discursos y los planteos de la década del cincuenta. Y eso significa que seguimos prefiriendo vivir de espaldas a la realidad. Y el sistema político sigue viviendo en ese mundo que no existe. Y el gobierno también. ¿O cómo se entiende sino que el gobierno negocie la quiebra de los bancos con los acreedores?

—¿Usted cree que el gobierno no debería asumir esa tarea?

—Es que yo no conozco ningún del país del mundo en el que la quiebra de un banco se negocie entre los acreedores y el ministro de Economía. Y los demás no lo hacen porque saben que no es el mejor camino. Pero acá, en el Uruguay, seguimos creyendo en las soluciones "a la uruguaya". Y en que le podemos prometer cosas a todos. Así nos va.

—¿A qué se refiere con lo de "prometer cosas a todos"?

—Y... acá vimos todos que la Unión de Exportadores fue a ver al ministro de Economía para reclamarle por la cotización del dólar. ¿Y el ministro qué les dice? Que el gobierno va a cortar la colocación de Letras de Tesorería en pesos, para que el dólar vuelva a subir. Y eso es una pésima señal.

—¿Por qué?

—Porque si se toma esa medida, hay dos opciones. O la política que se estaba llevando adelante hasta ese momento era equivocada, o era la correcta pero el gobierno está cediendo a la presión de los exportadores. Uno se queda con la duda, y con la decepción de ver a un gobierno que llegó con un discurso liberal, y que se entromete en todos los temas, y abre instancias de negociación en todos los temas. Y gobernar no es hablar y hablar. Gobernar es decidir.

—Este gobierno terminó en 2002, su tercer año de gestión fuertemente jaqueado y cuestionado, del mismo modo que la administración del ex presidente Luis Alberto Lacalle culminó su tercer año en 1992, tras perder por amplio margen el plebiscito de la Ley de Empresas Públicas y con una política económica cuestionada desde todos los sectores. Sin embargo, en 1993 y 1994 a aquel gobierno —tal como usted, siendo ministro, lo había advertido a los legisladores herreristas— los tiempos económicos le terminaron calzando con los tiempos electorales, y el Partido Nacional perdió las elecciones nacionales en un final de bandera verde. ¿No hay margen para pensar que con este gobierno, en lo que queda de 2003 y en todo el 2004, pueda suceder algo similar?

—Ojalá que sí. Pero yo veo diferencias entre un caso y el otro.

—¿Cuáles?

—El gobierno de Lacalle, y eso lo reconocen sus defensores y también sus detractores, empezó a hacer cosas a la mañana siguiente de las elecciones. Y nunca paró de hacer. Y es cierto que en diciembre de 1992 nos pegaron un revolcón tremendo. Pero fue eso, un revolcón. La agenda seguía en pie, y Lacalle la siguió llevando adelante, a veces hasta el exceso, sus ideas y su agenda. Porque si algún pecado cometió Lacalle fue empujar de más. Y eso no se ve ahora. Honestamente yo no lo veo.

—¿No cree que el gobierno tenga margen para dar un golpe de timón en lo que le queda de gestión?

—Es que cuando este gobierno tenía el apoyo parlamentario que necesitaba para hacer las cosas, jamás lo utilizó. Y no lo usó porque no tenía agenda ni poder de iniciativa. ¿Por qué tendríamos que pensar que lo va a hacer ahora, justamente cuando el gobierno se ha quedado solo?

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