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Noches de infierno y de desvelos
Cada vez son más los que no duermen de jueves a domingo. Dicen que no tienen respuesta de las autoridades. La Policía promete que actuará

Enrique Etchevarren, Rosa Aguirre, Martha Aguiar

Dormir se ha convertido en un sueño inalcanzable para cientos de familias que han tenido la desgracia de que cerca de su casa se haya instalado un local de baile o espectáculos.

La Intendencia de Montevideo estima que actualmente funcionan en la ciudad 500 de esos locales, con una alta concentración en la zona de la costa.

Aunque los técnicos de la IMM reconocen que los "ruidos molestos" son un problema creciente, cuando explican el procedimiento queda de manifiesto que todo depende de la persistencia de los vecinos en hacer denuncias.

Hombres y mujeres afectados por la situación dijeron a El País que tienen pocas esperanzas de que algún organismo vaya a hacer algo para que ellos puedan descansar.

La IMM exige la presentación de seis certificados y trámites distintos antes de autorizar el funcionamiento de un local de espectáculos, pero a los responsables no se les exige que prueben que su música no molestará a los vecinos y la oficina municipal competente tampoco realiza controles previos. Los encargados de los servicios afirman que la reglamentación no los autoriza a hacerlo.

Las quejas de los vecinos no se refieren sólo al volumen de la música, sino que hacen mayor hincapié en las molestias y desmanes que ocurren en los alrededores de esos centros de diversión y que convierten sus zonas en espacios donde abundan los jóvenes embriagados, las reyertas a puñetazos, los gritos y los insultos.

Algunos de los afectados se quejan de la inacción policial.

El ministro del Interior, Guillermo Stirling, dijo el viernes a El País que ordenó que las jefaturas de Policía de Montevideo y Canelones citen a los responsables de los locales denunciados para advertirles que de continuar los problemas pueden ser suspendidos o incluso clausurados (ver nota aparte). Stirling aseguró que está dispuesto a aplicar un decreto de 1980 que le da esa potestad a la Policía.

En la práctica no existen zonas de Montevideo vedadas al funcionamiento de locales de diversión, su horario de funcionamiento -que originalmente culminaba a las 5.00 de la madrugada- fue extendido hasta las 7.00.

Los técnicos de la IMM afirman que nada pueden hacer para controlar el nivel de ruido, si alguien no pone en marcha el procedimiento mediante una denuncia.

SERVICIO COMPETENTE. Ricardo Pratto es el director de Inspección General, la oficina de la IMM que tiene a su cargo la primera actuación en los casos de denuncias por ruidos molestos, aunque aclara al comienzo de la entrevista que "el servicio competente en definitiva es el de Instalaciones Mecánicas y Eléctricas".

Pratto y su equipo de inspectores estiman que hay 500 locales de espectáculos funcionando en Montevideo y reconocen que las quejas son crecientes.

Explica que las normas municipales fijan un principio muy elemental: "los ruidos no deben trascender a la casa del vecino" y agrega que "otras disposiciones establecen cuál es el nivel de ruido no admisible en la casa del denunciante, no en otro lado", por lo que concluye: "si no existe un denunciante no hay norma que establezca un nivel de ruido como molesto".

Pratto dice que la población no sabe cuál es el procedimiento para denunciar y que "la gente va al centro comunal, habla con un edil amigo, llama a la policía, porque desconocen que hay una fórmula para que la IMM intervenga rapidamente".

Explica que la manera correcta es llamar a un número telefónico, el 901.0006 que se conecta directamente con los inspectores que están en la calle. "Estamos tratando de difundir un poco más la línea", dice, agregando que "todos los días hay personal y equipos disponibles para medir".

El jefe de los inspectores explica el procedimiento que se sigue a partir de la denuncia: se concurre a la casa del denunciante y se procede a medir el nivel de ruido que llega a la vivienda. Después, el equipo se traslada al local denunciado, se trata de medir la intensidad de la fuente del sonido lo que difícilmente se logra ya que los responsables bajan el volumen cuando ven aparecer un inspector. Si esa primera infracción se constata, la sanción consiste en aplicar una multa de 8 Unidades Reajustables.

"Para que haya otra multa hay que detectar otra vez el problema. Las acciones se hacen a partir de las denuncias, hasta que no haya otra no puedo ir a medir", dice Pratto que admite que la sucesión de denuncias y multas puede demandar un buen tiempo.

Explicó que si los ruidos persisten se intima al responsable del local que presente un proyecto de aislación acústica dándole un plazo "razonablemente breve". Agregó que una vez presentado ese proyecto se le otorga otro plazo para que lo cumpla.

Para responder a las denuncias de ruidos molestos, la oficina municipal cuenta con tres equipos de dos funcionarios cada uno con un sonómetro, a lo que se suma un equipo supervisor.

Si bien Pratto asegura que el servicio funciona —"recibimos en promedio cuatro denuncias por fin de semana"— reconoce que muchas veces los empresarios nocturnos no gestionan la autorización municipal para funcionar, lo que deben realizar al menos 48 horas antes de la inauguración del local.

Pero aún los que gestionan ese permiso no son obligados a demostrar que han aislado acústicamente los locales.

El jefe de inspectores reconoce que en otros países esa prueba es de rigor y previa a la apertura del local y también admite que el tema de las denuncias por ruidos molestos cada vez se pone más "caliente".

"Cada vez hay más gente que se molesta", dice.

IMPOTENCIA. "Siento la impotencia de pensar a quién le puedo contar esto, para que alguna vez alguien haga algo", dice Fabián Dietrich que vive en Pocitos en la misma manzana en que funciona un conocido local de espectáculos nocturnos.

"Hace un tiempo atrás la empresa cambió de dueño y la situación es cada vez peor, el discjokey anda a los gritos y a medida que pasan las horas parece que van subiendo el nivel de la música", relata, agregando que puso doble ventana en su casa, pero en verano no puede estar encerrado.

José Luis Barreiro vive en la calle Pereyra y es otro de los infortunados que trata de acostumbrarse a sólo tener silencio tres días a la semana.

Cuenta que se mudó a la zona hace cuatro años y que desde entonces los vecinos vienen haciendo denuncias al centro comunal, aunque afirma que el procedimiento no deja de ser otro calvario.

"Uno tiene que levantarse en la madrugada, llamar a ruidos molestos y quedarse ya en vela esperando que vengan a medir", explica y recuerda que un vecino logró una vez que le impusieran una multa al local, pero que la segunda vez que llamó no le dijeron cuánto había arrojado la medición "y no pasó nada".

En otro sector de Pocitos, más de cien vecinos firmaron una carta dirigida a la Intendencia denunciando a un pub que funciona desde hace dos décadas en la calle Cavia.

El ruido de la música se enciende a las 2.00 de la madrugada y se apaga a las 6.00. Propietarios e inquilinos se quejan por igual. Los que viven en los pisos altos, porque el ruido trepa por las paredes, retumba y no deja dormir a nadie. Quienes habitan en las plantas bajas porque deben soportar todo tipo de desmanes, violencias y gritos que ocasionan los jóvenes.

"El dueño es amoroso. Yo hablo con él casi todos los días, pero no nos hace caso. Dice que ha puesto aislantes en los vidrios, pero nadie puede dormir en el vecindario. Yo me levanto a las 5 de la mañana a llamar por teléfono para que bajen la música, pero no me constesta nadie", dice una vecina llamada Gladys.

Los comentarios son más críticos cuando se habla con los habitantes de una casa: "Mire, cómo me dejaron el portón", comenta otra vecina mientras muestra unos pedazos de madera. "Agarran la puerta de mi casa a patadas, lo mismo que el portón, tocan timbrazos a las cinco de la mañana y hacen sus necesidades en el frente. Lo peor es que me dejan la ropa interior como recuerdo".

El portero de un edificio ubicado en frente de la discoteca dice que ve decenas de chicos drogados o borrachos en la calle. Incluso ha llegado a presenciar enfrentamientos a puño limpio o con palos. Cuando trata de decirles algo para frenar la violencia, le contestan: "la calle es libre..."

Hay orden de convocar a responsables

Guillermo Stirling. Ministro del Interior

– Si la norma para controlar la situación existe, ¿Por qué la gente que denuncia no tiene respuesta?

Nosotros hemos hablado con el jefe de policía a los efectos de que comience a convocar, a partir de las denuncias, a los titulares de esos locales comerciales y les informen que, de persistir todos los problemas que se generan fuera de los locales comerciales, la policía de Montevideo les va a aplicar las disposiciones del decreto que van desde suspensiones hasta la clausura.

— ¿Y qué ocurre si los dueños de los locales dicen que ellos no pueden controlar lo que pasa afuera, que es un problema netamente policial?

No, no es un tema policial porque en la mayoría de los casos adentro del local venden bebidas alcohólicas que se consumen afuera. El decreto del 80 lo dice muy claramente: "si se comprueban alteraciones del orden público o cualquier otra perturbación que afecte la tranquilidad de las inmediaciones..." Quiere decir que hay un error por parte de las autoridades municipales de que, en virtud de permitir la instalación de un local y como consecuencia de su concurrencia, se genera un tipo de actividad que afecta a cientos de personas.

— ¿Entonces ustedes van a tratar de responsabilizar a los dueños de los locales de lo que ocurre afuera?

De acuerdo. Anoche por ejemplo, me planteaban los rotarios de Atlántida que hay una boite Keops que se instaló en el centro del balneario y se clausuró porque no tenía habilitaciones. Allí se producen concentraciones importantes los fines de semana provocando la alteración del orden público, porque los jóvenes salen a los gritos, en estado etílico, creando una situación de verdadero escándalo. La jefatura de policía va a aplicar ésta disposición ahora.

— ¿Cuándo tomó usted la decisión de solicitar a la jefatura que realice éstas gestiones?

Hace relativamente poco. Fue a partir de un planteamiento de vecinos de la calle Sarmiento, y ahora también de vecinos del Parque Rodó.

– ¿Con la Intendencia han tenido algún tipo de contacto?

Yo creo que es un tema más complejo, porque se ha denunciado a la IMM por el volumen de la música, pero van miden los decibeles y dentro del local están bien. Pero el tema no es adentro del local, el tema son los entornos. Yo recuerdo la situación que vivieron los vecinos de la calle Barreiro donde había un local de venta "24 horas", que sólo pueden vender bebidas alcohólicas hasta las hora cero. Pero seguían vendiendo y había concentraciones de 100, 200, 300 personas en la calle que provocaban verdaderos escándalos. Nosotros no hemos hecho todos los controles que se debería sobre aquellos comercios donde expenden bebidas alcohólicas más allá de las 24 horas. Allí hay una falla política.

— ¿Va a haber un seguimiento más estricto por parte de la jefatura?

Primero, se va a citar a los dueños de los locales y se les va a advertir que, de persistir el estado de conmoción fuera, la policía va a suspender y clausurar los locales.

— Los problemas en la calle no solamente ocurren en las inmediaciones de los locales, también ocurre por ejemplo en la Rambla.

De acuerdo, porque hay locales, fundamentalmente en Pocitos, que siguen expendiendo alcohol después de las 12 de la noche y, lamentablemente, también hay lugares como las parrilladas y bares que no tienen la prohibición de seguir vendiendo después de esa hora, y eso ya es mucho más difícil de controlar. Si se controlaran todos los lugares públicos, el grado de represión sería muy grande.

— ¿Van a focalizar en los centros nocturnos y en los comercios que venden bebidas alcohólicas?

Si, en los lugares que están establecidos y que están afectando la calidad de vida de la gente. Será responsabilidad de los propietarios y sino también de la propia Intendencia. Yo creo que está faltando una normativa municipal que establezca que todos locales nocturnos se ubiquen en lugares donde no afecten la paz social.

— ¿Usted descarta acciones directas contra los jóvenes que tienen ese mal comportamiento?

Tendríamos que estar movilizando centenares de policías, que lamentablemente no tenemos, para controlar de jueves a domingos.

El tema es cortar la oportunidad de que se generen estos problemas, y que los propios titulares de los locales comerciales sean los responsables de que su negocio no altere la paz social.

Siete años para cerrar el local

Vecinos de Punta Carretas trabajaron durante 7 años para lograr la clausura de un pub ubicada en las cercanías de la calle Bompland. Uno de ellos hizo para EL PAIS, el siguiente relato.

"Formamos una comisión de vecinos que se reunía una vez a la semana para ver cómo podíamos enfrentar el tema. En un principio, llamábamos continuamente al teléfono de la IMM que funciona de jueves a domingos. Es un teléfono que depende de Inspección General de Espectáculos Públicos. También nos turnábamos para llamar a los móviles policiales. Después de estar varios años en infracción, el local logró realizar un acondicionamiento acústico. Pero cuando había peleas adentro, los mismos patovicas sacaban a la gente fuera. Eso creó un ambiente infernal en el barrio.

Al principio teníamos la dificultad de definir quién tenía que hacerse cargo de cada problema, porque nosotros llamábamos a la policía y nos decían que hicieramos la denuncia en el Centro Comunal al otro día. Allí nos decían que los problemas correspondían a Orden Público y que tenía que atenderlos el Ministerio del Interior. Hasta que no logramos coordinar todos esos temas, no pudimos conseguir nada.

En una oportunidad, los vecinos tuvimos una entrevista con el ministro Stirling donde planteamos todos los problemas que teníamos, que eran problemas de orden público. También mantuvimos una reunión con Arana en el Planetario, en mayo de 2002. Era una reunión de evaluación en el que cada grupo de vecinos de distintas zonas, planteaban su problema. Allí le hicimos llegar una carta donde explicamos que el pub tenía decretado el cierre desde febrero de 2001, porque no había podido renovar la habilitación provisoria que tenía. Pero la clausura no se había llevada a cabo, porque su propietario siempre lograba una nueva prórroga en la Intendencia. Arana se comprometió a ocuparse. Tuvimos un gran apoyo de los integrantes de la junta local.

En cuanto al Ministerio del Interior, después de la reunión que mantuvimos con Stirling, tuvimos reuniones en la comisaría con el comisario y personal de narcóticos. Hubo un cambio importante en la actitud de la policía. Al principio no conseguíamos que la policia viniera y actuara. Nunca podían mandar el móvil. Desde que intervino Stirling y hubo un llamado de atención a la comisaría, ellos comenzaron a responder.

La clausura no se logró apelando a los ruidos molestos, sino a los perjuicios que causaban al entorno. Hasta hechos de sangre tuvimos que presenciar."

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