Apatía y aburrimiento en el clima electoral

Buenos Aires | ANSA. Con apatía y cierta dosis de aburrimiento, los argentinos ingresaron hoy en la última semana de la campaña electoral para las elecciones del domingo venidero, que se avecinan con un final abierto y la certeza de que será necesario convocar a una segunda vuelta, para elegir al futuro presidente del país.

Desde el retorno de la democracia en 1983, se han realizado en Argentina cuatro elecciones presidenciales que, todas, tuvieron su atractivo político o por lo menos una cuota de pasión popular.

La primera significó el epílogo de la dictadura militar y la esperanza de que hubiese justicia para los desaparecidos, los presos políticos y los exiliados.

En 1989, en medio de los saqueos, Carlos Menem emergió como la esperanza de las clases populares y fue reelecto en 1995, con el apoyo de una clase media que había despertado al consumo.

En 1999, el gobierno de la Alianza de Fernando de la Rua movilizó a millones de argentinos con la promesa de terminar con la corrupción, para construir un país más solidario.

En todas las campañas hubo marchas kilométricas para que los candidatos saludaran a las multitudes convocadas a su paso, entre serpentinas, bombos, bocinazos y papelitos, como en los estadios deportivos.También hubo concentraciones de miles de personas, que, por ejemplo, en 1983, todavía con los militares, superaron el millón de personas.

Ahora, en cambio, no hubo marchas que atravesaran la ciudad aclamadas por multitudes y las escasas concentraciones estuvieron sospechadas de reunir a un público pagado por los organizadores.

La apatía de estos días es un espejo que refleja el desencanto y la desconfianza con la mayoría de los candidatos, divorciados de una sociedad que luego del estallido popular de diciembre del 2001 bramó que "se vayan todos" en movilizaciones masivas y golpeando sus cacerolas.

La sociedad argentina fracasó en su campaña para forzar la renuncia masiva de la clase dirigente, pero a cambio de ese desplante, hoy parece desentenderse de las elecciones del domingo venidero.

Solo el candidato oficialista Néstor Kirchner logró reunir 30 mil personas en el Estadio de River Plate, durante un acto que demandó doscientos mil dólares en organización y que fue "palanqueado" por el aparato del gobierno de Eduardo Duhalde y sus caudillos bonaerenses.

Carlos Menem promete llevar más gente el próximo jueves al Estadio de River Plate, aunque sus colaboradores le advirtieron que se trata de una apuesta demasiado arriesgada.

Menem, que cree en las cábalas, no olvida que en 1989 también cerró su campaña en el Estadio de River Plate, sin necesidad de repartir viandas o promesas de subsidios. Pero eran otros tiempos. Todavía el peronismo era uno solo y la sola invocación a Juan Domingo y Eva Perón movilizaba multitudes.

"Los actos están comprados, llevan gente pagándole alrededor de veinte pesos (siete dólares) a cada uno, por eso no nos interesa organizar un acto de cierre en un estadio de fútbol, preferimos casa por casa", aseguró a la agencia de noticias ANSA Martín García, jefe de prensa de Adolfo Rodríguez Saa, el tercer candidato peronista en disputa.

Para colmo, la guerra de Irak desalojó a los políticos argentinos de los medios de comunicación y cuando cayó Bagdad, la atención popular se volcó hacia el crimen de una señora de la alta sociedad, dirigente de una sociedad de beneficiencia, asesinada en un exclusivo barrio privado de Buenos Aires.

Si bien el crimen de la mujer, Marta García Belsunce, ocurrió hace seis meses, la detención la semana pasada del viudo, como supuesto autor del asesinato, reactualizó el interés casi morboso por una historia donde se mezcla el dinero, el poder, los dobles apellidos, las infidelidades y otros ingredientes que no se consiguen ni en las telenovelas.

Para los devaluados políticos argentinos, es casi imposible disputar el interés del público con esa trama policial que hasta el presidente Duhalde calificó de "apasionante" y que reconoció seguir atentamente por televisión.

A seis días de las elecciones, la única certeza de los encuestadores es que habrá segunda vuelta el 18 de mayo, entre los dos candidatos más votados, ya que ninguno alcanzará el 45 por ciento como para imponerse en el primer turno electoral.

Además, el bombardeo de las encuestas han terminado por agobiar a los argentinos, que a cada rato escuchan como, supuestamente, suben o bajan los cinco primeros candidatos con posibilidades de acceder a la segunda vuelta.

¿Menem contra Kirchner, Ricardo López Murphy contra Kirchner, Elisa Carrio contra Menem, Menem contra Rodríguez Saa...?, todo es posible en la Argentina de estos días, donde pocos están seguros de a quien votar.

Para colmo, ya existe la sensación de que cualquiera sea el ganador, el próximo gobierno será débil y estará corrido desde el primer día por las presiones del FMI, que el lunes próximo volverá a desembarcar en Buenos Aires, para aplicar una marca personal a quienes pasen a la segunda vuelta.

Si es difícil definir el voto del domingo, mucho más traumático puede resultar esa segunda vuelta, aunque algunas personas, como la primera dama, Hilda "Chiche "González de Duhalde tiene muy en claro cual será su opción: "Si el ballotage es entre Menem y López Murphy, votaré en blanco", confesó hoy al periodismo. Millones de argentinos podrían seguir su ejemplo.

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