Se multiplican las manifestaciones anti-EEUU

"¡Abajo Bush!", "¡No a la ocupación!", "¡Estadounidenses vuelvan a casa!": muchos ciudadanos de Bagdad cambiaron las flores y los vítores a los soldados norteamericanos por protestas motivadas por la falta de resultados de la guerra, la falta de electricidad y los saqueos en la capital.

"Go home!", gritan los cuatro ocupantes de un automóvil cuando pasan frente a una patrulla de soldados estadounidenses en la concurrida calle Karrada Dakhel hoy a mediodía.

La reacción de los militares no se hace esperar. Los cuatro jóvenes estudiantes son sacados del automóvil a la fuerza y lanzados al suelo a empujones: el rostro contra el asfalto y las manos atadas a la espalda.

Los insultos de los soldados, que registran el automóvil en busca de armas o explosivos, suben de tono, la gente se agolpa alrededor sin saber qué hacer y gracias a la defensa de algunos iraquíes que hablan inglés, los jóvenes son liberados y obligados a marcharse rápidamente.

"¡Les odio, juro que les voy a matar! ¡Cualquier día me pondré un cinturón de explosivos!", grita Nebrás, uno de los ocupantes del pequeño automóvil una vez superado el incidente.

Todos los días, estos estudiantes que rondan la veintena van a protestar "contra la ocupación" frente al hotel Palestina, donde se concentran los Marines estadounidenses. "Han ocupado nuestro país, han matado a nuestra gente y a cambio ¿qué nos van a dar? ¡Nada! Irak está acabado", aseguran.

A pocos metros del lugar de este incidente, en el hotel Palestina, las manifestaciones se multiplican: profesores de universidad, médicos, abogados o simples ciudadanos vienen todos los días a protestar contra la guerra y contra los "planes ocultos" de Bush para Irak.

"No tenemos miedo a que disparen contra nosotros. Lo que estamos haciendo es lo correcto. Este es nuestro país y sólo Dios nos juzgará", apunta Yasir, ingeniero, de 40 años, que sujeta una pancarta que reza "Sí a la libertad, Sí a Irak, no a la ocupación".

A los gritos de "Down, Bush, Down!" (Abajo Bush), los nervios de los Marines, algunos de ellos jóvenes de menos de 20 años, cansados y atemorizados, se crispan. En pocos minutos, el hotel es acordonado, aislado y el paso se prohíbe incluso a los periodistas que se alojan en su interior.

El miedo a atentados suicidas de parte de un pueblo que cada día tiene menos que perder va en aumento, afirman los soldados, que multiplican los registros a automóviles, pertenencias y personas de cualquier edad y nacionalidad.

"El hotel Palestina, repleto de Marines y prensa extranjera, es el lugar perfecto. Deberían tener cuidado", afirma Saher, ex-empleado del ministerio de la Información.

Los iraquíes más viejos que acuden al hotel Palestina aseguran que nunca vieron Bagdad en semejante "estado miserable" y contemplan con impotencia los tanques que les cortan el paso. La falta de electricidad o de seguridad en las calles está mermando el ánimo y las esperanzas de sus ciudadanos en esta ofensiva.

"Sunnitas, chiítas estamos unidos, nuestro país no está en venta", "Sí al Islam, no a los terroristas estadounidenses", claman los manifestantes durantes horas.

Mientras tanto, en las calles de Bagdad, los tanques patrullan cada vez con más frecuencia las calles con soldados a pie escoltados con tanques que cada vez reciben menos gestos de aprobación y sonrisas de los ciudadanos.

"Esta es la libertad que prometieron para Irak. ¿No es maravillosa?", asegura irónico Ahmad, comerciante de Bagdad, mientras contempla la procesión de tanques pasar. AFP

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