CARINA NOVARESE
Las ventas en las ferias alimentarias de Montevideo aumentaron entre un 30 y un 40% en el último año, dijo a El País el presidente de la Asociación de Ferias, Ariel Peña. Como consecuencia de la recesión económica pero sobre todo a raíz del aumento de la inflación que siguió a la devaluación, los consumidores buscan cada vez más el mejor precio, para lo cual "ahora sí sacrifican la comodidad y el horario que les ofrecen otros mercados para obtener en la feria diferencias importantes, que pueden llegar hasta cinco o seis pesos en un kilo de fruta o verdura", indicó el directivo de la asociación que agrupa a 1.200 feriantes.
Los vendedores también se han modernizado; muchos aceptan tarjeta de crédito y la mayoría incluyeron servicios a domicilio entre sus propuestas para atraer clientes.
Por otra parte, la crisis y el desempleo han extendido geográfica e irregularmente a las ferias vecinales; el fenómeno, denominado por las autoridades y los propios feriantes como "periferia", se produce en muchas de las ferias alimenticias, cuando vendedores de todo tipo, pero también de frutas y verduras, se instalan irregularmente en los alrededores de la feria establecida. Así se genera una "competencia desleal", tanto para los comerciantes establecidos como para los propios feriantes, que deben pagar diversos tributos y tasas para instalarse legalmente.
La Asociación de Ferias ha mantenido reuniones en los últimos días con la Asociación Comercial del Uruguay, buscando soluciones que den seguridad a la creciente clientela que se acerca hasta los puestos de frutas y verduras. El objetivo es delimitar con claridad donde empiezan y terminan las ferias y, por otra parte, impulsar un mayor control de las periferias para evitar allí la venta de productos alimenticios.
"Por un lado hay un tema de seguridad sanitaria, pero también hay que tener en cuenta que existen feriantes que decidieron dejar de pagar sus obligaciones e instalarse en las periferias", explicó Peña. Los feriantes deben pagar el llamado monotributo al BPS y la DGI, cercano a los 1.200 pesos. Además abonan 18 pesos diarios para la limpieza y 16 para la vigilancia que realizan policías contratados como servicio 222. Muchos también pagan derecho de piso así como una tasa para el control de sus balanzas, una tarea que realiza Metrología dos veces por año.
Las periferias se multiplican cada día sobre todo en los barrios más alejados del centro y la costa de Montevideo. En la feria de la calle Freire, en el barrio Belvedere, los puestos habilitados de frutas, verduras y alimentos en general, ocupan poco más de dos cuadras, pero la periferia se extiende por más de seis cuadras, hasta llegar a Garzón. En Pocitos, en cambio, la feria de los miércoles ubicada en Brito del Pino casi no tiene vendedores ambulantes instalados a su alrededor.
Para la Asociación la extensión de estas periferias responde en gran parte a la situación económica, pero también a la falta de controles por parte de la Intendencia, "o de quien corresponda", según Peña.
"En las periferias hay de todo. En muchos casos los vendedores acceden a productos alimenticios muy baratos, cuya seguridad no siempre se puede garantizar. Eso les permite ofrecerlos a muy buen precio, lo que asegura la venta. Así esta gente evita dedicarse al contrabando, para lo cual debe conocer los mecanismos, o a la ropa, que exige mucho más capital", explicó el gerente de la Asociación Comercial, Aníbal Glodofsky.
Tras la renuncia de la anterior directora de Defensa del Consumidor, Beatriz Ramos, los feriantes confían en que se lograrán acuerdos con esta repartición estatal. Luego de una reunión con la directora de Comercio, Fanny Trylensiski —de quien depende Defensa al Consumidor— ahora se avanza en la formación de una comisión mixta para la mejora de las ferias.
Para Peña lo ideal sería que los periferiantes "competitivos" —quienes venden fuera de la feria los productos tradicionales de ésta— se instalen dentro de las zonas habilitadas y paguen los impuestos y tasas establecidos por la ley. "Eso sólo se puede hacer con mayor control de la Intendencia".
MUCHOS PUESTOS. Cada vez son más las solicitudes que recibe la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) para establecer puestos en las ferias alimentarias. Si bien no existe un estudio que demuestre que un alto porcentaje de la población volvió a comprar en las ferias vecinales y dejó otros comercios de lado, las autoridades no dudan a la hora de asegurar que las ventas se incrementaron.
Una encuesta realizada en el año 2000 determinó que el 76% de los montevideanos concurrían a las ferias; de ellos un 43% compraban allí una vez por semana. El principal motivo que mencionó el 75% de las personas que van a la feria para comprar en ellas fueron los "precios más baratos", mientras que el 9% dijo que los productos son más frescos y el 8% que hay más variedad.
Actualmente en Montevideo hay 160 ferias alimentarias de las cuales 30 son administradas por la Intendencia y el resto por el Area de Defensa del Consumidor. Esta última repartición del Ministerio de Economía regula todo lo referente a las 22 ferias alimentarias que se trasladan de un barrio a otro durante seis días a la semana.
Según datos de la Asociación de Feriantes cada año se comercializan 170.000 toneladas al año de productos hortifrutícolas, lo que implica que por las ferias pasa más del 70% de la producción total de este tipo. Los últimos registros de la comuna, en tanto, señalan que más de 4.000 familias viven de las ventas de estas ferias.
Para los feriantes la afluencia de público aumentó pero al mismo tiempo se redujeron los márgenes de ganancia, porque cada vez deben cobrar menos para que los clientes compren. Ricardo Ruiz es feriante desde hace 40 años; en un día bueno logra una recaudación de 15.000 pesos. Aunque no se queja —"hay más gente", dice—, también aclara que deben pelear los precios todo el tiempo.
Por su parte Carlos Llordal, propietario de un puesto de lácteos y comestibles que también itinera entre las ferias alimentarias, está convencido de que "vienen más clientes porque están cansados de que los roben en otras partes".
Para el presidente de la gremial de feriantes, en tanto, si bien cada vez hay más gente que intenta obtener un permiso para instalarse en ferias, también son muchos los que pronto deben abandonar. "Son personas que vienen de otras actividades, que se quedaron sin trabajo y buscan poner a andar un negocio con el poco capital que tienen. Pero competir con el feriante viejo, con una experiencia enorme, no es fácil", explicó Peña.
Tal como informó la directora de la División Oeste de la comuna, Ana Olivera, el aumento de la demanda trajo como consecuencia el incremento de los productos de contrabando, la adulteración de fechas de vencimiento y denuncias por parte de los vecinos.
La jerarca explicó que la IMM realiza controles en los predios cuando se registran denuncias de vecinos o comerciantes. Olivera dijo que la IMM estudia diferentes proyectos para mejorar los servicios de las ferias. Para eso coordinará acciones con el Area de Defensa del Consumidor.
Las 30 ferias que son administradas por la IMM son controladas periódicamente por inspectores municipales. Actualmente la comuna tiene previsto elaborar un plan para atender los puesto que se ubican en los alrededores de las ferias.
Piden que se den menos permisos para alimentos
En los últimos tiempos aumentó en gran proporción la compra de productos de almacén en las ferias. Si bien tradicionalmente allí siempre se vendieron frutas y verduras, así como lácteos, productos chacinados y pescado, desde hace unos años cada vez se solicitan más permisos para instalar puestos de mercadería que normalmente se puede comprar en almacenes o supermercados, desde harina hasta arvejas.
La comisión mixta que en estos días se estudia instalar en la órbita de la Dirección de Comercio para discutir el mejoramiento de las ferias, no sólo incluirá a la Asociación de Feriantes sino también a Cambadu (Centro de Almaceneros Minoristas y Baristas del Uruguay). "Las ferias alimenticias deben existir pero Cambadu considera que hay demasiados almacenes dentro de ellas", explicó Ariel Peña, presidente de la Asociación de Ferias.
El directivo confirmó que en los últimos tres años se han dado más permisos para este tipo de puestos que para los tradicionales La Asociación está dispuesta a controlar el número de permisos en adelante, aunque pide que se respeten los ya otorgados.
En todas las ferias vecinales de Montevideo hay por lo menos dos o tres puestos que venden comestibles de todo tipo. Es el caso de Carlos Llordal, propietario de un gran camión en el que vende lácteos y de un puesto anexo en el que ofrece casi cualquier alimento.
El secreto, según dice, es encontrar el precio más bajo, para lo cual recorre importadores y almacenes mayoristas e incorpora marcas que comúnmente no se encuentran en las grandes cadenas de supermercados.
"Lo importante es tener un poco de todo", dijo el feriante el miércoles, y destaca que en su puesto las diferencia de precios con respecto a otros comercios pueden llegar hasta 30 pesos por un kilo de productos tales como quesos o dulce de leche. Allí se venden 200 ravioles por 27 pesos, por ejemplo, o 150 ravioles "especiales" por 29. También se encuentra queso magro de diferentes marcas por precios que oscilan entre los 60 y 90 pesos.
El caso de los quesos es uno de los más notorios. Si bien difieren los productores y probablemente la calidad, los feriantes anuncian en sus carteles queso del tipo Colonia desde 40 pesos e incluso menos. El rallado, en tanto, cuesta 8 pesos los 100 gramos, aunque también se puede comprar el queso duro o semi duro desde 55 pesos el kilo.
Una de las clientas de Llordal es María que va a la feria de su barrio desde hace 30 años. Dice que lo hace no sólo por precio, sino también por amabilidad y servicio. "Pero ahora cada vez se nota más la diferencia: el otro día me quedé sin arvejas y fui hasta un mercado cerca de casa. Me costaron 12 pesos. Acá hoy las compré por ocho".