CARINA NOVARESE
La Comisión de Patrimonio Nacional decidió esta semana elevar al Ministerio de Educación todos los antecedentes de un pedido de autorización de investigación realizado por el arqueólogo Antonio Lezama, cuyo objetivo es la exploración del desaparecido pueblo de Las Víboras, ubicado en las inmediaciones de Carmelo. El organismo que rige sobre el cuidado de los bienes patrimoniales de Uruguay solicitó además al ministro Leonardo Guzmán el inicio de una investigación administrativa sobre el tema.
En una carta enviada a varios medios de comunicación, Lezama denunció que el 16 de febrero se cumplieron dos años de la solicitud de autorización para la realización de la investigación arqueológica en cuestión. Las Víboras fue uno de primeros poblados de la campiña uruguaya y buena parte de su población fue la que luego originó la base de la de Carmelo, en el departamento de Colonia.
La Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación fue creada en 1971 y su cometido es "asesorar al Poder Ejecutivo en el señalamiento de los bienes a declararse monumentos históricos", según el artículo 2 de la Ley 14.040. Además entre sus cometidos está la "preservación de los sitios arqueológicos". Por esta razón quienes pretendan realizar excavaciones o estudios de este tipo deben solicitar autorización previa.
La Comisión posee tres departamentos, uno de ellos dedicado exclusivamente a la Arqueología. En él se desempeñan técnicos que cumplen la función de asesores de la comisión directiva y que son los encargados de evaluar los proyectos presentados. En el caso de Colonia, Nelsi Fusco es la licenciada en Arqueología que suele realizar los informes y que en este caso puso "objeciones que nada tienen que ver con los fines que la ley fija a la Comisión del Patrimonio", según manifestó Lezama. El arqueólogo incluso llegó a denunciar que "parecería que esta técnica pretendiera ejercer un verdadero monopolio arqueológico sobre la totalidad del departamento (de Colonia)".
Consultado sobre el tema el presidente de la Comisión de Patrimonio, Jorge de Arteaga, declinó hacer comentarios en virtud de la investigación que se llevará adelante en Educación y Cultura. En tanto, el representante de la Universidad en la comisión, el ex decano de Humanidades Carlos Zubillaga, evaluó que el proceso que se siguió en la comisión fue el adecuado y normal. Consideró además que el tema no tiene "relevancia académica ni científica". "La comisión se expresó en varias ocasiones solicitando ampliaciones y aclaraciones, que no se cumplieron. Es como todo trámite y tienen ciertos pasos. Si el peticionante no cumple y deja pasar los meses, luego no puede imputar ese tiempo a la incuria del organismo que toma las decisiones", agregó.
DIFICULTADES. Según dijo Lezama a El País "las dificultades con la Comisión del Patrimonio son permanentes", aunque aclaró que esto no tiene que ver con sus integrantes sino con el mecanismo de su funcionamiento. Desde su punto de vista "es una comisión honoraria que tiene muchísimas tareas y que no fue creada considerando las actuales particularidades de la gestión del patrimonio nacional". Cuando surgió la comisión en Uruguay todavía no había arqueólogos profesionales, con lo cual la única preocupación era evitar que los aficionados dañaran el patrimonio, pero casi no se previó la posibilidad de grandes investigaciones. "Como consejo de notables, para lo cual fue creado, la comisión no tiene previsto un funcionamiento ágil para estos temas", consideró Lezama.
El País también consultó a la arqueóloga Fusco, técnica de la Comisión de Patrimonio, quien prefirió no hacer declaraciones. Para Lezama la comisión ha objetado aspectos de su investigación que "no deben ser objetados porque tienen que ver con el perfil de la investigación, algo sobre lo que la comisión no tiene injerencia, porque es el académico el que lo determina. Si yo digo que voy a caminar hacia el oeste para buscar determinado elemento, vuelve un informe de la arqueóloga que dice que tengo que caminar hacia el este, con lo cual todo vuelve al punto de partida".
Otros proyectos arqueológicos no requirieron etapas de aprobación tan extendidas. El propio Lezama lleva adelante una investigación en la Ciudad Vieja, en busca de lo que fue Puerto Chico, el muelle anterior a la fundación de Montevideo en el siglo XVIII. La autorización fue concedida por la Comisión de Patrimonio en poco tiempo.
Fuentes de la comisión reconocieron que el proceso se ha extendido más de lo usual, por "desentendimientos" entre la arqueóloga de este organismo y Lezama.
DESAPARECIDO. Las Víboras fue un pueblo que existió durante unos 100 años y que luego desapareció. Su leyenda, sin embargo, persiste hasta el día de hoy, sobre todo a raíz de la tradición oral y de los recuerdos heredados por los habitantes de Carmelo, cuyos antepasados en muchos casos vivían en Las Víboras.
Los estudios realizados por Lezama, su equipo y los propios carmelitanos entre setiembre y diciembre del año pasado (a pesar de que no contaban con la autorización de la Comisión), permitieron encontrar los cimientos de la capilla de Las Víboras. El equipo de arqueólogos ya sabía que el caserío estuvo alguna vez ubicado a 15 kilómetros de Carmelo, contra el arroyo Las Víboras.
El pueblo, de los primeros de la campaña oriental, surgió a mediados del siglo XVIII y duró hasta mediados del siglo XIX. Si bien no era grande ni importante, Las Víboras era la cabeza del partido, es decir la jurisdicción política gobernada desde Buenos Aires en la etapa colonial. En la población se nucleaban buena parte de los estancieros de la zona –de gran actividad agropecuaria en la época– y en él se desarrollaban la mayor parte de las actividades públicas, tales como el registro de los nacimientos, casamientos y defunciones que realizaba el cura párroco de Las Víboras. Allí también estaba la guardia militar de la zona.
La gente que vivía allí emigró luego hacia lo que hoy es Carmelo y Nueva Palmira. Entre las teorías que explican su desaparición, se estima que los cambios en el funcionamiento del campo uruguayo tuvieron mucho que ver; "con el tiempo la circulación comenzó a realizarse por la costa y así este pueblo quedó alejado de ella ", explicó Lezama.
También se ha mencionado a la Guerra Grande como culpable de la desaparición del poblado, porque allí se habría producido un gran enfrentamiento que asoló el núcleo habitado.
La explicación del arqueólogo para empezar las investigaciones sin permiso de la comisión se relaciona con el presupuesto universitario y los recursos que deben usarse en determinados períodos. "Cuando todo estuvo pronto para investigar y sin aparentes objeciones nuevas de la comisión, empezamos el trabajo confiando en que el permiso definitivo llegaría en poco tiempo", dijo Lezama. En julio de 2002 la comisión le notificó por escrito que no había más objeciones y en setiembre comenzaron los trabajos de campo.
METODOS. Entre ese mes y diciembre se realizaron recolecciones superficiales, alternadas con sondeos y pequeños cateos para ver qué se encontraba debajo del subsuelo. El lugar está ubicado en una propiedad privada, en realidad un establecimiento en el que la tierra fue arada durante muchos años.
El trabajo realizado hasta el momento más que de investigación en sí misma fue de extensión universitaria, porque involucró a buena parte de la población de Carmelo para que colaborara en la recuperación del pueblo de Las Víboras; participaron desde estudiantes hasta profesionales y la iniciativa contó con el permiso de la comisión permanente de la Ciudad Vieja de Colonia, así como de Secundaria (para que pudiera integrarse los liceales) y de los dueños de las tierras en cuestión. "Si fue un secreto fue gritado a voces, porque todo el mundo habló de eso", dijo Lezama.
En diciembre, un asesor de los Museos municipales de Colonia denunció en una radio de Carmelo que el trabajo del equipo era un "acto de piratería" porque no contaba con la autorización de la comisión de Patrimonio. Luego la propia Comisión decidió detener el trámite de autorización, dijo Lezama.
Cuando la investigación se interrumpió ya se había ubicado el cementerio de lo que fue Las Víboras, que a su vez estaba bajo la capilla, ubicada en el centro del pueblo. La excavación propiamente dicha fue solo de dos metros cuadrados, en un poblado que se estima tuvo 100 hectáreas.
"Lo que tenemos es el lugar donde estuvo uno de los pueblos principales de nuestro período colonial. Ahora, sobre sus vestigios, hay girasol plantado y no se toma ninguna precaución para preservar lo poco que pueda quedar. Y así estamos", dijo Lezama.
El tema ahora depende de la investigación administrativa pedida por Patrimonio.
Purificación: los albores de la patria
n La investigación arqueológica de lo que fue Las Víboras es la primera que se realiza en Uruguay en busca de todo un pueblo. Algo similar es lo que se ha hecho reiteradamente –y siempre con mucha polémica– en busca de la Villa Purificación, Cuartel General de las fuerzas artiguistas y fundada por el héroe oriental en 1815.
Luego de mucha discusiones, idas y venidas, la investigación está ahora a cargo de la Comisión de Patrimonio de la Nación, que luego deberá informar al Parlamento. Allí se encuentra un proyecto de ley que ya comenzó su trámite, por el cual se declara monumento histórico a los padrones 4980 y 4983 de Paysandú, parte de la estancia de un privado, César Gutiérrez.
La comisión ya firmó un acuerdo con la Facultad de Humanidades para que ésta se encargue de la investigación, pero se necesitan 15.000 dólares para realizarla, explicó el presidente de Patrimonio, Jorge de Arteaga, suma con la que no se cuenta. Ahora la comisión analiza de qué otro proyecto derivar dinero para poder comenzar los estudios en la supuesta Purificación.
Todo el tema ha estado rodeado de gran polémica porque varios expertos, entre los cuales se cuenta Jorge Femenías, director del Museo Arqueológico de Canelones, Jorge Baeza, del departamento de Arqueología de Humanidades y el historiador Aníbal Barrios Pintos, confirman que definitivamente allí estaba Purificación. Para eso se basan en documentos cartográficos de diferentes épocas, así como en fotografías tomadas en la década de los 60 y de los 80.
Un nuevo estudio fotográfico fue realizado hace poco más de un mes, por la Fuerza Aérea Uruguaya; este incluyó fotos con película infrarroja. "El análisis de esta imágenes demuestra sin dudas que Purificación estaba donde hoy está el casco de la estancia. Parte del casco lo conforma lo que fue la vieja azotea de Artigas". Se llamaba "azotea" a una casa de material de dos plantas.
Las fotografías también muestran parte de los que fueron las defensas de Purificación, dijo Femenías. El experto aclaró que todo esto debe "comprobarse en el lugar", para lo cual se necesita el permiso de los propietarios, una orden judicial o una expropiación, que sólo podría hacerse luego de una declaración del lugar como Monumento Nacional.
El Ministerio de Educación y la Comisión de Patrimonio, por su parte, consideran que las investigaciones hasta ahora realizadas no excluyen ninguna hipótesis de una ubicación alternativa de Purificación, por lo que recomiendan más estudios exhaustivos.
El patrimonio
Para el arquéologo Antonio Lezama el criterio de gestión del patrimonio ha cambiado, así como la conciencia de la necesidad de preservarlo. A pesar de ésto, Lezama también considera que se hacen "desastres muy grandes como en el teatro Solís, en el que se ha hecho una enorme excavación en un área que era clave para el pasado colonial, pero en ningún momento se pidió el asesoramiento de un arqueólogo".
Al contrario, cuando se realizaron las excavaciones para el gasoducto Cruz del Sur, el departamento de Arqueología de Humanidades fue contratado para investigar vestigios de otras épocas. La diferencia es que éste era un proyecto internacional, que está sujeto a normas de protección del patrimonio más estrictas.