"Ya no hay más tiempo para perder"

| "Sin la distribución de todas las facturas oficiales, el Correo no tendrá futuro y el gobierno, con el dinero de los contribuyentes, continuará dilapidando cada año recursos"

ADVERTENCIA. Osta: es necesario que el gobierno adjudique al Correo la distribución de las facturas 300x296
ADVERTENCIA. Osta: es necesario que el gobierno adjudique al Correo la distribución de las facturas

El vicepresidente del Correo, Gustavo Osta, sostuvo que el organismo "ha hecho todos sus deberes" y se ha manejado "con la austeridad, la imaginación y el espíritu empresarial" reclamados por el presidente Jorge Batlle, pero advirtió que si el primer mandatario "sigue demorando" la decisión de asignar a la empresa postal la distribución de todas las facturas del Estado, la misma "no tendrá futuro" y el gobierno "continuará dilapidando cada año recursos para subsidiar a una empresa, a la que se estará condenando a muerte".

En una entrevista con El País, Osta —que en enero de 2002 propuso concentrar en el Correo la distribución de las facturas oficiales para eliminar el subsidio con que el Estado mantenía en funcionamiento al organismo— dijo desconocer los motivos por los que la decisión gubernamental, que a mediados del pasado año parecía tomada, se dilató.

"Lanzamos la idea y el Directorio en pleno del Correo le dio su apoyo. (...) En febrero de 2002, el propio presidente Batlle defendió la iniciativa durante una cadena de radio y televisión, y a mediados de año hizo lo propio durante una cumbre gubernamental en Suárez. Y el propio ministro (Alejandro) Atchugarry está de acuerdo con asignar al Correo la distribución de las facturas públicas. ¿Qué es lo que falta? Que el presidente Batlle dé la orden. Y que lo haga antes de que sea demasiado tarde, porque se ha perdido mucho tiempo y porque ya no hay más tiempo para perder", sostuvo Osta.

—Hace trece meses, usted advirtió en El País que varias empresas públicas habían montado sus propias estructuras de distribución de correspondencia para entregar las facturas oficiales y propuso eliminar esa duplicación de tareas, concentrando el servicio en el Correo y generando las condiciones para que la empresa dejara de recibir un millonario subsidio del Estado. Pasó más de un año y la idea, que generó controversia pero pareció tener el apoyo del presidente Jorge Batlle, todavía no se reflejó en una orden expresa del primer mandatario. ¿A qué atribuye esta demora?

—No lo sé. En aquel momento, y después de analizar cuidadosamente el tema lanzamos la idea. Estimamos que ese era el momento propicio, y el Directorio en pleno del Correo le dio su apoyo. Y lo mismo hicieron los trabajadores postales, porque comprendieron que lo que estaba en juego era, ni más ni menos, la viabilidad de la empresa y la estabilidad de buena parte de su fuente laboral. Y en febrero de 2002, el propio presidente Batlle defendió la iniciativa en una cadena de radio y televisión, y a mediados de año hizo lo propio en una cumbre gubernamental en Suárez. Y el propio ministro (Alejandro) Atchugarry está de acuerdo. ¿Qué falta? Que el presidente dé la orden, porque tiene las herramientas jurídicas para hacerlo. Y que lo haga antes de que sea demasiado tarde, porque se ha perdido mucho tiempo y ya no hay más tiempo para perder.

—¿Por qué lo dice?

—Porque es así. Porque en un país donde no sobran los recursos, el Estado —todos los uruguayos— no puede estar volcando anualmente unos 160 millones de pesos a subsidiar una empresa a la que ese mismo Estado no le da herramientas para competir. Y 160 millones es mucho dinero. Con esos recursos el Estado podría, por ejemplo, comprar 18 millones de litros de leche anuales para alimentar a los niños que provienen de familias carenciadas. O pagar cada año 160 mil sueldos mínimos, para asistir a los que no encuentran empleo y no tienen para darle de comer a su familia. O hacer viviendas para jubilados, o levantar escuelas rurales, o pagarle mejor a policías y maestros. ¿Es posible que, pudiendo eliminar un subsidio que nos sale tan caro a todos, y que podría mejorar la calidad de vida a muchos, se siga demorando la orden para que el Correo concentre la distribución de las facturas oficiales de Ute, Antel, Ose y el Banco de Seguros del Estado? Creo que no, que cada día que perdemos nos cuesta demasiado. Y al Correo lo pone al borde de la inviabilidad.

—¿Por qué piensa que el presidente, que defendió esa iniciativa incluso públicamente, tarda tanto en implementarla?

—No lo sé. Lo que sí sé es que el presidente sigue demorando una resolución en la que le va la vida al Correo. Porque una cosa está clara. Sin la distribución de todas las facturas oficiales, el Correo no tendrá futuro y el gobierno, con el dinero de los contribuyentes, continuará dilapidando cada año recursos para subsidiar a una empresa, a la que se estará condenando a muerte.

—¿Pero hizo el Correo todo lo que estaba a su alcance para ser una empresa viable o se limitó a aguardar que el Ejecutivo le concediera la distribución de las facturas oficiales?

—No nos sentamos a esperar. El Correo ha hecho todos sus deberes y se ha manejado, desde asumimos en mayo de 2001, con la austeridad, la imaginación y el espíritu empresarial que siempre proclamó el presidente Batlle. Bajamos drásticamente las horas extras del personal y los viáticos de todos, en especial de los directores y gerentes. Y se terminaron los viajes al exterior, y los cambios de flota de vehículos, y la publicidad, y los gastos excesivos en teléfono y en celulares. Acá se cortó en serio, porque se apostó a la eficiencia y al profesionalismo, para preparar a la empresa para competir. Pero no sólo cortamos gastos: salimos a generar ingresos y a expandir nuestro negocio. Por eso hicimos un acuerdo estratégico histórico con el Correo alemán, el segundo correo del mundo. Por eso desarrollamos fuertemente el área logística, y por eso el Correo hoy paga jubilaciones y cobra facturas de Ose, Antel, UTE y el Banco de Seguros del Estado. Porque entendimos que la misión de un correo moderno es ser vínculo entre las personas y las empresas. Y por eso también hicimos un gran esfuerzo, y lo seguimos haciendo, para bajar el número de funcionarios del Correo. En 1996 la empresa tenía 2.600 empleados. En mayo de 2001, cuando asumimos, más de 2.100. Hoy tiene unos 1.920 y trabajamos en un programa de excedencias que acordamos con el gremio, y que nos debe llevar a bajar el número de funcionarios a los 1.600 o 1.500. Y cuando lo logremos, vamos a manejar 70 millones de envíos con 1.600 o 1.500 empleados, cuando en 1996 manejábamos 10 millones de envíos con 2.600 empleados. ¿No es lo que se nos pidió? ¿Qué se espera para reconocerle al Correo su competencia natural para distribuir las facturas públicas?

—¿Y eso no fue suficiente para hacer al Correo rentable?

—No. El Correo, para operar, necesita del subsidio de 160 millones de pesos que el Estado aporta anualmente. Sin esos recursos, se muere.

—¿Y qué cambiaría si el presidente ordenara concentrar en el Correo la distribución de las facturas oficiales?

—Todo. Las facturas públicas son un mercado de entre 35 y 40 millones de envíos anuales, e ingresos de entre 160 y 170 millones de pesos. Con esos recursos, el Correo no tendría que recibir un subsidio del Estado, y la sociedad podría destinar esos recursos a problemas más urgentes.

—En círculos oficiales se afirma que el ministro de Economía, Alejandro Atchugarry, sería partidario de asignar al Correo la distribución de las facturas públicas, pero que reclamaría un cambio gradual. ¿Estarían dispuestos a hacerlo de ese modo?

—No sólo estamos dispuestos, sino que elaboramos con nuestros técnicos un plan de ocho meses que traslada gradualmente la tarea al Correo, de modo de que el traspaso se realice de la forma menos traumática posible para todos.

—También se sostiene que Atchugarry sería partidario de que el Correo negociara individualmente con Ute, Antel y Ose la forma en que asumiría la distribución de las facturas oficiales, los plazos y términos. ¿Le parece el mecanismo adecuado?

—No. No descarto camino, pero estoy convencido de que no se debe dejar un tema tan importante, en el que están en juego los recursos de la sociedad uruguaya y el futuro de una empresa como el Correo, librado únicamente a la negociación bilateral. Es el Ejecutivo el que debe laudar. Y debe hacerlo rápido, porque ya hemos perdido mucho tiempo.

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